Entrevista

Literatura y periodismo cultural

Para el escritor peruano Julio Ortega el periodismo cultural es un espacio
que lo rescata de la "mediocridad diaria en que nos ahogamos". Una actividad
que no puede ser confundida con la página social ni con la de espectáculos, aun cuando
deba pasar por la crítica del "modelo del exitismo comercial". Su función central
es "formar parte de la vida cotidiana" y dar cuenta de la "variedad genérica
del cambiante fenómeno literario", advierte
a la periodista Ana Marimón Driben


Foto: Enrique Hernández D' Jesús
Julio Ortega: "la crítica es parte de la literatura misma"


AMD: ¿Cuál cree usted que debe ser la función esencial del periodismo cultural: de difusión, divulgación, comentario, análisis, crítica, reflexión?

JO: Yo creo que su función central es formar parte de la vida cotidiana. Cuando abro temprano el diario espero que las páginas de cultura informen, sugieran, debatan el espacio de actualidad en el que pueda yo o cualquiera reconocerse como habitante de una ciudad vivible, la ciudad de la cultura, que es un mapa interno dentro de la ciudad deshumanizada donde todos sobrevivimos. En la ciudad cultural, en la urbe interna civilizada es donde respiramos y nos reconocemos como seres iguales y dignos de la imaginación de un mundo mejor. O al menos, más llevadero entre todos. De allí que el periodismo cultural sea una parte sensible de mi cotidianidad.

-Hay un punto que a mí me preocupa mucho en relación a este tema: ¿qué opina de un fenómeno que muchos han señalado como una proliferación del discurso secundario, del metatexto relacionado con la abundancia de páginas culturales?
-De cualquier forma, es mejor que abunden las páginas porque su carencia nos empobrecería a todos. Pero usted toca un punto sensible. Si esas páginas no hacen sino repetir las gacetillas oficiales o estatales, si sólo son caja de resonancia de lo más evidente, si no tienen imaginación para dar espacio a una mayor actividad, sobre todo de los más jóvenes, entonces, esas páginas sólo confirmarán la pobreza en que vivimos, y no ayudarán a superar el promedio de mediocridad diaria en que nos ahogamos si no hay un respiradero cultural donde tomar aliento para proseguir.

-¿Cuándo cree que la página cultural se vuelve excesiva, dañina? En el ensayo Presencias reales de George Steiner leí la siguiente frase: "Las mejores lecturas del arte son arte"… ¿qué opina de esta oración en el marco del periodismo cultural?
-Lo peor que le puede pasar al periodismo cultural es ser tributario de los poderes al uso, esto es, confirmar las jerarquías culturales establecidas. No recomiendo el parricidio, ni mucho menos, pero creo que una genuina actividad cultural debe pasar por la crítica del modelo dominante, que hoy día es el modelo del exitismo comercial. Un escritor no es mejor que otro porque venda más. Tampoco es peor. Lo malo es que los buenos escritores minoritarios, de pequeñas editoriales y revistas recónditas, hoy no tienen espacio en la prensa diaria. Esto es una aberración. El periodismo cultural no puede ser confundido con la página social ni con la página de espectáculos.

-¿Qué piensa de ese discutidísimo afán por establecer una jerarquía entre la crítica literaria; es decir, el ensayo, el comentario literario y la literatura misma?
-La crítica es parte de la literatura misma, cuando vale la pena. La crítica académica es muy valiosa, pues sostiene un ideal humanista de educación. Pero la crítica más actual es la literaria, aquella que forma parte del debate de las obras, de su sentido y su interpretación. Es una crítica pasajera pero también pasajera es la literatura. Hasta no hace mucho la literatura se asumía como destinada a la eternidad. Pero hoy sabemos que es la flor de un día. Al menos, la buena literatura, aquella que captura la magia fugaz del instante.

-¿Qué opina del llamado boom de la ruptura o disolución de los géneros del que tanto se habla desde hace algunas décadas?
-Los géneros son formatos, y por tanto formas cambiantes. Se sobreponen unos a otros, según las épocas. Hemos pasado del predominio de la poesía al de la novela y al de la crítica. También hay momentos breves de predominio de la traducción, y ciertamente del periodismo. En no pocos momentos toda la literatura ha pasado por el periodismo, desde Borges y Ortega y Gasset hasta Hemingway y García Márquez. Falta estudiar esta alternancia, contaminación, expansión genérica entre nosotros. Yo diría que nuestras vidas cambian según el predominio de una forma u otra del relato. En estos momentos, por ejemplo, yo mismo me siento más asistido por la biografía que por la crítica formal. Cada vez que tomo la palabra me brota un fragmento inopinado de mi propia experiencia.

-¿Qué papel jugaría el periodismo cultural en ese contexto?
-El periodismo cultural es la temperatura de la actualidad. Da cuenta de la variedad genérica del cambiante fenómeno literario. No necesita jerarquizar ni mucho menos valorar, pero su capacidad de atención es ya parte de la literatura misma, del debate de las formas en que disputamos nuestra pertenencia al presente. Yo mismo (ya ve, vuelvo a lo mío) estoy últimamente más memorioso y casi autorreferencial, y aunque no tengo una forma que recomendar sobre otra, me gusta creer que estas ideas, por ejemplo, coincidan con la inquietud de algún lector sobre lo actual. Esa coincidencia no me daría razón, pero sí un día más de discusión.

-¿Es posible hallar un punto conciliatorio entre la historicidad y la actualidad cultural?
-Sin duda, la historicidad es la conciencia de nuestra sensibilidad. No tendría sentido la historia sino como memoria actualizada. De otro modo sería un museo pacificado para turistas económicos. Nos importa más la actualidad que pretende durar, aunque no dure; que busca ir más allá de sus fuerzas, aunque no lo logre; que quiera decir más, aunque diga menos. Lo actual, siempre, nos excede. Y es bueno que, en ella, seamos todos fugaces.

-Quisiera que me hablara de la pasión por la actualidad, por lo efímero, ese aroma de la flor de un día, o sonido, en ocasiones entrañable, de los rodillos de una rotativa, en relación a dos ideas que usted arrojó sobre la mesa redonda sobre periodismo cultural en la editorial Siglo XXI de México: la conciencia del gusto y la noción del cambio en el marco del periodismo.

-El mejor periodismo es el que vive al día. Lleva por eso el perfume de la actualidad, ese instante de lo más vivo que no pretende la permanencia irrisoria sino la sensibilidad de la duración. Nada está más vivo que esa intensa, durable, pasajera paradoja de lo actual, donde vemos nuestra cara y escuchamos las voces de que estamos hechos. Por eso, el periodismo cultural debe dedicarse a lo nuevo, a aquello que no está aún consagrado por la tentación de los museos y los premios, por el mausoleo de las obras completas y la obscenidad del ego, y que aún disputa la belleza de lo perecedero. Esto es, la verdad del instante.

Ana Marimón Driben. Periodista / México

N° 5 Aņo IV
Caracas, sábado 04 de noviembre
de 2000
 
 
 
Entrevista
Julio Ortega
Literatura
y periodismo cultural

(Entrevistado por Ana Marimón Driben)

 

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