Creación

AMELIA BIAGIONI TALLO SU VIDA Y SU FUGA HACIA EL INFINITO

Huyó enamorante, originando poesía y éxtasis

"Soy mi desconocida" aseveró la poeta argentina Amelia Biagioni (1918 / 2000)
y jamás se desdijo. Por el contrario, cada uno de sus textos legitimó la orfandad de esa
"niña de mil años" que no tuvo "ni el aya oscura ni el ángel" y que construyó, como escribe Claudia Schvartz para rendirle tributo, una singular manera de estar en este "hostil" mundo, ajena a modas estéticas y a toda actividad tribal. Dejó dicho: "...estoy alegre -apenas mía- / jugando a muerte con mi futura identidad". Y dejó abiertas, a cuenta y riesgo de cada lector, las páginas de sus libros


Foto: Archivo

El fulgor inabarcable

Fui serafín -felicidad- del Sol
Amelia Biagioni

Amelia Biagioni era una mujer pequeña, de tez clara e índole delicada. Una de esas personas refractarias al silencio cómplice. Tenía una mirada frontal y decidida. Su poesía es intensidad, despojamiento: búsqueda de luz "Sólo sé que estoy viva/ y la vida no quema". Una poesía relativa a lo esencial. Ahí su belleza, su rareza. ..."en el misterio / mientras el cuerpo / se le va/desmoronan / do ver- / tical / has- / ta/mo- / rir". escribió en uno de sus últimos trabajos.

Solía corregir infatigablemente y pulía sus poemas incluso después de publicados. No cesaba su celo hacia sus propias criaturas. Por decisión propia, Amelia Biagioni no participaba de "la vida literaria". "Cuidan el equilibrio / entre el lirismo y la ganancia. / Cantan y pujan/venden y celebran. / Detrás de cada máscara sonriente / fulgura el ojo de la concéntrica legión". Su singularidad no comulgaba con modas estéticas ni otras actividades tribales.

Había nacido en Gálvez, provincia de Santa Fe, en 1918, y cursado estudios de Literatura en su provincia. En 1954 el poeta José Pedroni la animó a publicar su primer libro, Sonata de soledad, que obtuvo una faja de honor de la SADE. Recién entonces llegó a Buenos Aires, cuya modalidad hostil acentuó su sentimiento desarraigo: "El campo se fue a la luna, / y el aire está en mi raíz. / Soy, sobre ruido y cemento, / leve perdiz".

Había perdido para siempre "la certeza de que el mundo era un nido". Más bien se afianzó desde entonces la sensación de hostilidad del mundo. "Lleva en el ojo un cazador que acecha / y este en el ojo un cazador que acecha / y este en el ojo un cazador que acecha / y así hasta las tinieblas".
La biografía de Amelia Biagioni quie nmurió este 19 de noviembre en Buenos Aires, es forzosamente escueta. Se dice que amó y fue amada. Se jubiló como vicerrectora de un colegio del barrio de San Telmo. Fue una persona que eligió y talló su singularidad. Porque fue elegida por la poesía. …"estoy alegre-apenas mía- / jugando a muerte con mi futura identidad" escribió en su último libro, Región de fugas, de 1995

Fundamentalmente una escritora de lo existencial, Amelia Biagioni fue liberándose de las ataduras formales de sus primeros libros: Sonata de Soledad -1954-, La llave -1957-, y El Humo -1967-, para escribir desde un profundo misticismo. Su poesía es un arco tendido al infinito y por momentos es sobrecogedora su necesidad de libertad. Cada libro es, pues, una apuesta en ese sentido. Las Cacerías -1976- y Las Estaciones de Van Gogh -1981- son hitos extraordinarios. Región de fugas, en 1995, logra un extremo fulgor como si el despojamiento hubiera llegado al nódulo: poesía, Dios y otra vez poesía. ¿Sientes en el / universal volar / al Amor único / huyendo enamorante, /originando en las entrañas infinitas / infinitas versiones / de nuestro Cántico / de San Juan en / la Cruz y el éxtasis?

Como una peregrina, una extranjera, vivió su extraña vida solitaria, ajena a cualquier cosa que la distrajera. Dependía de unos pocos amigos, fidelísimos. ¿Podría hablarse en ella de posesión seráfica? Fue, como su poesía, despojada y nerviosa, valiente y sutil, sin oropel como una luminosa plegaria

Veo que la subiente estrofa enamorada
              devoración oscura fuga
              generándome,
es escritura de la Luz.

Claudia Schvartz / Poeta argentina

 

La ventana

Procura vivir de suerte
que al final de la partida,
saques de la muerte vida.

(Anónimo)

Una ventana y nada más quisiera,
un fervoroso prólogo del vuelo,
que me instara a subir, con el modelo
de lo que se remonta en primavera.

Me bastaría sólo esa ligera
interrupción de muro y desconsuelo
para desvanecerme por el cielo
clara, sonora, libre, verdadera.

De tanto que la sueño, una mañana
encontraré en mi cuarto a la ventana
llamándome con luminoso grito.

Desde que se abra, viviré de suerte
que me sorprenda el plomo de la muerte
volando en mi retazo infinito.

De: Sonata de soledad (1954)

 

 


La llovizna

Yo, con la vaga frente en la balada
y el talón en el musgo de los siglos,
yo, que inventé el otoño lentamente
y gris y lentamente soy su vino,
yo, que ya agonizaba cuando el hombre
me amó para nombrarme "la llovizna",
yo, que cruzando su durar lo nublo
de eternidad y de melancolía,
yo, que debo medir la soledad
entera, y desandar todo el recuerdo
y más, y gris y lentamente el día
señalado asperjar el fin del tiempo,
yo, a veces, mientras limo tristes mármoles
y herrumbro amantes, pienso que en la tierra
no existo, que tan sólo voy cayendo,
así, de la nostalgia de un poema.

De: El humo (1957)

 


Fulgurante anestesia
El gran rubí dolor-oh místico-
me atregua levitando verde y lejos
sobre el tiempo de las caléndulas

respiro el Häendel aleluya
entre cómplices fluye azul mi cuerpo
sin orillas por un cauce sin fondo.

Revestido de enigma blanco
señor de élan sabiduría y artroscopio
llega Hipócrates

hunde la vara de videncia
en el nudo del alma sangre y carpo
donde empieza mi mano escriba

y en la pantalla dicho con mi letra
de ignoto lumen centelleante,
desapareciendo surge el tácito Poema.

De: Región de fugas (1995)

 

 

En el bosque

Cada día una ráfaga me empuña
procurando mi identikit.
Siempre traza el rumor
que llega a la espesura y sopla:

Soy mi desconocida.

Tal vez
tu mensajera sin memoria
o tu evasión,
sopla el pájaro espejo
cancelándome.

Tan sólo sé
que el bosque errante de los nombres
es mi hogar.

De: Región de fugas (1995)

 

 

N° 12 Aņo IV
Caracas, sábado 23 de diciembre de 2000
 
 
 
 

Libros, Lecturas y Lectores
Elisa Lerner
de la "a" a la "z"

Un alfabeto
de venezolana memoria
(Rafael Castillo Zapata)

 
 
 
 
 

 

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