Reseña

"LOS TOPOS" DE EDUARDO LIENDO

Prisioneros de una utopía

Sin pretensión de esconder su carácter ficcional, Los topos, novela de Eduardo Liendo recientemente reeditada por Monte Avila, escribe el pasado venezolano. Un relato
que -a juicio de Sael Ibáñez- descubre a aquellos prisioneros, hombres de la guerrilla de los años sesenta que "arañaban el cuerpo de la tierra buscando vías" para su libertad;
texto que forja "un espacio literario para una historia de durezas y procacidades afincada en las entrañas de nuestro país, vale decir, en su memoria de pueblo"



Foto: Oswer Díaz Mireles
Liendo lleva un hecho histórico a la ficción

Al presente, cuando en nuestro país resurgen memorias del pasado, no podía faltar a la cita esta reedición de Los topos, novela de Eduardo Liendo publicada por primera vez el año 1975. ¿Dicha reedición significa un llamado de la historia o una exigencia del destino literario -gracias a su distinguida vigencia- del libro? Hablamos de un libro cuyo tema central es la guerrilla venezolana de los años sesenta: de hombres en prisión que, bajo la denominación de "topos", arañaban el cuerpo de la tierra buscando vías para alcanzar la libertad; hablamos de una novela cuya forma es absolutamente literaria. Un libro de aventuras de la mejor estirpe. Una aventura que no ocurre en el desplazamiento del padre de los ríos, el Mississippi, sino en las nobles montañas venezolanas y en una isla maldita, igualmente venezolana.

Los topos también es la historia de un aprisionamiento voluntario: el que instauran para sí los personajes o los hombres que sirvieron para forjarla. Pues al final, se trate de los que están en libertad física o de los que carecen de esa libertad, en el fondo ellos son prisioneros de una ideología, con todo y que esa ideología les prometa la última libertad, la requerida, cuyo ansia es impulsada por una utopía necesaria, plena de brillantez apolínea, por la imposibilidad misma.

Cabría pensar que esta novela pudo generar su propio riesgo, al resultar lógicamente intenso el impulso ideológico que alimenta su trama; que bien pudo tratarse de una agitada exposición de los principios de libertad y falta de libertad. Pero ese presumible escollo queda superado porque el libro desea por encima de todo ser ficción. El cuerpo de la anécdota, si bien arrastra hacia aspectos confesionales, testimoniales, prójimos de la literalidad histórica, inmediatamente es recubierto por un exuberante pulso literario mediante la descripción: la descripción en Liendo, aquí y ahora, resulta ser un gran elemento escritural que adorna de arte a este libro, le brinda fulgor ficticio a una historia de esplendor y derrota que fue el movimiento guerrillero en Venezuela.

Hemos sabido que Liendo, después de la escritura de Los topos (tal no constituye su primer trabajo de ficción como se ha tendido a pensar, el primero es El mago de la cara de vidrio, un éxito de ventas) luchó afanosamente para que la crítica oficiosa evitara la tentación de estigmatizarlo como un escritor testimonial. La manera de convencer a los lectores de que eso no era así, en todo caso, no consistió en explicaciones conceptuosas sino escribiendo otros libros de alta calidad literaria donde predominan la idea del doble, lo teatral, el rostro del poder y sus máscaras, la elección arquetípica de los temas, la ficción pura, como es el caso de Los platos del diablo. Y vale decir, si se quiere, que en Los topos, gracias a múltiples sutilezas narrativas y al sentido dramático, ya estaba anunciada formalmente Los platos del diablo.

Como novela, Los topos se construye desde un sostenido contrapunto técnico y temático. Es un contrapunto hecho de dos bloques solícitamente constituidos: capítulo a capítulo se alternan los temas de la prisión (que son prisiones) y de la guerrilla (auge y caída de la guerrilla), ofreciendo tal desplazamiento de alteridades un peculiar ritmo al libro. Ritmo que, a su vez, resulta fortalecido por otras polaridades que se encuentran, simultáneamente, en el montaje de la obra: ésta se desarrolla en todo momento sustentada por una estructurada dualidad. Siguiendo esa línea de pensamiento, uno de los pilares que sostienen la novela de Liendo está levantado sobre una oposición de tiempos psicológicos que lo cruza de comienzo a fin: cómo se conciben esos tiempos en la mente de los personajes libres y en la de los que permanecen prisioneros. El autor aprovecha dicha oposición para elaborar fluidas y enervantes imágenes literarias, que a veces requieren el auxilio conceptual y filosófico. Durante el desarrollo del libro el tiempo nunca será uno y el mismo, como no lo es, para afinar esta idea, el tiempo del amado y el tiempo del amante.

En la novela existe un narrador que cuenta en primera persona; después logra desdoblarse en un personaje de la misma, creando otra suerte de alternancia.

El ambiente narrativo, mientras se moviliza el libro, adquiere una doble naturaleza al ser rudo y sutil, según el caso. A este ambiente como tal lo impulsa corajudamente un animus, pero también lo suaviza delicadamente un anima. Liendo utiliza estos elementos también en contrapunto: viste de anima lo rudo y de animus lo sutil; como si de un diálogo entre eros y ágape se tratara. Entonces una férrea corriente homogénea se genera desde este diálogo, donde destaca una especie de dureza amaestrada. La más destacable fortaleza de la obra descansa en este potente flujo narrativo. A estas alturas de los tiempos, cuando Eduardo Liendo, en la medida que lo permite la dinámica de la industria editorial del país, ha alcanzado convertirse en un destacado escritor, resulta reconocible en su prosa algo ya anunciado en Los topos: y no es más que este autor venezolano ha sustentado su literatura en una enfebrecida y poderosa capacidad de narrar, no exenta de bondades técnicas y formales heredadas de los grandes escritores del siglo.

Existen otras fortalezas en este impreso dignas de ser destacadas. Detengámonos en ellas. La primera a considerar es el humor. Como bien se sabe, el humor en literatura constituye una de las esplendideces más difícil de lograr en su exacta esencia, difícil porque se trata de una especie de filo donde cualquier desvío lo puede convertir en mascarada panfletaria, en borderline negativo. En literatura no hay asunto peor que el humor forzado. Con Liendo adquiere desbordada fluidez y, de hecho, todos sus libros están saturados atmosféricamente por ese empuje humorístico. Incluso esta novela invadida de frustraciones y sinsabores, temáticamente hablando.

Otra fortaleza: Liendo convierte un hecho histórico que pudo correr el riesgo de ser meramente testimonial al tomar cuerpo de novela en un corpus decididamente ficticio, en un modelo literario del mismo. Y esto resulta así debido a que este autor, según hemos acotado anteriormente, tiene una alta capacidad para elegir temas arquetípicos al elaborar sus libros. Hagamos un paneo sobre su obra con el objeto de verificar esta afirmación: Los topos o el sueño de utopía, El mago de la cara de vidrio o la alienación televisiva, Si yo fuera Pedro Infante o el ídolo popular como alter ego del hombre común, Diario del enano o las máscaras del poder, Los platos del diablo o la envidia literaria, Mascarada o lo teatral en la condición humana, y por extensión la idea del doble.

The last but not the least, este libro aflora múltiples frases y situaciones ocurrentes que lo exaltan, abunda en parrafadas donde congenian la descripción intensa, el fervor de las palabras y una apreciable precisión conceptual, al estilo de ésta que habla del amor y su desbalance: ya no queda ni una brizna de amor. Apenas un recuerdo sin sueño. Todo pasa. Siempre ocurre así cuando muere el amor, nos parece que el disco que atesora nuestra mejor canción cae de nuestras manos y se estrella en pedazos, parece que nunca más escucharemos esa hechicera melodía, pero con el tiempo, en otro rostro, en otras manos, en otra voz, resucita el amor y volvemos a escuchar nuestra canción perfecta. Siempre es así.

Si bien esta última fortaleza será administrada asiduamente por Eduardo Liendo para levantar el universo de su obra literaria, en el caso de Los topos está instaurada para distraer al lector mientras lo guía hacia el legítimo propósito de la novela: forjar un espacio literario para una historia de durezas y procacidades afincada en las entrañas de nuestro país; vale decir, en su memoria de pueblo.

Sael Ibáñez. Escritor

 
N° 5 Aņo IV
Caracas, sábado 04 de noviembre
de 2000
 
 
 
Entrevista
Julio Ortega
Literatura
y periodismo cultural

(Entrevistado por Ana Marimón Driben)

 

Artes Plásticas
Gego: ese ir
y venir
entre la idea
y la forma...

(María Elena Ramos)

 
 
 
 

 

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