Trazos

EDGAR SANCHEZ ENTRE LA PIEL Y EL TIEMPO (1975-2000)

Nada humano le es ajeno

Las figuras que hallan cuerpo en la muestra pictórica "Piel sobre piel. Tiempo sobre tiempo. Antológica de Edgar Sánchez", que ocupa actualmente la Sala 1 del MBA, están llamadas a rescatar el espacio del hombre en el mundo. Sánchez busca -a juicio de Marta de la Vega- "retratar una humanidad presente (…) desde una fantasía nutrida de mitos imaginarios y leyendas", a través de fragmentos
de rostros o de cuerpos que no remitena referente alguno: seres no identificables,
mas que dicen de la solidaridad del artista



Foto: Carlos Sánchez
Sabana Grande frente al espejo, 1998


En el espléndido espacio de la Sala 1 del Museo de Bellas Artes de Caracas, una muestra antológica de su trabajo pictórico pone de manifiesto el centro de su preocupación existencial y el sentido de su propuesta estética: "la pintura como necesidad de decir la cultura", en las palabras de María Elena Ramos, y, anclada en el drama humano, una de las vertientes expresionistas de la nueva figuración crítica. Esta busca retratar una humanidad presente, cruzada de transparencias y trazas de luz, en claroscuro, desde una fantasía nutrida de mitos imaginarios y leyendas, envuelta en una atmósfera onírica, las líneas y el color tejidos con mucha porosidad, con huellas esponjosas de malvas y ocres, o de rojos, marrones y amarillos irritantes, o de veladuras de sepias, azules y verdes nostálgicos, en urdimbre envolvente o con una rugosa opacidad, dentro de espacios cerrados u opresivos, como en su primera etapa, entre tramas reticuláreas o texturadas de un fondo denso o vacío, metálico o abultado, como los de su segunda etapa, o en su etapa más reciente, desde el paisaje urbano, desde las rurales reminiscencias luminosas del espectacular cielo de montañas y arideces del paisaje natal del artista, o desde el espejo quieto de un paisaje acuático, de puerto o río.

Son seres inidentificados, de figuras a cuerpo entero, como en La espera; a medio cuerpo, como en Sabana Grande frente al espejo; o fragmentadas, como en Piel y Paisaje VIII; de macroscópicos paisajes de piel, como en Piel y Paisaje IV; incompletos los rostros, rasgados y cosidos, como en Rostro o Incertidumbre III; o sin rasgos faciales en cuerpos completos impresos a tinta en el lienzo, como en esa ronda de la incomunicación, del anonimato compartido que evoca el ruido sordo de las sociedades urbanas de consumo masivo, pintada en Diálogo nocturno (1978), premio Pérez Mujica del Salón Michelena y uno de sus últimos óleos, antes de abandonar este medio a favor del acrílico.

Se trata de personas que no pueden ser identificadas, de seres cuyos rostros no remiten a referentes objetivos, o de fragmentos agigantados de un pedacito de rostro o cuerpo, a pesar de lo cual transmiten una poderosa fuerza expresiva e intensos significados emocionales, desde la polisemia y la pluralidad de interpretaciones que ofrece el arte.

Su esfuerzo creador se dirige al rescate de un modo del saber puramente humano, basado en una filosofía natural, sin teología, como en el Humanismo que, anota Giner, desde el Renacimiento inaugura cambios profundos de valores, la vuelta al individualismo y una nueva mentalidad en la que el concepto de virtù cambia en un sentido subjetivo. Con la adopción de una actitud "adogmática" frente a la naturaleza y a las leyes, se impone, en sentido pleno, la humanitas contra la nobilitas; frente al status de la nobleza, heredado, surge el status de los habitantes de las villas, y la posibilidad, a partir del esfuerzo propio, de alcanzar la excelencia, de trascender. Y tal sentido de trascendencia es el reto que se ha impuesto el pintor, en un proceso de evolución sin rupturas, en el que, como certeramente señala Federica Palomero, "sabe ser otro, siendo el mismo… Va guardando y va dejando. Y va agregando".

Se trata de un humanismo desolado, cuya expresión, en la célebre sentencia de Terencio: "Soy hombre: nada de lo que es humano me es ajeno", queda plasmada a través de una técnica impecable, que combina las formas con los colores, fríos, cálidamente brillantes, fosforescentes, en contrastes complementarios, en una síntesis equilibrada y asimétrica que relaciona y armoniza todos los elementos del cuadro, para "decir" visualmente de la solidaridad, del sufrimiento, de la soledad, de la nostalgia, del anonimato, del misterio y la distante ausencia de las mujeres y los hombres que pueblan sus retratos imaginarios. Seres herméticos, como ensimismados, a la vez serenos, inquietantes y enigmáticos. La figura humana, un leitmotiv que atraviesa bocetos, dibujos y pinturas, a través de múltiples variaciones, es el eje de un humanismo que en las sociedades de masa contemporáneas no apunta al hombre abstracto sino a los seres concretos, como "el hombre sin cualidades" de Robert Musil, que habitan espacios urbanos y recorren, en la fugacidad del tiempo, sin consuelo ni pausa, codo a codo y sin embargo extraños, los paisajes de cemento, de calles colmadas de gente, de vehículos, de edificios amontonados y erizados contra el fondo plano y recortado de un cielo denso de nubes amarillas o tonos de antaño.

El mismo tema, reiterado, de la inmensidad del aislamiento entre los hombres y a la vez de la necesidad del encuentro, de la angustia del hombre, de su vacío, de la impávida quietud de trágicos personajes antiguos o de hieráticas damas del Renacimiento. Sánchez es un maestro. Un mago de la imagen, que convierte un fragmento de piel en territorio cósmico, un rostro en desolado espacio reticuláreo, mirada y labios en enigmática sonrisa leonardesca, cargadas nubes marrones y verdes en protagonistas, un desierto en infancia recuperada, expresada en signos o volúmenes abstractos. Imprescindible ver y conmoverse con esta celebración pictórica del hombre ante su propia sed de trascendencia, como abismo, como lo insondable, como fuerza serena, como ímpetu, como esperanza de llegar a ser lo que se es.

Marta de la Vega. Ensayista



Fotos: Carlos Germán Rojas
Fragmentos, 1978

N° 73 Aņo III
Caracas, sábado 23 de septiembre de 2000
 
 

El último alegorista
(Rafael Castillo Zapata)

 
Apuntes
El lugar radiante
(Igor Barreto)

Reseña
Tío Veneno
(Isaac Chocrón)

 

Trazos
Nada humano le hes ajeno
(Marta de la Vega)

 

Libros, Lecturas y Lectores
Un cambio de sensibilidad
(Mercedes Roffé)

Borges como profesor
(Fernando Báez)

 
 

 

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