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Apuntes
Tres
retratos almados y sus fotoleyendas
Desde el pasado
mes de octubre, y hasta enero del 2001, Diego Barboza, Premio Nacional
de Artes Plásticas 1997, presenta en el Museo de Arte Contemporáneo
Mario Abreu de Maracay una retrospectiva de su obra que incluye
algunos retratos,
o interpretaciones -según sus palabras- de personajes de
su entorno afectivo
o de su interés. Un trabajo sobre el que Eva Feld crea una
suerte de "fotoleyendas"
que otorgan vida a cada una de las figuras. He aquí "el
alma" de tres de ellas
Diego
Barboza, Premio Nacional de Artes Plásticas 1997, está
trabajando, a mediano plazo, una exposición de retratos que
él prefiere llamar personajes, porque "en realidad no
son retratos sino interpretaciones de los personajes de mi entorno
afectivo o de mi interés". En el juego múltiple
de espejos que reverberan entre el artista, su modelo y el cuadro
resultante puede acontecer que los demiurgos encuentren albaceas.
Queden aquí consignadas, pero invertidas, las tres primeras
personas del singular. El, tú y yo fuimos retratados.
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| Fernando
Batoni |
Tímpano
(Un retrato de Fernando Batoni)
Entre apolíneo
o dionisíaco el hombre auditivo se inclina. Helo aquí
ensordecido por los colores espectrales del arte. Helo aquí
de cuerpo quieto y obligado a escucharlos. El hombre que hoy posa
es psicoanalista. Y se pregunta el artista, sin saber que cita a
Zaratustra, si será posible hacer estallar el tímpano,
romperles los oídos, a los que escuchan, para hacerles oír
con los ojos. Será por eso que sobre el papel tendido, transformado
en tambor, descarga impresiones para hacerlas resonar: el adentro
y el afuera en percusión heterogénea. Vedlo allí
al artista en su taller sobredimensionándole las orejas al
doctor Batoni, deformándoselas, porque él intuye
que existe en la estructura del tímpano algo que se llama
"triángulo luminoso" y no puede un creador plástico
dejar escapar luz alguna. Es el propio conde de Lautréamont,
autor de los Cantos de Maldoror, el responsable del triángulo
luminoso que desenfoca. Es él quien encarna en sus poemas
todas las miserias, las angustias, los sufrimientos humanos, remotamente
parecidos a los que escucha el médico en su consultorio,
y para los que tiene respuestas, consuelo y misericordia. Pero helo
aquí ahora sometido al tamborileo que produce el martillo
sobre el yunque de su oreja, en el oído propio. Vedlo como
oye sin saber que ve los vericuetos del alma suya. El hombre auditivo
que Diego Barboza está pintando nació en el
estado Trujillo. Allí comenzó a vivir también
Barboza, el padre de quien está pintando, y Lautréamont
constata que, al percibir esta coincidencia, es el pintor quien
está viendo con el oído. Y sabemos, gracias a Jacques
Derrida, que la membrana del tímpano está tendida
oblicuamente. oblicuamente de arriba abajo, de afuera adentro, de
adelante atrás; y que el tímpano bizquea.
Los oídos
que ahora ven en el psiquiatra otra imagen, ahuyentan del lugar
al conde de Lautréamont, quien se aleja susurrando
entre dientes un verso frenético publicado en 1869 y que
entusiasmó a los poetas surrealistas en 1920:
yo
hago que mi genio sirva para pintar las delicias de la crueldad.
Obviando las últimas tres palabras, las repite el artista
en voz alta, a la maniera de Diego Barboza: Al pintar
con delicia hago al genio.
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| Laura
Cequera |
Ipsidad
(Un retrato de Laura Cequera)
-No me gusta
-espeta Laura con cierto resentimiento desde el mismo sofá
donde días antes posó para Diego-, me choca, me confronta
con aspectos de mí misma que no me gustan. Además
tiene pico como de pájaro y un seno desproporcionado-. Laura
no abandona su cartera negra, se aferra a ella como a un escudo.
Salvavidas sería más ajustado a esa verdad tecnológica
que la rescata por segundos de la soledad, pues en ese bolso sobreestimado,
vibra y suena y pita y late su teléfono celular, el mismo
que sostiene entre sus manecillas de mujer urbana, sometida a la
vorágine cotidiana y al aislamiento, en el cuadro que está
mirando con desagrado mientras se refugia nuevamente en sus mientes
telefónicos, pues el celular omnímodo y opíparo
devora toda su atención cada vez que suena. El interludio
le ha dado un respingo a Diego, que con una calma inusitada vuelve
a pintar su retrato, esta vez con palabras. Laura lo escucha atenta:
"no busques querida amiga una imagen realista de espejo, ni
pretendas hallar un calco de la realidad, este es un cuadro que
pinta en ti a la mujer de hoy, rodeada de artefactos y confinada
a la soledad. Este es un cuadro que retrata tanto la sublimación
como la alienación, pero también la desolación
que se acrecentó en mí con la catástrofe de
las inundaciones en el estado Vargas". En eso entra en el estudio
de Diego, ajena al diálogo, Doris, su esposa, y al pararse
frente al cuadro de Laura declara: "este es el mejor de todos
los retratos, esta línea que lo atraviesa diagonalmente abre
la perspectiva, este color es revelador de una pasión inconmensurable
y el parecido de la cara es incontrastable", dicho lo cual
desaparece.
"Es verdad -asiente Laura-, el cuadro es bueno
lo que
no me gusta es que sea yo".
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| Eva
Feld |
Incido
(Un retrato de Eva Feld)
Diego no es
un contemplador de los modelos que pinta, prefiere penetrarlos,
auscultarlos, y sólo logra vencer la pereza que le produce
emprender un cuadro, a través del amor. Pero no uno cortés
ni arrobado, libidinoso o sexual, místico o espiritual; sino
un amor de transmutación material, un amor egoísta
y narcisista en el que acaba siendo, mediante la posesión,
él mismo el modelo que va pintando y es en esa sucesión
de autorretratos donde se enriquece.
Existe en su refracción de mí, una austeridad y una
severidad rituales: Soy esa mujer que él no puede pretender
ser. Soy color que no existe, espejismo. Muchas veces somos ambos
seres andróginos o hermafroditas, otras veces somos colegas
en el oficio deformador de la realidad, pero siempre, por más
que nos acerquemos, por más que coincidamos, por más
que se establezca entre nosotros una sincronía especular,
somos, el uno para el otro, la total diferencia.
Eva
Feld. Periodista y escritora
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N°
11 Aņo IV
Caracas, sábado 16 de diciembre de 2000
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