TUNGA, UN PROTAGONISTA DE LA PLASTICA CONTEMPORANEA INTERNACIONAL EN CARACAS

Barroco de lirios

A partir de mañana, Tunga (Río de Janeiro, 1952) despliega su primera individual en Venezuela, específicamente en el Museo Alejandro Otero, una muestra que se arriesga con una estructura "literaria" (en cuanto pretende ser leída como un gran relato) y a la vez privilegia un repertorio de instalaciones, piezas escultóricas, videos, acciones perfomáticas… Barroco de lirios, obra a la que pertenece el fragmento que aquí reproducimos (hasta hoy inédito en español), suerte de Aleph (no en vano su autor acepta la influencia de Borges y la complementa con insumos de Poe y Lezama-Lima), recoge, por escrito, la estrategia de su quehacer multidisciplinario: editado por Cosac & Naify, este libro contiene series fotográficas de sus esculturas, textos donde se recrean asuntos relativos a manuales científicos, apuntes a la manera de un naturalista y hasta enigmáticas narraciones como la que se lee a continuación, tejida en base a tabaco, azar y matemática. Que no le ha faltado razón cuando ha dicho: "Asumo mi memoria barroca"

 

 


Tunga construyendo unoo de sus garrotes

 

 

Erdos, un reconocido matemático, ha muerto.

Nos dejó nuestra herencia en la cuerda de la horca. Suicidio; su muerte fue provocada por asfixia. Algo bastante común cuando la gente se suelta de una cuerda, el nudo.

Erdos se dio a conocer por sus soluciones respecto a la teoría de los nudos, de la presentación inusual, casi musical, de expresiones de polinomios que, simplemente, transforman los nudos en trenzas. Es por esta razón que creo que el nudo de esta cuerda que cuelga contenía una última voluntad y un testamento, un enigma no despejable, propuesto en forma dramática.

Tuve la oportunidad de trabajar con Erdos, de vivir en estrecho contacto con él y con sus idiosincrasias. Aprendí mucho de esta convivencia. No obstante, no recurriré a este conocimiento para analizar el nudo que cuelga, el cual seguirá cirniéndose sobre nosotros con sus características enigmáticas y de duelo.

Aquí, pretendo, más bien, señalar y resaltar la naturaleza problemática y teórica del testamento de su suicidio. Con este propósito, he tomado el testimonio de una experiencia que compartí con Erdos. Según mi parecer, ésta nos demuestra claramente la naturaleza única de su método para proponer problemas y soluciones, invirtiendo situaciones y personajes en sus conjeturas… Mucho más tarde, me di cuenta de que yo había constituido parte de la ecuación en este caso.

Estábamos a bordo de un barco que nos llevaría a La Habana, la vieja. Fue allí donde conocí a Erdos. Nos acercó el hábito de fumar tabaco. Nos unía, especialmente, el humo y, muy en particular, el humo inhalado, impregnado de moléculas aromáticas de la hoja que se quemaba, el placer del fumador.

Sin embargo, los ojos de mi nuevo amigo se enfocaban hacia el humo de una forma diferente. El no pertenecía al reino de los fumadores comunes. Tenía un interés excepcional en el tabaco y, por esa razón, iba a La Habana.

Yo esperaba en la isla, darme el lujo de dedicarme a la contemplación de lo puramente estético. Me interesaba, en especial, la arquitectura barroca, estaba apasionado con su versión americana. La Catedral de La Habana es el ícono supremo. Había navegado muchas millas náuticas para sumergirme en las ondulaciones de ese monumento.

No sólo compartíamos el amor por el tabaco y por los anillos y espirales de humo, así como la piedra, sino por los puros.

Por esta razón, acepté la invitación del profesor y lo acompañé a Partagás.

Al llegar, me enteré de la razón de su viaje. Se encontraría con Efraín en Partagás.

Efraín envolvía cigarros y era fabricante de tabaco, tabaqueiro, como lo llaman en la isla. No los hacía únicamente en la manera canónica. Con su experiencia y habilidad, manejaba fácilmente las hojas enteras y picadas, el material de sus esculturas; ya que él era un verdadero artista. Como todos los tabaqueiros, era un adicto: consumía fabricando, fabricaba consumiendo. Aquellos que envolvía para su consumo propio, los moldeaba en formas diferentes y poco usuales: Cucharas, zapatos, guitarras, automóviles, paraguas y cualquier otro objeto que su imaginación pudiera crear.

La diversidad intencional de las formas y la ensoñación rodeada de humo, colocaban a Efraín en una posición equivalente a la nuestra. También era amante de la adherencia geométrica del humo. Efraín veía el humo como un cuerpo exógeno del tabaco, tanto en su forma moldeada en el árbol pulmonar, como en sus configuraciones etéreas.

La observación de la porción gaseosa, por así decirlo, fue lo que verdaderamente llevó a Efraín a una serie inédita de descubrimientos. Percibió que de las diferentes formas sólidas de quemar tabaco, se obtenían diversas configuraciones de humo. Era en este detalle que residía el interés de Erdos por Efraín y fue la razón de la visita a la que asistí como cómplice.

Trabajaron todos los días, obstinadamente. Yo lo sabía, porque nos reuníamos, al final de la tarde frente a la Catedral, para relajarnos. Muchas veces, nos reuníamos también a fumar juntos un sabroso e inusitado "habano".

Era poco lo que yo comprendía del proyecto que tenían en mente, o del "trabajo" del que podía tratarse. Los presentía muy profundamente, en el punto álgido de disfrute de aquellos momentos compartidos, como variable idéntica, pero sensible, denominador común de los tres espíritus.

Yo no sabía nada acerca de series compactas de álgebra y menos aún de Von Newman y sus factores. No sabía nada de las cualidades de las hojas Vuelta Abajo, de sus efectos secundarios y otros secretos tabaqueiros.

Yo sabía de noches jóvenes, envueltas en el sortilegio barroco de la Catedral, del humo y de las luces. Repito que hoy veo esas reuniones como pruebas concluyentes de un teorema para Erdos.

Sucedió uno de esos atardeceres. Mientras disfrutaba de una ligera brisa, vi llegar a mis amigos.

Efraín me ofreció el fruto del día: un puro de forma retorcida, que parecía una pieza alargada de un rompecabezas. Era un mazo entero de tabacos tortuosos y retorcidos, empacados con toda pureza. Cada uno encendió el suyo de prueba para disfrutar, en silencio mutuo, el recorrido del humo, algo que era habitual en nosotros.

Di unas cuantas pitadas y descubrí, para mi gran asombro, que el humo que se desprendía de esos tabacos no era redondeado. No tenía la forma de pergaminos, ni curvas sincronizadas. Tampoco formaba círculos de humo cuando lo exhalaba. Había perdido control del humo, el cual ascendía al cielo en líneas verticales y paralelas. Sin pensar en las consecuencias, sonreí ante la broma que me habían jugado Erdos y Efraín. De pronto, dirigí la mirada hacia la Catedral. Ya no tenía en su fachada los adornos tipo pergaminos. Sus curvas suaves se habían vuelto rectas, haciendo que la arquitectura de la Catedral de La Habana se tornara uno de los diseños más severos que había visto en mi vida. Lo entendí de inmediato y me enfurecí. Después de apagar automáticamente el tabaco nocivo y valiéndome de artimañas y aguadas argumentaciones, convencí a mis compañeros de que hicieran lo mismo.

Luego, Efraín y Erdos me explicaron la misteriosa manera de hacer esos tabacos. Me refutaron lo que yo decía, diciendo que, quizás, debido a que eran menos elaborados, servían para determinar la fuente de nuestra naturaleza barroca.

Fui encargado de salvaguardar y custodiar las veinte cajas que habían preparado, en las que estaba grabado el nombre "Barroco de lirios".

En realidad, habían inscrito y grabado un poema en las cajas. Era una especie de síntesis del efecto desastroso de la combinación de aquellas dos mentes.

Todavía conservo hoy una de esas cajas, un recuedo de Efraín de la emblemática horca de Erdos, que tengo pensado esclarecer en algún momento.

(Traducción inglés-castellano: Evelyn Harrison).

 

Antonio José de Barros Carvalho y Mello Mourao (Tunga). Artista plástico brasileño


Ejes exógenos, instalación de siete esculturas y Garrote:
dos piezas de la muestra de Tunga 1977-1997

 

 

[El Universal] [Ágora] [Búho] [Playball] [Elecciones]
[Estampas] [Radar] [Record]

Copyright 1998, reservados todos los derechos.