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Libros, Lecturas y Lectores
LUIS
ALBERTO ANGULO
La brevedad de lo eterno
El
tango aquel de Gardel decía que veinte años
no es nada. En poesía, igualmente, veinte años quizá
no sean muchos, pero sí el tiempo necesario para calibrar
la hondura, cuando no el contraste, lo duro que a veces resulta
escribirla y vivirla. ¿Acaso no fue Rubén Darío
quien dijo que en un verso se nos iba la vida? Luis Alberto Angulo,
mi amigo de piedemonte, de Barinitas, donde una vez viera con esos
sus ojos maravillados a Enriqueta Arvelo Larriva y a su hermano
Alfredo volar juntos de la mano sobre el río, para él,
el más claro del mundo, ha puesto un tanto de su vida en
estos veinte años de poesía que, en estas magníficas
páginas editadas por la Universidad de Carabobo y tituladas
Fusión poética*, son suficientes para comprobar
su singularidad como ser y como poeta.
Balance cierto.
El poema nunca estuvo afuera sino adentro y si ha podido trascender
eso que nos subyuga y casi siempre nos rebasa, la realidad, es porque
para Luis Alberto Angulo, la poesía siempre ha sido
algo más que asunto imaginario, y sí, eso que "en
medio del silencio se revela", y del que el poeta sólo
espera recuperar la brevedad de lo eterno, esto mismo que para él
es, ha llegado a ser y ha sido la poesía.
Ya sabemos,
la vida misma es un tránsito y a veces la poesía únicamente
nos parece un viaje a no sabemos dónde y en el que las rutas
nos van circundando a cada paso que damos en esa travesía
a través de las imágenes y el súbito mismo,
la naturaleza de su existencia. Rutas, idas y regresos, como esta
recorrida por Luis Alberto Angulo de norte a sur,
donde los contrarios parecen haberse encontrado en la permanencia
de lo diverso y en la puntualidad de lo variante, en una escritura
que precisa de la brevedad para liar con la nostalgia, el amor,
el tiempo inefable y la muerte misma con la que suele revestirse
la vida. Rutas del poeta que atiende la página en blanco
advertido de que puede ser un salto al vacío, pero igual
el derribo de un muro o bien el cruce de un puente hasta donde nos
espera el otro, el que verdaderamente somos. ¿Qué
es el amor en esta poesía si no esa terca llama que una vez
encendida, nos negamos aceptar que un día apagará
su lumbre en nuestros cuerpos?, y que ese día, no sabemos
cuándo, irremediablemente llega, porque nos dice él,
"no existe nada más profundo que el olvido" y "sólo
muere lo vivo, sólo".
El amor se
desvive por vivir y muere de vida propia, pero la muerte, sospechamos
entre estos poemas, no ha vivido más que la vida cuando ésta
sólo se ha vivido con amor y nos dice: "Un día
de estos te morirás saltando de contento / Saltarás
sobre la tristeza para ser feliz / Quien tiene el amor no puede
sino amar".
Un río profundo y silencioso, acaso el mismo de la infancia
que surcaba la llanura, discurre entre estas páginas, y la
nostalgia es útil cuando es sed de anteponerse al tiempo,
aun cuando a veces lo oscuro es lo luminoso, y esto, lo luminoso,
solamente pudiera ser la claridad de un místico cuando se
asoma vacío al abismo de su ser y en donde presiente las
planicies del alma. Tan sólo así la muerte puede percibirse
como otra cosa, aun cuando para el hombre puramente haya sido eso
que le arrebató a sus padres. Y si esto es así, es
porque el poeta ha puesto todo en lo que ha visto y en lo que ha
creído.
Otra arista
que llama mi atención en esta poesía es la ironía,
que aquí es muy particular y pareciera sostener las vísceras
en manos de la ternura. La ironía de Luis Alberto Angulo
no es la del escéptico secado por la duda, ni la de un estólido
gangrenado por el fatuo espejismo del que todo lo puede. Es la ironía
de quien más que nadie sabe de sí mismo, porque también
la poesía, entre sus tantas advertencias, te advierte contra
ti mismo, ser inconcluso ante un tiempo inconcluso que todo lo sustituye
o modifica y que a estas alturas de la virtualidad global te hace
añicos o te clona, convirtiéndote en nada. Pero la
poesía siempre estará allí para prevenirnos.
En Luis
Alberto Angulo, digo, la ironía me hace escuchar ese
latido donde la esperanza, sin trampa o engaño, aún
es inocente. Ironía de quien escribe con necesario desenfado
que, aun cuando pone en evidencia sus carencias, muestra el rico
tesoro de lo honesto, de lo verdaderamente digno cuando se es poeta.
Ironía, ese requiebro del corazón cuando se es humano,
demasiado humano, como sugería Nietzsche, o bien como
Luis Alberto Angulo traza su poética que leo para
finalizar.
Un
poeta
un
crítico dijo que no cuidaba mis versos
otro afirmó que eran perfectos pero nada decían
unos restregaron mi falta de estudios formales
para otros fui un sabio de extinguida emoción
mientras tanto uno y otro jamás escribieron una línea
y yo vivo mi poesía sin pedirles nada
* Angulo, Luis Alberto.
Fusión poética. Universidad de Carabobo. Dirección
de Medios y Publicaciones. Colección "La campana desierta".
262 pp. Valencia. Año 2000.
César
Seco. Poeta y ensayista
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N°
11 Aņo IV
Caracas, sábado 16 de diciembre de 2000
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