Creación

UNA VOZ NUEVA, PUNZANTE COMO UN BISTURI

Damaris Calderón, aire y asfixia

Así, como capaz de vuelo y de contención, de irrumpir con rarezas,
de dominar el oficio "sin la menor ostentación: clasicidad áurea bien asimilada, modernidad difuminada", la califica uno de los maestros de la poesía hispanoamericana, Gonzalo Rojas. Apenas
pisó sobre la página, Damaris Calderón (1967) se percató de cuánto necesita hablar
el pájaro, un pájaro que "vino con la cabeza vendada", el que se posaba sobre
las manos de Emily Dickinson, y que conduce a esta poeta cubana,
que optó por vivir en Chile, a "la casa del miedo" y hasta "la casa sin sueño", títulos
de dos de los textos que nos lega en su más reciente y premiado poemario Sílabas. Ecce Homo


Foto: De: Sílabas. Ecce Homo / Editorial Universitaria, Chile 2000
Damaris Calderón

Cielo boca abajo

No,
el cielo no se tiende
como un paciente
anestesiado
sobre la mesa
El paciente
en su camilla
anestesiado de sí mismo
no mira al cielo
espera
el corte
el bisturí
que haga saltar al potro de su infancia
y las canciones natales que volverán
con las agujas hipodérmicas.

 

 

Sílabas. Ecce Homo

Hablar del pájaro parlante
parlanchín posado en una rama
cantando (como diría Juan Luis Martínez)
en pajarístico.
Y el hombre es una lápida
un cuarto oscuro, una silla vacía
y una lámpara.
El que se aproxima a la lámpara
puede encontrar una salida
(o la ilusión de una salida).
¿Hay salida posible hacia afuera
o toda salida es hacia adentro,
hacia el reino de la raíz?
Hundirse como Virginia Woolf
con los bolsillos llenos de piedras en el río.
He ahí la verdadera ganancia.
Lo que no alcanzan los nadadores de superficie.

El optimismo es una bandera a media asta
pero ostentada con júbilo.
Un consuelo o un autoconsuelo:
"Yo me levanté de mi cadáver y fui en busca de quien soy".

Como el cirujano corta,
las sílabas se parten.
Carne de la escisión,
escisión de la carne.

Un pájaro vino con la cabeza vendada
una esquirla de la tercera guerra mundial
Apollinaire cantando en una jaula
los tetradragmas de oro de Ezra Pound.

Como la liebre en el soto,
la palabra en el lenguaje.
La angustia salta el perímetro
y echa a correr por las azoteas.

 

 

Emily Dickinson

Lo que no alcanzan
las avaras sílabas
la borracha de sol
cuenta a sus puertas.

El gusano roído por el fruto.

Lo que no alcanzan
las avaras sílabas,
el pájaro de Amherst
el tordo de Nueva Inglaterra.

La mano
pródiga
-como una herida-
se abre.

 

 

En la casa sin sueño

¡Hay que rezar por la casa sin sueño!
¡Y rezar por el fuego en la ventana!

Marina Tsvietáieva

En la casa sin sueño
el jadeo de un pecho
puede simular
la respiración de una hoja
que se pudrirá contra la ventana
como una noticia venida de lejos
cuando ya no hay tiempo.

 

 

En la casa del miedo

En el hueco
de la mano
como un pájaro
el miedo hace
su pequeño nido.

Y el soplo del pánico
no purifica.

 

 

Suceso

No
pudieron
doblegar
la camisa
esquizofrénica
en donde
(loca)
brotó la flor.


Foto: El sembrador / Vincent van Gogh

 

 

 

N° 3 Aņo IV
Caracas, sábado 21 de octubre de 2000
 
 
 
Apuntes
Latinidad, lengua y belleza
(Gerardo Cavalcanti)
 

Tributo
Kitsch Cabrujas
(Diego Casasnovas)

 
 
 

 

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