ISAAC
CHOCRON, ENTRE LA CURIOSIDAD Y EL SENTIDO DEL HUMOR
"
pero la vida me
puso allí"
Convencido de que el hombre tiene
"la responsabilidad civil de hacer lo que públicamente
pueda por el lugar del mundo donde vive", Isaac Chocrón
se ha entregado a distintos roles:
desde el de pedagogo hasta el de economista, desde el de escritor
y dramaturgo hasta
el de promotor cultural, trayectoria que justifica el reciente homenaje
que le ofreciesen distintas instituciones. Hoy -confiesa a Stefania
Mosca- se propone
defender su tiempo para la escritura: espacio que da cuenta de lo
que para
él son las características esenciales del estar vivo:
"curiosidad y sentido del humor"

Foto Alejandro van Schermbeek
Isaac Chocrón: "El teatro sucede o
no sucede, y no hay tutía
"
El escritor
Stefania Mosca: Bajtín concibe el dialoguismo; es decir,
la plurivocalidad como esencia de la novela. ¿Cómo
es para un dramaturgo el espacio literario?
Isaac Chocrón: En una obra de teatro, al empezar,
hay una situación extraña, tensa, irregular, que afecta
a los personajes y los personajes se transforman por esa situación,
al mismo tiempo. Aparece una mamá que le dice a su hijo:
tú eres un perro. Yo no te quiero ver más. Ya hay
una situación. Para el público el teatro son preguntas
que se van hilvanando. Nadie entra a escena y dice: Mi nombre es
Isaac Chocrón, mi cédula de identidad es ésta,
yo vivo en tal parte y tal parte, y mi mamá es una perra.
No, dice: Tú eres una perra, mamá. El teatro es inmediatez.
Lo más importante en el teatro, como en la vida, no es lo
que uno dice, sino los tonos, los tonos con que se habla. Yo puedo
decir: el gato es negro, y de acuerdo a como yo lo diga, puede ser
una declaración de amor o puede ser el mayor insulto. El
teatro sucede o no sucede, y no hay tutía
La novela es
otra cosa. La novela tiene una intimidad envidiable. El que escribe,
escribe solo, y lo que escribió lo lee una sola persona.
Es una cosa muy íntima entre dos: una persona del pasado
y la persona del momento, la que está leyendo.
Por otra parte,
en una narración, las descripciones pueden ser muy detalladas
y ahí, quizá, está el arte del novelista. Uno
detalla lo que ve. En una obra de teatro uno no puede decir: Hamlet
tiene 28 años, es rubio, de ojos azules, tiene 30 de cintura.
No, porque de pronto Hamlet lo puede interpretar un gordito de 36
años, de pelo afro y es una maravilla.
Diana Benshimol:
Sabe hablar con un muerto.
SM:
Tú haces el registro de muchas hablas en tu narrativa
IC: Cuando escribo novela se me cuela el teatro.
SM:
Lo cual es una virtud.
IC: El presidente Velásquez insiste en que
yo no soy un dramaturgo, en que yo soy novelista y que yo soy uno
de los grandes novelistas de Venezuela. Es comiquísimo. Yo
le digo: presidente Velásquez, lo que pasa es que
a usted no le gusta el teatro, usted nunca va a ver teatro, si usted
hubiera visto teatro se hubiera dado cuenta de que yo lo hago bastante
bien
SM: ¿Cuáles
son las diferencias entre el personaje dramático, el personaje
que está vivo, y el personaje novelesco?
IC: Si está bien escrito parece vivo porque cada personaje
tiene que hablar a su manera. Cuando uno escribe teatro o novela,
uno se desdobla, se va desdoblando a la par de los personajes. Tú
desapareces y escribes. A mí me importa más el cómo
que el qué. Quizá por eso mucha gente dice que yo
soy encantador de serpientes: yo sé cuál tono usar
para decir cada cosa. Eso lo aprendí en el teatro.
SM: ¿Tiene
la tradición cabida en tus obras? Me pareces un creador que
ha forzado los valores instituidos, y lo que es más, ha luchado
contra la medianía tan aplaudida, a veces, en el país.
¿Has tenido consciencia, y por ende dolor, de este proceso?
IC: No, yo creo que ha sido una manera de vivir y de escribir que
en muchos momentos no ha estado al son que estaban tocando. Román
Chalbauld, que tiene mucho sentido del humor, afirma que nosotros
fuimos entrenados para ser estrellas en la Escuela Experimental
Venezuela. Eramos Vicente Nebreda, que bailaba Guaicaipuro
todos los años, Román y yo. En el Colegio América,
cuando llegué a primer año, había un premio
mensual de cuento con seudónimo. Cada mes había un
jurado diferente. Yo ganaba el premio mes a mes, y a los siete meses
suspendieron el concurso. Me lo había ganado los siete meses
seguidos. Incluso escribí un cuento en femenino, lo firmé
Rita y gané. En la Academia Militar me pasó igual:
fui presidente del Club de Escritores, el director del grupo de
teatro, etcétera. Creo que mi destino fue éste, lo
cual no quiere decir que yo esté complacido ni que sea facilísimo;
cada vez es más difícil.
DB: Yo siento
que es como una forma de vida y un destino que te eligió
a ti.
IC: Yo no sé por qué. Ni mi papá ni
mi abuelo eran Arturo Uslar Pietri, ni Pablo Picasso,
ni nada. Nosotros éramos una clase media judía pudiente.
En mi casa tú no entrabas y oías a Mozart ni
estaba mi papá leyendo a San Juan de la Cruz, ni nada
de eso. Ahí la genética como que no funcionó.
SM: El humor
es una de las manifestaciones más importantes de la inteligencia.
En todo tu trabajo el humor es una forma de crítica.
IC:
Si alguien está vivo, tiene dos características esenciales:
curiosidad y sentido del humor. La gente pierde la curiosidad, puede
tener 20 años y la perdió. Y sin sentido del humor
se te vuelve todo un fastidio, un drama y una
SM: Pero en
tu obra el humor también ha sido una herramienta para romper
los esquemas.
IC: Sí, por ejemplo, Pájaro de mar por tierra fue
un escándalo. Por primera vez había un modelo homosexual,
no en Venezuela sino en muchas partes de Latinoamérica, y
hoy en día hay un culto a esa novela que yo me muero de la
risa.
SM: Pájaro
de mar por tierra y Se ruega no tocar la carne por razones de higiene
irrumpen en un momento y en una temática un poco difícil
de procesar en nuestro país, un tanto pacato.
IC: Y Cincuenta vacas gordas. Esa fue la apoteosis:
las mujeres hacían colas kilométricas para comprar
un libro.
SM: ¿Cómo
te has manejado tú en una sociedad como la nuestra que no
nombra sus oscuridades?
IC: Yo pienso que si uno es honesto y digno, la gente te
respeta. La gente entiende que tú no eres ningún closet
ni nada de eso.
SM: ¿Y
tu historia familiar?
IC: Bueno, ese sí es un tema recurrente, especialmente
en mi teatro, que ya terminó
SM: ¿Tú
crees?
IC: Yo creo que sí. Ya no tengo más nada que decir.
DB: Sí.
Ya como que narraste todo lo que venía de las demás
obras.
IC: Ahora estoy con una novela. Una novela es un viaje larguísimo.
Debes tener la paciencia de Teresa de Avila. Poco a poco,
y sin angustiarse. Es una novela difícil, pero me tiene apasionado.
SM: Se dice
que toda novela tiene una forma única. Cada novela inicia
y clausura una forma. Peter Handke afirma que escribir no es el
problema de un escritor, el problema es ensamblar.
IC: Es corregir ¡Claro!
El promotor
cultural
SM: No solamente te ha tocado escribir todas tus piezas, has
tenido además que fundar el teatro, el contexto institucional,
crítico y formativo. Es impresionante que entre nosotros,
tan dados a las evocaciones heroicas, nos topemos con alguien como
tú, que habiendo tenido todos los logros desde el éxito
hasta la entrega pedagógica, desde la honestidad y el coraje
hasta la lucidez del economista, del promotor cultural, es asombroso
que, aun así, no hayas desarrollado alguna de nuestras típicas
esculturas póstumas.
IC:
Cuando José Ignacio Cabrujas, Román Chalbaud
y yo fundamos el Nuevo Grupo se hablaba mucho de que había
desaparecido el dramaturgo. Nosotros creíamos que no, que
debía haber un dramaturgo que firmara sus textos, y abrimos
el Nuevo Grupo y empecé mi carrera de promotor. Nunca me
imaginé que me tocara esto, pero la vida me puso allí.
Lo mismo sucedió cuando se crea la Compañía
Nacional de Teatro, me llaman y me dicen que yo sea el director,
bueno, y lo tuve que hacer, ese fue un gran reto. Lo hice, fue una
maravilla. Uno tiene la responsabilidad civil de hacer lo que
públicamente pueda por el lugar del mundo donde uno vive.
SM: Pero
generalmente los creadores suelen tomar las instituciones para obtener
los beneficios que no le pueden dar sus obras ¿no? Quizá
estoy siendo un poco dura
De alguna manera, yo veo que las
instituciones han servido para las personalidades y no a la inversa.
IC: Sí.
SM: Mientras
tu caso es completamente singular en ese sentido.
IC: Yo me voy porque supongo que lo puesto en marcha sigue, y si
no sigue, mala suerte, pero yo no me voy a dedicar toda mi vida
a una institución.
SM: A perpetuarse
en eso.
IC: No, yo siempre lo que estoy defendiendo es mi tiempo
para escribir. Trato de defender eso a capa y espada, por ejemplo,
fui profesor en la Escuela de Arte, por 20 años. Los últimos
tres años me pidieron que fuera director de la escuela, y
acepté: era como terminar mi carrera. Pero yo, ya había
pensado en irme. Era un cargo muy exigente, me invitaban a cada
rato de universidades de afuera a dar talleres de dramaturgia. Desde
el punto de vista de la escuela fue fabuloso, celebramos los 20
años, fue todo un éxito, pero desde el punto de vista
mío, personal, fue muy frustrante. Yo escribía de
noche como desde las cinco, seis, hasta las diez, o sábado
o domingo, y un día no me estaba saliendo la cosa, y de pronto
me di cuenta de lo que estaba pasando y lo que hice fue ponerme
a llorar, porque dije: Dios mío, estoy haciendo lo que hacía
cuando me gradué de economista y trabajaba en cancillería
y escribí Tajade con el tiempo marcado: era jefe del
gabinete del ministro de Hacienda.
SM: ¿Cuándo
fue eso?
IC: El último año de Leoni.
SM: ¡Imagínate!
IC: Y cuando gana Caldera y nombra a Pedro Tinoco, ministro
de Hacienda, me dice: quiero que te quedes con él. Yo le
dije no, ya llegó el momento de dejar de ser economista.
En ese momento yo recibía 3.000, 3.500 dólares al
mes en derechos de autor, y más nunca trabajé como
economista.
DB: Tú
has sido tan curioso y por eso quieres estar en distintas facetas.
IC: Sí, tienes razón, pero también la
vida me puso allí. Recuerdo que Simón Alberto Consalvi,
a los ocho días de estar Lusinchi encargado de la presidencia,
me llamó y me dijo: Vente a almorzar mañana para mi
casa, que te tengo una sorpresa. Yo no lo conocía, aunque
él dice que lo conocí en Londres, a Lusinchi, friendo
un pescado y entonces me dijo: Mira Chocroncito, yo te estoy llamando
porque a mí me encanta el teatro y quiero crear la Compañía
Nacional de Teatro y quiero que tú seas el director. Yo le
dije:
Presidente, no sé si pueda, yo tengo el Nuevo Grupo. El insistió:
bueno, tú hablas con ellos, si tú no puedes, lo dejamos
para más adelante. De allí, salí hacia el Nuevo
Grupo y nos reunimos y todo el mundo me dijo: No, tú tienes
que aceptar porque si no, no se hace; y el lunes amanecí
yo diciendo que sí.
El teatro
venezolano contemporáneo
SM: Isaac y ¿cómo ves el teatro venezolano contemporáneo?
IC: Está malísimo, malísimo.
SM: ¿Por
qué?
IC: Por la dependencia de los aportes del Gobierno. Se acostumbraron
a los famosos subsidios que fueron una navaja de doble filo. Recibían
el subsidio y lo primero que hacían era determinar el sueldo
de cada quien y después, no tenían con qué
montar una producción. Luego, con la crisis económica
y la burocratización del Conac la situación se agravó.
Tendrían lamentablemente que volver al año 67 cuando
fundamos el Nuevo Grupo y hacíamos un teatro muy imaginativo
con pocos recursos.
SM: La escritura
dramática, a mi entender sí se ha mantenido y hasta
mejorado
IC: Sí, hay muchos nuevos escritores. Y algunos como
Gustavo Ott que es excelente.
SM: ¡Excelente!
Pero, además de los subsidios la otra gran limitación
del teatro venezolano actual es la formación del actor.
IC: Pero hay muchos, que es lo más curioso. Hoy la
Escuela de Arte tiene una sección de artes escénicas,
está el UDEC, los talleres
Lo bueno del teatro venezolano
actual, el secreto de su supervivencia y de su posible futuro éxito,
es la juventud que hoy en día hace teatro sin que sea un
estigma, como lo fue para nosotros.
SM: Tengo
la impresión de que el lenguaje en el teatro ha sido desplazado
por el espectáculo.
IC: ¡Claro! Eso ha sido otro problema. Les encanta
el espectáculo. Muchos de los jóvenes dramaturgos
no trabajan el lenguaje; descuidan la factura literaria teatral.
DB: Una
obra de teatro que no te agarra el primer párrafo, las primeras
diez líneas indica lo que va a ser la obra de teatro.
IC: Y empieza con él gritando "Estela" y
le tira un paquete lleno de sangre.
SM: Ahí
está.
IC: Ahí empieza la obra.
Gerente,
economista y místico
Artemis Nader: Trabajaste en la cancillería como economista
y todo lo demás, y esa experiencia te sirvió después
para poder iniciar y gerenciar la Compañía Nacional
de Teatro.
IC: Claro, en ese sentido sí, por ejemplo, tanto en
el Nuevo Grupo como en la Compañía o cuando pasé
por el Teresa Carreño, era gerente de administración,
ellos sabían que yo entendía todo lo que me estaban
diciendo.
SM: Isaac,
si tú tuvieras que hacer algo que no hubieras hecho, ¿qué
sería?
IC: A mí me hubiera encantado ser Bar Tender.
SM: ¿Sí?
¿por qué?
IC: Para oírle los cuentos a la gente.
DB:
La curiosidad otra vez.
SM:
Otra vez la orejita.
IC:
Pero no sé si hubiese podido hacerlo, porque soy zurdo y
a veces muy torpe con todas esas cosas. Los vasos, el hielo, etcétera
SM: ¿Y
autores, Isaac, qué autores?
IC: Mi Biblia es Shakespeare, antes que nada. Me gusta
muchísimo y he leído como tres veces a James Joyce.
En busca del tiempo perdido
SM: Te importa
la estructura...
IC: Sí, y El sonido y la furia
Bueno,
y Teresa, con Teresa es como más central mi preferencia.
Yo aprendí muchísimo de Teresa porque, aunque tú
no creas en eso de las fundaciones, el libro de ella, Las fundaciones,
me ayudó muchísimo cuando yo fui director de la Compañía.
SM: Ahora,
el otro día en Bogotá, en "El encuentro de escritores
Iberoamericanos", había una conversación muy
interesante, hubo una mesa que se llamaba "Erotismo y Literatura".
Tú sabes que se ha abusado tanto del erotismo. Vivimos una
sexualidad tan banalizada. Cuánta cantidad de cuerpo nos
rodea y son cuerpos imposibles, no hay tacto pero hay cuerpo por
todas partes. Eso me parece muy trágico. Es un poco como
el mundo de la Naranja mecánica ¿no? La sobresaturación
del signo pero sin nada de contenido.
DB:
Muy vacío.
SM: Sí,
puro celuloide, entonces ¿qué es lo que pasa?, ¿por
qué la contención podía crear un erotismo tan
grande como el de Santa Teresa? Yo recuerdo que cuando leí
Las exaltaciones, la primera vez, yo leía aquella
cosa que era Dios, aquella devoción, y lo que sentía
era una gran excitación.
IC: O San Juan de la Cruz.
SM:
San Juan de la Cruz era otro monstruo del erotismo.
IC: En aquella noche oscura
SM: Y creo
que hay un vínculo muy grande que uno ha perdido entre el
cuerpo y el misterio.
IC: Verdad. Es verdad.
SM: Uno
está metido en el mundo de la cosa. Te quieren vender pañales
Mami, o Marlboro Light y te muestran una teta...
IC: Sí, es verdad.
SM: Es una
tragedia. Quizás cuando uno realiza como tú has realizado
tu existencia, que has hecho del afuera una manera de vivir, de
existir y, cómo tú dices, una manera de obtener respeto.
Eso puede parecer un problema menor
IC: No lo es. Estoy de acuerdo contigo, hay como una banalidad
corporal. A mí me parece que es como plástica, ¿no?
SM: Y dígame
esa locura, dígame lo del Viagra.
IC: Volvemos a las cosas. Los momentos más eróticos
los he tenido hablando con alguien sin tocarnos y por los tonos
yo me doy cuenta de que hay una corriente eléctrica, y eso
es intocable.
SM: Y no
hay nada.
IC: No hay nada, sino que uno está hablando y por
lo general han sido tales los nervios de las dos personas, que empezamos
hablar de cosas
SM:
sin
sentido.
IC: Sin sentido, pero en el fondo no podemos dejar de mirarnos,
obviamente después, más adelante, se busca la manera,
y eso es mucho más erótico
SM:
que
lo evidente.
IC: ¡Claro!
SM: Lo evidente
llega un momento en que no existe, ¿no?
DB: Se pierde
completamente.
IC:
La famosa cosa victoriana, las mujeres con los vestidos que daban
vueltas, las faldas esas, pero que se sentaban y se les veía
SM:
el
tobillito.
IC:
Y el tobillo era una de las partes más eróticas
de la mujer, la mujer que no tenía un tobillo así,
perfecto
SM: Tú
te acuerdas cuando Orlando, El Orlando de Virginia Woolf,
es un hombre ¿verdad? y se despierta mujer, él está
en un barco, primero era un hombre y ya vestido de mujer, desmayadamente,
se despierta y cuando se despierta, por supuesto, la falda, como
dice Isaac, la falda se levanta con el viento. Estaban en plena
travesía por mar abierto. Y entre encajes pristinos y blancos
aparece ese su nuevo tobillo de mujer y el vigía pierde el
equilibrio y cae estrepitosamente desde el mástil mayor.
Y eso sólo con un tobillo. Por eso aún algunos hombres
en vez de venerarnos nos temen.
Stefania
Mosca. Narradora y ensayista

Foto Alejandro van Schermbeek
Chocrón: "soy encantador de serpientes"
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8 Aņo IV
Caracas, sábado 25 de noviembre
de 2000
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