Creación

DOS POEMAS DE SOPHIA DE MELLO BREYNER ANDRESEN

Y en el cuadro sensible del poema veo hacia donde voy

Gracias a Nidia Hernández, autora de la selección y traducción del libro Poemas (Angria) de Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto, 1919), tenemos noticia del trabajo de este pilar de la poesía contemporánea. Una obra constituida por unos veinte títulos poéticos a la que se suma un pertinaz diálogo con clásicos como Eurípides, Shakespeare, Dante, cuyas piezas no sólo ha traducido, sino valorado en amplios e ineludibles ensayos y, aun, incorporado como "prima materia" en el forjamiento de su propia poética. La misma de la que presentamos dos textos regios, sobrios, incluidos en el libro que le debemos a Nidia, (también productora del programa radial La maja desnuda), quien además nos cedió una grabación original de la portuguesa que se puede oír en nuestro site

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Arte poética I

En Lagos en agosto el sol cae de frente y hay sitios donde el suelo está blanqueado. El sol es pesado y la luz leve. Camino en el paseo próximo al muro, pero no quepo en la sombra. La sombra es una cinta estrecha. Hundo la mano en la sombra como si la hundiese en el agua.

La tienda del alfarero queda en una pequeña calle del otro lado de la plaza, después de la taberna y del taller del herrero.

Entro en la tienda del alfarero. La mujer que vende es mayor y pequeña, vestida de negro. Está ante mí rodeada de ánforas. A la derecha y a la izquierda el piso y los estantes están llenos de cerámicas apiladas y amontonadas, platos, cántaros, porrones, ánforas. Hay dos tipos de arcilla; arcilla color de rosa pálida y arcilla color rojo oscuro. Arcilla que de tiempos inmemoriales los hombres aprendieron a modelar a la medida humana. Formas que a través de los siglos vienen de mano en mano. La tienda donde estoy es como una tienda de Creta. Veo las ánforas de arcilla pálida posadas ante mí en el suelo. Tal vez el arte de este tiempo me haya enseñado a verlas mejor. Tal vez el arte de este tiempo sea un arte de ascesis que sirvió para limpiar la mirada.

La belleza del ánfora de barro pálido es tan clara, tan cierta que no puede ser descrita. Pero yo sé que la palabra belleza no es nada, sé que la belleza no existe en sí, es apenas el rostro, la forma, la señal de una verdad de la cual ella no puede separarse. No hablo de una belleza estética, hablo de una belleza poética.

Miro el ánfora: cuando la llene de agua, ella me dará de beber. Ella ya me da de beber paz y alegría, deslumbramiento de estar en el mundo, vínculo.

Miro el ánfora en la tienda. Aquí se detiene una dulce penumbra. Afuera está el sol. El ánfora establece una alianza entre el sol y mi persona.

Miro el ánfora igual a todas las ánforas innumerablemente repetidas, pero que ninguna repetición puede envilecer porque en ella existe un principio incorruptible.

Sin embargo, allá afuera en la calle, bajo el peso del mismo sol, otras cosas me son ofrecidas. Cosas diferentes. No tienen nada en común ni conmigo ni con el sol. Vienen de un mundo donde la alianza se ha roto. Mundo que no está relacionado al sol ni a la luna, ni a Isis, ni a Deméter, ni a los astros, ni a lo eterno. Mundo que puede ser un hábitat mas no un reino.

El reino ahora es sólo aquel que cada uno por sí mismo encuentra y conquista, la alianza que cada uno teje.

Este es el reino que buscamos en la playa de verde mar, en el azul suspendido de la noche, en la pureza de la cal, en la pequeña piedra pulida, en el perfume del orégano. Semejante al cuerpo de Orfeo despedazado por las furias, este reino está dividido. Nosotros buscamos reunirlo, buscamos su unidad. Vamos de cosa en cosa.

Es por eso que yo llevo el ánfora de barro pálido y ella es para mí preciosa. La pongo sobre el muro frente al mar. Ella es allí la nueva imagen de mi alianza con las cosas. Alianza amenazada. Reino que con pasión encuentro, edifico. Reino vulnerable. Compañero mortal de la eternidad.

 

Arte poética II

La poesía no me pide propiamente una especialización, pues su arte es un arte del ser. Igualmente no es tiempo o trabajo lo que me pide. Ni me pide una ciencia, ni una estética, ni una teoría. Antes la poesía me pide la entereza de mi ser, una conciencia más honda que mi inteligencia, una fidelidad más pura que la que puedo controlar. Me pide una intransigencia sin laguna. Me pide que arranque de mi vida que se quiebra, gasta, corrompe y diluye una túnica sin costura. Me pide que viva atenta como una antena, que viva siempre, que nunca me descuide. Me pide una obstinación sin tregua, densa y compacta.

Pues la poesía es mi explicación del universo, mi convivencia con las cosas, mi participación en lo real, mi encuentro con las voces y las imágenes. Por eso el poema no habla de una vida ideal, mas sí de una vida concreta: ángulo de la ventana, resonancia de las calles, de las ciudades y de los cuartos, sombra de los muros, aparición de los rostros, silencio, distancia y brillo de las estrellas, respiración de la noche, perfume del tilo y del orégano.

Es esta relación con el universo lo que define el poema como poema, como obra de creación poética. Cuando hay sólo relación con la materia hay sólo artesanía.

Es la artesanía que pide especialización, ciencia, trabajo, tiempo y una estética. Todo poeta, todo artista es artesano de un lenguaje. Pero la artesanía de las artes poéticas no nace de sí misma, esto es, de la relación con una materia, como en las artes artesanales. La artesanía de las artes poéticas nace de la propia poesía a la cual está consustancialmente unida. Si un poeta dice "oscuro", "amplio", "barco", "piedra" es porque estas palabras nombran su visión del mundo, su vínculo con las cosas. No fueron palabras escogidas estéticamente por su belleza, fueron escogidas por su realidad, por su necesidad, por su poder poético de establecer una alianza. Y es de la obstinación sin treguas que la poesía exige que nazca el "obstinado rigor" del poema. El verso es denso, tenso como un arco, exactamente dicho, porque los días fueron densos, tensos como arcos, exactamente vividos. El equilibrio de las palabras entre sí es el equilibrio de los momentos entre sí.

Y en el cuadro sensible del poema veo hacia donde voy, reconozco mi camino, mi reino, mi vida.

 

 

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