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Ardor
precipitado
Los músculos
ocultos de la realidad
van y vienen bajo su piel espesa,
apresurados por algún despropósito.
Una indómita angustia impulsa esa gimnasia,
una pujanza ríspida y malévola,
que nos va triturando y no nos deja
mantenernos al margen,
contemplando...
Querríamos
preparar el horizonte,
evitar esa estéril prontitud
del fervor dirigido, deliberado,
o de la acción gratuita, aún peor.
Pero una imantación ineludible
nos hace arder en la osada impaciencia.
Hay un requerimiento voraz de compromiso
que nos arroja a la fugacidad,
a la fabricación empecinada y rápida,
y nos impide quedar a fuego lento
como brasas discretas,
contemplando...
Límites
Trazando
lentas rayas, suspendidos
en vuelo displicente, los zamuros
surcan el recortado cielo del edificio,
sumidos en su búsqueda confusa.
Se asoman intrigados, pues divisan
nuestro diario cadáver incesante,
la muerte en bolsa plástica, la basura,
que así resume el breve desenfreno,
el logro desechable, la raída
esperanza que a todos nos impulsa.
Quizá
podamos, al mirar arriba,
sostener la mirada, vencer la repugnancia,
y alcanzar la medida indispensable
de magnanimidad para estos tiempos:
Aceptar agua de frescor vencido,
adoptar como patria el condominio,
y admitir que los zamuros, al volar,
determinan los límites del cielo.
Quizás ya no haya tiempo,
ya no haya tiempo para verme
Robert Desnos
El olvido no está completo
Y necesito todavía aprender a conocerme
Pierre Reverdy
Hoy me
crucé conmigo
viniendo de otra calle.
Había razones obvias para reconocerme.
Pero no fue tan fácil,
tan de primer vistazo:
Perplejo comprendí que no me eran familiares
completamente todos mis rasgos familiares.
Entonces los hallazgos repetidos
al levantarme apenas, quizás sean ficticios.
Pues es sabido bien que fantasea el espejo:
rara vez el reflejo es meramente fiel:
allí ve uno el ojo pero no la mirada.
¿Y qué decir de aquello que sólo podría
verse
por la espalda, o el fulgor o la rabia
que uno le expresa a otro,
pero nunca a sí mismo?
Es hora de empezar a dibujarme,
a dibujarme a diario, hora tras hora,
a ver si capto así, con insistencia,
el vago autorretrato de algún desconocido.
para
Edgar Rodríguez Larralde
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