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Apuntes
Pánico
y tristeza en alta mar
Cuando el escritor
Benedito Ruy Barboza elige la versión instrumental de E lucevan
le stelle, del drama operático Tosca, de Puccini,
como fondo para el sufriente semblante de Juliana, la heroína de
su telenovela Terra Nostra, suscita un acontecimiento estético,
al que Alí Rondón considera "una muestra elocuente, sin embargo,
de hasta qué punto estamos dispuestos a leer en la telenovela brasileña
momentos memorables en los que el libreto y la dirección convergen
en su fascinación por la humanidad"

Foto: Archivo
El dolor así en la ópera Tosca
como en la telenovela Terra Nostra
A
Margot Parés Reyna
A
veces resulta impagable ser un neófito, un lego en cualquiera
de los saberes que para otros son campo trillado. La primera vez
que se llora en una ópera, por ejemplo, o se siente un estremecimiento
frente a una obra de arte, se atesora una vivencia inestimable.
El viento de
Salamina aún frunce las ropas de la Victoria de Samotracia
para quien sepa situarse frente a ella en su lugar del Museo
del Louvre. Así como también hay quien asegura haber
visto salir bocanadas de humo de la Mujer con cigarrillo
de Botero expuesta en la Piazza della Signoria en Florencia.
Algo parecido
experimentamos durante la transmisión del segundo capítulo
de Terra Nostra aquí en Venezuela, concretamente nos
referimos al momento en que fueron arrojados al mar los cadáveres
de Julio y Anna, progenitores de la heroína en la telenovela
original de Benedito Ruy Barboza. Lo sorprendente de nuestra
reflexión surgió cuando oímos E lucevan
le stelle en versión instrumental como fondo al semblante
débil y lloroso de Juliana. Todo el dolor del mundo se adivinaba
en aquellos ojos azules tan bellos y tan llenos de tristeza ante
semejante pérdida. Con igual pericia la cámara de
Jayme Monjardim nos entregó la serena objetividad
y estoica aceptación de la transitoriedad humana en las facciones
surcadas por miles de arrugas en los demás italianos que,
al igual que su familia, viajaban en tercera clase de Génova
a Brasil. Una muestra elocuente, sin embargo, de hasta qué
punto estamos dispuestos a leer en la telenovela brasileña
momentos memorables en los que el libreto y la dirección
convergen en su fascinación por la humanidad.
Si todo arte
es fundamentalmente la traducción de una experiencia cotidiana
en algo más sublime, concluiremos entonces que lo que confiere
al pasaje anterior el rango de instancia dramática fueron
esos dos bultos lanzados al océano en cámara lenta,
el primerísimo plano al rostro compungido de la actriz Ana
Paula Arosio y las notas del aria de tenor más famosa
del acto III en Tosca de Puccini. Sólo que
esta vez no vimos el Castillo de Sant'Angelo en Roma, donde el pintor
Cavaradosi ha sido conducido minutos antes de su ejecución.
Consciente de que el tiempo apremia, el artista prepara su esquela
de despedida para su amada Tosca, quien irrumpe en el lugar mostrándole
al prisionero los salvoconductos firmados por el jefe de policía:
el fusilamiento será una farsa, pues le dispararán
con balas de salva y posteriormente ambos podrán huir juntos.
Cuando el pelotón se retira, Tosca intenta reanimar al enamorado
y descubre con horror su cuerpo ensangrentado. Se oyen los gritos
de alarma, porque la guardia encontró al barón Scarpia
asesinado en su despacho. Antes que caer prisionera, Tosca se lanza
al vacío desde las murallas de la fortaleza. Esa súbita
salida coincide con la caída de la masa orquestal y los acordes
finales de E lucevan le stelle. Pero, repetimos, nada de
esto ocurrió en Terra Nostra. Juliana ha asistido
desolada y contrita a decir adiós a sus padres quienes sucumbieron
a la plaga y ahora la dejan sola en el mundo, ignorante de su destino.
La música seleccionada por Mariozinho Rocha responde
a la perfección. Hay momentos en los que languidece, sobre
todo cuando entra en acción la melancolía y los instrumentos
solistas, con tempo lento, hacen su exploración de las emociones.
La impresión dominante en el video después de que
la huérfana se retira a llorar su desgracia a solas es, invariablemente,
la de haber sido vapuleados por el volumen, el peso y el ritmo del
finale. La música ha hecho de la escena algo mucho
más conmovedor. Expresa la alternancia entre la vulnerabilidad
y voluptuosidad de estilo para una soprano -en este caso Juliana-
y el respaldo convincente, encendido de la orquesta.
Y así
como en Tosca el tenor resumía en su despedida el
dolor inconsolable e incontenible de su amor frustrado con melodía
desoladora, también el corazón de Mateo (Thiago
Lacerda) arderá en cenizas en Terra Nostra.
Y ahora, a
riesgo de sonar aburrido, sólo queda esbozar una última
idea. Haber adaptado la música de Puccini -compuesta
para el libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe
Giacosa basado en la obra homónima de Victorien Sardou-
como acompañamiento a una situación límite
en una telenovela brasileña no subvierte la tradición
en modo alguno. Es el resultado de un estudio exhaustivo tras el
que poco importa enterarnos de que Tosca se estrenó en Roma
en el año 1900, o sea veinticinco años después
de lo acontecido al comienzo de Terra Nostra. Lo que cuenta
es que erudición e imaginación fueron la alquimia
que hizo del acontecimiento musical algo más apasionante
a nivel televisivo. Y aunque el ropaje final de la escena del éxodo
en alta mar sea puro e inmaculado, ningún espectador pondrá
en duda que fue tejido a base de sudor y lágrimas, de pánico
y tristeza, de cuanto nos hace irremediablemente humanos. Hasta
aquí lo que viéramos desde nuestra privilegiada "habitación
con vistas" por la que tanto suspiraron los protagonistas en
la novela de E.M. Forster para contemplar las maravillas
que los artistas legan a la posteridad. Una panorámica de
inmenso valor iconográfico, una vivencia que no tiene precio,
como dijéramos al comienzo de estas líneas.
Alí
E. Rondón. Ensayista y crítico de cine
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