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FERNANDO
LLERAS DE LA FUENTE MÁS ALLÁ DE "LA ÚLTIMA
MUERTE DE WOZZEK"
Cuando la realidad provoca
asma
Mucho ha andado el escritor bogotano
Lleras de la Fuente, pero todas las rutas lo conducen
a la literatura y hoy día, frente a una nueva novela que
ha retenido la atención de críticos
y lectores y que ha comenzado a ser traducida al italiano y al alemán,
opta por nombrarse poeta y así con la agudeza que lo distingue
y que lo emparenta con Cioran,
(se) debate con su editor Benjamín Villegas

Foto Oswer Díaz Mireles
Lleras no le teme a las patologías derivadas
del amor
Benjamín
Villegas: Usted ha vivido buena parte de su vida fuera de Colombia,
¿cómo ve al país, una persona como usted, que
a su vez ha estado tan íntimamente ligado al desarrollo de
Colombia en los últimos cincuenta años, en razón
de la presidencia de su padre y de su actividad de todo orden, dentro
y fuera de la nación?
Fernando
Lleras de la Fuente: Pues me parece que es un país de
esquizofrénicos, que se acostumbraron a convivir con la vida
y la muerte, sin empezar ya a diferenciar cuál es cuál.
Se acostumbraron a hacerle el amor a la vida y a la muerte, y además,
comenzaron a sentirse bien con ese adulterio, hasta un punto en
que ya no tienen idea de cuál es cuál.
-¿No le parece a usted que esta es una respuesta demasiado
dura, especialmente partiendo de una persona que ha disfrutado de
los privilegios que ha tenido usted en nuestro país?
-Pues tal vez usted tiene razón, si incluye ahí mis
tres infartos.
-Pero volviendo a la esquizofrenia, esa es precisamente la característica
de Wozzec, el personaje de su novela. ¿Eso quiere decir entonces
que Wozzec es muy colombiano?
-Naturalmente. Wozzec en el fondo representa la pérdida de
identidad. Esa pérdida de identidad que lleva a la desaparición,
como nos está pasando a nosotros.
Pero usted no crea que se escapa a todo esto. Vive metido en un
avión desarrollando toda clase de programas y de proyectos
por medio mundo, ¿entonces cómo ve usted al país?
-Yo también lo veo con una imagen dividida: la que presentan
mis libros y la que reflejan los medios internacionales. Ni la una
ni la otra son ciertas. Colombia es mucho menos espantosa de lo
que dicen los medios, y es aún más hermosa y más
maravillosa que lo que he logrado plasmar en mis libros.
-No hay nada más refrescante que encontrar de vez en cuando
un verdadero optimista. Hay mucha gente que asegura que son los
que cambian al mundo.
-No soy tan pretensioso para pensar que con mis libros soy capaz
de cambiar la realidad de Colombia, pero sí creo que uno
a uno, persona a persona, particularmente en el exterior, cuando
tienen contacto con ellos, comienzan a tener una imagen diferente
de nosotros. En cambio su libro parece muy alejado de la realidad
colombiana, ¿por qué?
-Cioran, mi filósofo favorito, decía que la
realidad le provocaba asma. A mí me sucede lo mismo. Me parece
que en este momento la literatura es la única forma de ficción
que sigue siendo válida en Colombia. Eso incluye el Proceso
de Paz.
-Entonces para usted la paz ¿es otra novela de ficción?
-Sí, bastante mala. No se vende ni en los kioscos. Pero me
parece que a todas estas, ¿por qué no edita usted
la paz?
-Bueno, yo me la paso editándola. Mis libros son de una
Colombia en paz.
-La paz de los sepulcros, como decía el poeta.
-El poeta será usted. Y a propósito, ¿abandonó
la poesía?
-Cómo se le ocurre, uno nunca puede abandonar ni a su primero
ni a su último amor.
-Yo le he conocido todos sus amores, ¿se acuerda? Le publiqué
su primer libro de poemas, Silencios de secretos pasadizos.
El año entrante le voy a publicar sus Doce sonetos de
amor. ¿Qué anda escribiendo ahora?
-Mire, no hay nada más incómodo que la gente con memoria.
Y además le advierto que uno jamás le hace esas preguntas
a un supuesto amigo. Lo que uno está escribiendo es realmente
privado. Pero si se trata de eso, por qué no nos cuenta usted
qué lo llevó a publicar ahora estos libros.
-Como editor, lo he sido fundamentalmente de obras ilustradas,
pero en el fondo de mí lo que soy es un gran lector de buena
literatura. Siempre quise hacer mi colección literaria, y
curiosamente lo que me la ha permitido hacer es la mala situación
económica del país. Llegué a la conclusión
de que con el dinero que desarrollo un libro ilustrado, puedo hacer
diez como el suyo. Vamos a ver entonces cómo me va, iniciando
con un personaje esquizofrénico como Wozzec, sobre el cual
quisiera que me indicara cuál es la relación con el
Wozzec, personaje de la ópera moderna, del compositor Alban
Berg.
-Mire,
Benjamín, yo creo que Wozzec es una de las más
grandes óperas del siglo XX, tal vez de las últimas
grandes óperas que se han escrito. Lo que pasa es que a mí
me dejó siempre insatisfecho el texto, y me pareció
que la forma en que el personaje moría era completamente
indigna de la música, entonces resolví escribirle
otra muerte.
-¿Cómo? ¿Otra muerte?
-Pero usted dice que tiene buena memoria, ¿no se acuerda
del día que usted me dijo que yo era un perezoso, que necesitaba
matar a un personaje en mi novela y había escogido ya uno
muerto?
-Eso yo lo sé, pero el público normalmente no lo
sabe. Por eso se lo pregunto. Pero bueno, esto es lo que usted escribe,
¿qué es lo que lee?
-Pues mire, yo leo historia y escribo ficción. Cuando hago
al revés, siempre termino bastante asustado.
-¿Asustado de que la ficción se convierta en historia,
como hablaba usted en el caso del proceso de paz?
-Sí, sabe que a veces cuando leo la prensa colombiana me
siento como el personaje de la Metamorfosis de Kafka,
que se va convirtiendo en una especie de insecto.
-¿Es Kafka uno de sus autores predilectos?
-Lo detesto hasta el punto de sabérmelo de memoria. Pero
bueno, y usted aparte de recrearse leyendo lo que publica, que es
un montón, ¿qué más lee?
-Como le dije, trato de leer buena literatura, pero como todo
lo que se publica no es buena literatura, me la paso como un maniático,
comprando libros y dejándolos, cuando no son buenos, en la
página 20, siguiendo un consejo que me dio hace unos años
García Márquez: "Libro que no lo haya cogido
en las primeras 20 páginas, bótelo".
-Bueno, pues yo creo que Gabriel García Márquez
se equivocó. Un libro lo tiene que coger a uno en las últimas
20 páginas, como una mujer, de veras.
-Lo veo muy experto en estas lides amorosas, cuénteme,
¿usted también como su padre ha incursionado en la
literatura erótica?
-Bueno, mi padre aparentemente escribió muchos poemas de
este tipo, yo también, y di el paso de publicarlos. Supongo
que mi hijo los editará en la Internet y será un hombre
muy feliz.
¿Y usted no ha pensado en sacar por Internet todos esos libros
extraordinarios por Colombia? ¡Qué audiencia tendría!
-Este es mi gran proyecto de este momento, villegaseditores.com
ya existe, ya se pueden comprar todos mis libros en Colombia y en
el exterior. El paso siguiente, el libro completo en Internet con
fotos en baja resolución. Con esto adquiere total justificación
un trabajo de 28 años y de 130 y tantos títulos positivos
sobre nuestro país, en la medida en que estarán, con
sus imágenes y con sus textos, al alcance de todos.
-¿Pero eso no le acabaría a usted con la venta de
sus libros, como me pasa a mí, que tengo que regalarles todos
los míos a mis amigos?
-Para no tener que regalar todos sus libros, debería asesorarse
con Stephen King, y en cuanto a lo mío, pienso que no. Los
libros que yo produzco son, aparte de elemento comunicador, un objeto
hermoso, una obra de arte que se quiere tener en sí misma,
pero al mismo tiempo, hay todo un proceso de comunicación
y de imágenes que se pueden percibir y recibir por este nuevo
medio, sirviéndole, de paso, muy positivamente a nuestro
país.
-Un patriota erótico en todo caso, porque lo que a usted
le gusta es que la gente toque sus libros y los tenga junto a ella
en la cama.
-Eso no lo he negado nunca, porque, ¿acaso usted, aparte
de la mujer, conoce algo más acariciable y deleitable que
un libro?
-Sí, pero no es el caso en este momento. ¿Y cuántos
otros objetos acariciables está publicando usted en este
momento?
-Dos: Notas sin pentagrama, de Martha Senn, que
además y a diferencia suya, sabe cantar y viene acompañado
con un disco; y el de la Negra Nieves, mujer negra, de ficción,
que me ha fascinado siempre por sus impertinencias y por su coquetería,
y porque refleja desde hace 30 años, día a día,
el corazón de la mujer colombiana, lleno de sentido común
y de picardía. Pero ya que mencionamos la música,
¿usted ha seguido componiendo? ¿Alguien interpreta
su música?
-Naturalmente que sigo componiendo, y quienes interpretan mi música
son los mismos que se leen mis libros de poesía.
-Pero yo no sería tan escéptico con su novela Wozzec,
porque tengo grandes expectativas con respecto a su éxito.
¿O acaso sus cuentos no están teniendo gran interés
en Italia y en Alemania?
-Sí, supongo que mis relatos cortos están teniendo
mucho éxito porque están de moda las antigüedades.
Llevaban -y usted lo sabe bien- como 20 o 25 años ahí
muertos, sin atraer ninguna atención. Yo creo que en su publicación
ahora en Roma, Venecia y Génova, hay como una especie de
fatalidad.
-¿La resurrección es una fatalidad?
-Toca revivir como Lázaro colombiano.
-Sus respuestas no son precisamente diplomáticas. Entre
otras, ¿qué le dejó su paso por la diplomacia?
-La imposibilidad de contestarle esta pregunta.
-Sus respuestas durante esta conversación me dejan un
poco el sabor del tema de su novela.
-Las suyas, Benjamín, en cambio, me llenan de alegría.
Mañana seré un hombre mejor.
-Sería entonces el mayor logro de mi vida.
-De modo que fracasará por primera vez.
Benjamín
Villegas. Entrevista cedida por "El Espectador" de Bogotá
*Editor colombiano (Villegas editores)
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