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Libros, Lecturas y Lectores
CARLOS
MONSIVAIS
Las
renovaciones del canon
Aires de familia
de Carlos Monsiváis, XXVIII Premio Anagrama de Ensayo, otorgado
el pasado mes de marzo, es una puesta en escena de "la esperanza
dentro
de la desesperanza" (en palabras del mismo autor). Un texto
que -a juicio de Carmen
Isabel Maracara- se ofrece como crítica a los modos de apropiación
cultural de América Latina y como una antología de
su literatura, que "recoloca" a aquellos poetas visionarios
que persiguen la libertad del espíritu y la confirmación
de su imaginario de nación

Foto: Lisbeth Salas-Soto
Carlos Monsiváis transita por la historia
de América Latina
"Versátil
y ubicuo prosista que se nos va de las manos dejándonos un
azufrado olor a mito", así define Adolfo Castañón
a Carlos Monsiváis. Tal es la sensación
que nos queda luego de leer Aires de familia, el último
libro del escritor mexicano, esta vez no de crónica, el género
al que con mayor frecuencia acude, sino un ensayo deudor a su vez
de los procedimientos interdiscursivos comunes en su obra. Es así
como Aires de familia nos hace transitar por la historia y motivos
de la cultura en América Latina, en un trazado en clave irónica
que no excluye las manifestaciones de lo popular. Mapa que articula
creación y sociedad; sociedades nacionales a sociedades globalizadas
en precario equilibrio ocasionado por "las mismas razones de
la desesperanza" -en tono del propio Monsiváis-;
migraciones culturales que han modificado la percepción de
masculino/femenino; sujetos excluidos o "incluidos"; lo
privado y lo público y, en este variado escenario, las "intromisiones"
-como las calificarían los apocalípticos- de los medios
masivos como la radio, la televisión y el cine, que han contribuido
en forma particular a esas migraciones a las que alude el escritor.
Como es habitual
en su obra, su análisis incluye el ámbito de las "resistencias
culturales", una visión que no deja de lado lo popular
y lo masivo, sin tampoco sucumbir a una postura celebratoria de
tales resistencias -no peca de ingenuidad y sabe hasta dónde
simplemente es el control de Televisa el que está al mando-,
pero, como afirma en este libro, "ante las devastaciones, algunas
certezas permanecen, todas ellas correspondientes a los grandes
cambios positivos. No las difundo ahora para no oponerme al esplendor
del pesimismo" (p. 180). Profeta militante del caos, oscila
al borde de la desesperanza y sin embargo como declaraba en Caracas
en 1998:
"Todavía
creo en el caos, pero sí estoy un tanto desesperanzado. El
desplome de la economía a la que se somete la mayoría
de las poblaciones no da mucho campo a la esperanza. Le da un campo
a la posibilidad de habitar animadamente la desesperanza. La frase
suena muy contradictoria, pero si no hay salidas, es preciso construir
dentro de ese panorama opresivo, gris, tétrico, violento,
que han generado los autoritarismos latinoamericanos, lo que queda
es construir espacios de resistencia; la esperanza dentro de la
desesperanza". ("Como periodista uno está atado
a la curiosidad". En: El Universal/La Brújula.
Caracas, Año 3, No. 116, p. 9).
A este "habitar
animadamente la desesperanza" le ha dedicado el cronista su
obra, siempre atento a los signos y procesos de cambio en América
Latina.
Es amplio el
ámbito de aplicación de este ensayo, no sólo
crítica a los modos de apropiación cultural sino también
antología posible de la literatura latinoamericana, que "recoloca"
a escritores o "profetas" en palabras del mismo escritor,
como Porfirio Barba Jacob, Antonio Plaza, Juan José Tablada,
Efrén Rebolledo, Alfonsina Storni, Julián del Casal,
José Guadalupe Posada, poetas todos que "combinan
dos augurios: la libertad por el espíritu (la cultura) y
el estreno de sensaciones y actitudes, el nouveau frisson
y la búsqueda de una plena occidentalización cultural"
(p. 181). Poetas visionarios que anticipan el registro de una sensorialidad
o sensualidad inédita y ocupan los espacios de la transgresión
verbal y existencial.
Aires de
familia también se nos ofrece como clave para acercarnos
a la obra del cronista mexicano, pues son justamente sus propios
"motivos" en los que se detiene para analizar a los otros
creadores. En su reflexión pareciera querer distanciarse
de los procedimientos narrativos de la modernidad y de las "modas"
que combinan las nociones de lo "híbrido", migraciones
y sujetos de los medios masivos o personajes, posición que
resulta paradójica, pues tales procedimientos circulan en
su obra. Quizás tal posición sea entonces un guiño
irónico a su condición de "autor", énfasis
que también cuestiona en sus propios escritos.
Además
de los capítulos sobre la "cultura letrada" y el
recorrido crítico por la historia de los medios y los cambios
que producen en nuestras sociedades (no olvida tampoco Internet),
el cronista se detiene en los procesos de creación de las
nacionalidades, la confirmación del imaginario de nación
en América Latina y a su lado el papel y transformación
de la figura del "héroe". Un capítulo: "¿Pero
hubo alguna vez once mil héroes? Si desenvainas, ¿por
qué no posas de una vez para el escultor?", muestra
la cronología del proceso y el desplazamiento de las figuras
patrias a los héroes deportivos o los sujetos de la cotidianidad,
que desempeñan ahora el papel otrora reservado a los "patriotas".
Cuestionamiento a su vez de la noción de heroísmo,
los nuevos "valientes" ya no son héroes, pues ya
no se asumen como "los guías de los redimibles"
y como ejemplo coloca al subcomandante Marcos, "opción
que incluye, porque las circunstancias lo exigen, el sentido del
humor y, entre otras innovaciones, la reivindicación de los
derechos de gays y lesbianas. El comportamiento es valorado, pero
el adjetivo conveniente ya no es lo heroico" (p. 105).
Así
habla del posheroísmo, reino del management, espacio
del neoliberalismo y la globalización donde el habla posible
a la que se remite a la "eficacia", puerilización
del pensamiento empresarial, según sus propias palabras.
A pesar de su distancia de estas formas del posheroísmo,
concluye: "a falta de héroes tendremos ciudadanos que
ejercen como tales, a fin de cuentas, lo fundamental" (p. 111).
En esa misma dirección, analiza la retórica de la
"postración colonizada", aquella que pregona sobre
la marginalidad cultural "eterna" de Latinoamérica,
a la que enfrenta con el proceso internacional de "difusión"
de la cultura y en casi ánimo optimista afirma: "La
cultura deja de ser lo que separa a las élites de las masas
y se vuelve, en teoría, el derecho de todos. Y se niega la
marginalidad cultural de América Latina, o por lo menos se
niega el carácter eterno de tal condición. Una minoría
muy activa revaloriza los esfuerzos pasados y presentes, y acepta
que es posible estar al día con actitud francamente internacional.
Cesan o disminuyen considerablemente las sensaciones de inferioridad
con respecto a los centros de conocimiento. Esto no provee automáticamente
de bibliotecas ni dota de infraestructura a la investigación
científica, pero sí corta de raíz las sensaciones
del aislacionismo" (p. 12).
Movimientos
de ida y de regreso, "esperanza dentro de la desesperanza",
la reflexión de Monsiváis contribuye de nuevo
a no separar lo que sólo ha desligado cierto canon: creación
y sociedad y, como contribución importante, la invitación
al abandono de la concepción de América Latina como
periferia cultural.
Aires de
familia obtuvo el XXVIII Premio Anagrama de Ensayo en marzo
del 2000. Carlos Monsiváis (México, 1938) es
responsable de una intensa actividad crítica y periodística
("sus páginas podrían saturar la autopista de
la información", sentenció Juan Villoro).
Entre sus obras figuran Días de guardar, Amor perdido,
Escenas de pudor y liviandad, Los rituales del caos, todas crónicas,
además del Nuevo catecismo para indios remisos y A ustedes
les consta: antología de la crónica en México.
Carmen
Isabel Maracara. Periodista
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N°
7 Aņo IV
Caracas, sábado 18 de noviembre
de 2000
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