DESTERRADO
DE LA HISTORIA CUBANA, NATURALIZADO EN LA PALABRA MAS SENSORIAL
Heberto Padilla yace "Fuera
del juego"
La coherencia
y el propósito de su obra se traslucen en los nombres que
otorgó
a sus libros: En mi jardín pastan los héroes, La
mala memoria y, entre otros, el ya emblemático
Fuera del juego que lo llevase a la cárcel y luego
al exilio, suscitando un candente debate ideológico. Mas
la apuesta de Heberto Padilla (Cuba 1932 / Alabama 2000) no refería
un discurso político ni limitaba el rango de la poesía
al de la "belleza verbal".
"Mis versos son planteados como problema: el espanto, el amor,
el odio, lo inaudito",
revelaría a Edmundo Bracho durante la conversación
que sigue

Foto: Vasco Szinetar
"¿Y por qué ha de haber una
literatura revolucionaria?", se preguntaba Heberto Padilla
Desde
sus primeras líneas, Heberto Padilla supo interpretar
las trampas que la historia -y más todavía, la Historia-
ha tendido al hombre. El poemario Fuera del juego, publicado
en 1968, donde transparenta ese ímpetu creativo que lo arrojó,
según interpretación oficialista, a la disidencia
social, resultó en la detención del poeta por parte
del gobierno cubano. Al rato habría de provocar la reacción
de rechazo de escritores e intelectuales mundialmente reconocidos,
quienes hasta entonces habían apoyado al régimen estatal.
Los versos ahí presentados, y el desenlace de su recital
en Cuba, que se dio a conocer como el caso Padilla,
indicó una escisión entre la posibilidad política
de una revolución y la imposibilidad de libre expresión
que imponía. El lenguaje preciso, constructor, inmediato,
vivificador de Padilla, desde entonces y para siempre rasgo
de su trazo, fue pronunciando una voz doliente, aunque siempre trazada
sobre un horizonte esperanzador.
Hijo del occidente
de la isla, nacido en 1932 sobre tierras de altura y de cielos variables,
Padilla en adultez tuvo que transitar entre los nubarrones
del exilio. España, México, Estados Unidos. Sus momentos
de luz, sucinta y directa, llegaban con la práctica de la
difícil sencillez en el decir. Con la fuerza de lo real,
y desde una justa ironía, en poemarios como Por el momento
(1970) Provocaciones (1971), El hombre junto al mar
(1981), Una fuente, una casa de piedra (1992), Padilla
descifró, como pocos escritores en nuestra lengua, el
lugar del poeta entre los desterrados de la Historia, parias sólo
fuera de la palabra. Ahora tiene todo lo ancho de la noche -no más
cielos cambiantes- y la historia le es asunto baladí.
Venenos
«El caso Padilla fue producto de un ensañamiento.
Luego me procesaron y me mandaron preso y hasta interno a un hospital.
Estaba viviendo con un país al cuello. Yo me lo he ido quitando
lentamente. Ese caso se me parece al del Tylenol: medicamento del
cual la gente decía que envenenaba, y luego se acostumbrarían
de nuevo a él, a su valor analgésico. Ya la gente
se ha acostumbrado a que yo escribo, sólo escribo. Fuera
del juego es un libro de poemas que obtuvo el Premio Nacional
de Literatura de la Unión de Escritores de Cuba y que se
publicó en 1968. Contó con un jurado internacional
que dio un voto unánime. Pero hubo una reacción negativa
por parte de la Unión, que acusó al libro de ser antirrevolucionario.
Nunca lo escribí con ese ánimo, porque nunca hubiera
salido un libro bueno. Del rencor no puede salir nada bueno. Sólo
lo hice con un criterio distinto. Se trataba de la experiencia nueva
que había tenido en la Unión Soviética y en
los países socialistas donde viví. Allí aprendí
por primera vez que la poesía debía tener otra dimensión,
que reflejase una preocupación histórica a la vez
que creativa. Eso lo reflejé en ese libro y fui acusado».
Jardines
«Creo, como decía Jorge Luis Borges, que el
barroco es un estilo que pretende agotar todas las posibilidades
y que linda con su propia caricatura. El barroco no es ningún
destino de la lengua española. Decir que nuestra literatura
tiene que ir al barroco, que hay un mundo que aún no ha sido
nombrado, es una facilidad y un atrevimiento. Esa cargazón
verbal y adjetivación exagerada es la incapacidad para comunicar
algo
Lo barroco es la deformidad aberrada, por eso he dicho
que la Cuba de Castro es tan informe en su conducción social
y su política que termina por ser barroca, y yo he padecido
ese elemento amorfo. Lograron encerrarme en una cárcel. Y
mis carceleros no son más que el barroco, que es lo que yo
odio, que es lo amorfo y lo indefinido. Esa deformidad me puso en
la cárcel, esa deformidad que no tiene destino ni explicación.
Borges decía que él se crió en un jardín
simétrico; ahí aprendió la disciplina expresiva,
limpia, transparente. Yo no tuve esa suerte: a mí me encerraron
en un jardín barroco».
Nortes
«En una oportunidad, le pregunté a Jean-Paul Sartre
por sus gustos literarios. No me respondió directamente,
me dijo que le gustaban los escritores que escriben "bajo un
estado de ánimo ajeno". Eso me ayudó a entender
mi fascinación por la literatura escandinava. La balada,
el miedo nórdico, es algo que en nuestra infancia está
presente. El primer asombro de la vida humana es casi nórdico
porque hay los miedos, las brujas, las Parcas del norte. Alejo
Carpentier no escribe sobre los ciclones y las tormentas del
trópico porque no las siente, no las ve. El no refleja un
estado de ánimo propiamente caribeño. El se nutre
de otra literatura. Los extranjeros no saben cómo es una
tormenta tropical; nosotros sí, y también sabemos
cómo es una tormenta de nieve
Desde niño me
interesa la literatura de esos países. Y por el amor a esa
literatura es posible que busque esos paisajes también, pero
tal vez los deforme. Me gusta esa escritura nórdica porque
es muy sensorial. Ahí una palabra no se monta sobre otra,
es limpia».
Patrioterismos
«El que un novelista o un poeta se haga intérprete
político en sus libros lo pone en riesgo de escribir algo
mediocre. No sé si esa actitud "comprometida" o
moralista los reafirme como escritores porque casi nunca esos problemas
políticos van bien ligados a la inteligencia. No basta una
buena actitud moral o política para ser un buen escritor.
Eso es lo que pasa en América Latina: son muy moralistas
y se hacen llamar revolucionarios, pero su literatura es
muy mala. André Gide decía que muy pocas veces
con los buenos sentimientos se hace buena literatura. Y es verdad.
Las literaturas patrióticas no valen nada, toda la literatura
indigenista de América Latina es malísima. Tuvo que
venir otra literatura, más imaginativa: Borges, García
Márquez, Onetti, Mutis
».
Antropofagias
«En Cuba las generaciones literarias siempre han sido como
caníbales: se matan y comen unas a otras. A mí me
incluyeron en la primera generación revolucionaria. Querían
buscar un parecido con la situación de la revolución
soviética. Estaba una primera y una segunda y una tercera
generación de la revolución. Todo eso tenía
sólo un sentido político. Antón Arrufat dijo
que, de todos los libros que se publicaban en Cuba, el último
era siempre un libro pistola para matar a los otros libros. Es una
tendencia muy típica, sobre todo en la poesía. Los
poetas envejecen más rápido. Hoy nadie puede leer
a Núñez de Arce o a Campoamor, por ejemplo.
Son poetas que ya no dicen nada. Rubén Darío
es un gran poeta, pero ya no influye sobre la obra de nadie».
Credos
«La poesía debe ser, ante todo, comunicación.
La poesía no puede ser únicamente "belleza verbal",
debe plantear un problema. Mis versos son planteados como problema:
el espanto, el amor, el odio, lo inaudito
Creo que la poesía
es un lenguaje que no debe renunciar nunca a los intercambios comunes,
a la madera de la cual está hecha el día a día;
y con ello no me refiero a la poesía coloquialista, tan de
moda desde los años setenta en Latinoamérica, la cual
no sirve para nada. Creo en la poesía que no tiene a la palabra
como un fin en sí mismo, sino donde la palabra pueda ser
representatividad y transmita una emoción. La poesía
es, en un sentido, un proceso análogo a la música:
mientras que ésta es una desnaturalización y reorganización
de los sonidos, la poesía debe ser desnaturalización
y reorganización de la palabra. Hay que ser muy serio con
esto».
Samurais
«La dimensión y la ambición política
parecieran una constante entre escritores latinoamericanos: la mayoría,
si no son presidentes, aspiran serlo. Menos mal que en Latinoamérica
hay una casta de japoneses que se les atraviesa en el camino a algunos
novelistas de pretensiones políticas y, desde luego, les
da la posibilidad de que sean novelistas de nuevo, ¡porque
Mario Vargas Llosa es un gran novelista!».
Decorados
«En 1960, Alejo Carpentier me acusó de ser uno
de los principales responsables de que la literatura revolucionaria
cubana no haya surgido. Pero él tampoco pudo hacerlo. Escribió
un capítulo de una novela en 1959 donde quiso recrear la
visita de un revolucionario a una casa
Alejo empieza a describir
las cortinas, el piso, el decorado
Todo lo que describe es
la casa, no el revolucionario. Ese era su estilo. No terminó
la novela. No hay una literatura revolucionaria ¿Y por qué
ha de haber una literatura revolucionaria? ¿Qué cosa
es una literatura revolucionaria?, ¿la que exalta un proceso
político o la que realmente transforma sus propios medios
desde el interior? No puede ser literatura revolucionaria algo que
sea únicamente épico de una tal revolución.
Alejo no llegó a ver el fracaso de su ideología política.
Aunque él no era un comunista final, pero lo fue en su juventud,
como todo el mundo».
Culebrones
«Una vez le pregunté a Delia Fiallo, quien ha
desarrollado mucho la telenovelería: "¿Cómo
puedes escribir tanto?". Y ella me dijo: "Lees a Shakespeare
y tratas de escribir como él, ¡y te sale una telenovela
como Topacio!". Es como esa gente que quiere escribir
como Vallejo y le sale una canción popular
A
mí me gusta ese fenómeno de las telenovelas, me gusta
cómo ha tomado a España hasta alterar su Ministerio
de Cultura. Me parece que hay que buscar el mestizaje, la diversidad
del castellano, la realidad del lenguaje. Es muy importante esa
reconquista por la unidad de espíritu y por la diversidad,
así sea por la vía de las telenovelas. Yo me siento
muy contento cuando veo a esos españoles, que se mueven en
cierto círculo de la cultura, ponerse irritadísimos
ante esa invasión que no han podido contener. No hay nada
que puedan hacer».
Bongoceros
«En Cuba, la gente no quiere seguir en esa pesadilla que promueve
Castro, quiere escapar. Hay una frase que recuerdo siempre de Diderot:
"Hay un momento en que los pueblos no quieren reponerse ni
resistir, sino escapar". José Martí quiso
resistir, pero de un modo muy disparatado: era alguien tan enamorado
de su verdad, que llegó a decir que daría su vida
todos los días para impedir que Estados Unidos se extienda
por toda nuestra América. Vivió catorce años
en Estados Unidos y la frase famosa era: "He vivido en el monstruo
y le conozco sus entrañas". Martí era
lo que somos más o menos casi todos los cubanos: esa voluntad
de ser importante sin serlo. Un país tan de bongoceros, porque
es lo que mejor hacemos, tocar música. Aunque ya ni siquiera.
Ya los mejores soneros dejaron de ser cubanos. Sé que hay
un venezolano, Oscar D'León, que es un mejor sonero que cualquier
cubano».
Galimatías
"Para mí, debe haber una cosa física en la poesía,
una condición donde el único símbolo del objeto
es el objeto mismo. No hay nada más hermoso que una poesía
visual. Es decir, para mí la mejor poesía tiene siempre
en su interior un fondo de escena, que debe verse, una situación
que debe verse. Pero creo que la poesía latinoamericana,
en general, no siente a donde va; lo que hace es ensanchar un mundo
puramente oral, sonoro, acústico, donde no se dice nada».
Irrealidades
«Cuando empecé a escribir La mala memoria, más
que un exiliado, yo era un hombre feliz. No quería escribir
un libro sobre mi caso político, pero tenía que escribirlo.
La gente me lo pedía. De hecho, mucha gente quedó
insatisfecha con él. Querían escribir el libro que
yo no escribí. Querían una denuncia del totalitarismo
cubano, y eso lo puedo entender. Quien no conoce o no haya vivido
ese sistema político -y esto puede sonar vanidoso- no lo
puede entender. Para tener una idea de ese mundo hay que imaginar,
como decía Ortega y Gasset, que un día al abrir
la puerta de su casa, usted se encuentra con que la calle no está.
Toda puerta da a una calle, eso es algo que damos por sentado, es
una realidad que tenemos por irremplazable, pero en un régimen
como el cubano hasta eso se altera, la calle misma desaparece por
orden del Estado. Un día usted despierta y la calle no está
ahí».
Lunes
«Los años sesenta representan un gran momento de la
literatura cubana. Fueron los diez años más intensos
de mi vida, hasta que terminé en el exilio, como casi todos
los que conformaban ese núcleo literario e intelectual. Luego
vino el realismo socialista como panfleto, algo mediocre. Al comienzo
hubo escritores jóvenes que apoyaron la revolución,
e incluso los hubo mayores, como Virgilio Piñera o
Lezama Lima. Todos se nuclearon en torno al suplemento Lunes
de Revolución, que llegaba a un público vastísimo.
Fue un momento muy experimental, de mucha libertad. Estaba también
Nicolás Guillén, quien era un comunista más,
al estilo Rafael Alberti: poeta juglar que se preocupaba
por la ideología, pero que no tenía la claridad política
de un Bertolt Brecht, que sí sabía lo que estaba
haciendo políticamente. Creo que ninguno de los poetas latinoamericanos
ha tenido esa condición. Ninguno».
Antojos
«Para los cubanos, lo barroco es lo excelente. Ningún
orador en Cuba, salvo Fidel Castro, usó un lenguaje claro
y comunicativo. Todos han utilizado el barroco. Yo me sumé
a la revolución porque, en sus comienzos, era clara y directa,
no era barroca. Pero luego Fidel se hizo otro barroquista, se le
entronizaron en la cabeza esos vicios y se convirtió en un
gallego tozudo, en un moralista enfermo. De las cosas más
horribles de Cuba es su espíritu barroco
No sé,
a veces me pregunto si existe una Cuba profunda que yo desconozco,
porque la que conocí siempre fue horriblemente retórica
y barroca. Mantengo la esperanza de que eso cambie algún
día, que los escritores exiliados y dedicados podamos volver
a la isla a ser la expresión de un país plural, a
escribir poesía a quien se nos antoje y como se nos antoje».
Edmundo
Bracho. Periodista
Foto: Vasco Szinetar
Padilla: "La poesía debe ser, ante
todo, comunicación"
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4 Aņo IV
Caracas, sábado 28 de octubre de 2000
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