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Balances
ALGUNOS
LIBROS DEL AÑO
Poesía
del 2000
El crítico y
ensayista peruano Julio Ortega evidencia una vez más su entusiasmo
por la poesía escrita en español: "hay tanta buena para escoger",
asegura en el balance
que remite como cierre del año 2000, consciente de sus omisiones
y de que otros lectores
tendrán "otros libros preferidos". Los suyos llevan las rúbricas
de Juan Gelman,
José Miguel Ullán, Fuentes Lemus, Sánchez Robayna, Mirko Lauer,
Goretti Ramírez, Carmen Berenguer y Vladimir Herrera

Foto: Julio César
Martínez
Carlos Fuentes Lemus / 1998
Habiendo
lanzado la tesis de que es imposible hacer una mala antología
de poesía en español, dado que hay tanta buena para
escoger, me animo ahora a dar cuenta de mis libros favoritos del
pasado año a sabiendas de que sin duda hay muchos que no
he llegado a leer. Pero en poesía no se trata de las estadísticas
sino del entusiasmo compartido. Sin duda, el lector tiene otros
libros preferidos como quien da la buena nueva. Mejor así,
en estos tiempos de fáciles best-sellers la poesía
cultiva la conversación gratuita.
José
Miguel Ullán: Organos dispersos
Fernando Gómez Aguilera dirige la exquisita y casi
secreta colección Péñola Blanca, que edita
la Fundación César Manrique en Lanzarote. Además
de Tejas: lugar de Dios, un magnífico cuaderno de
Francisco Pino, la serie este año incluye Organos
dispersos, uno de los mejores libros de José Miguel
Ullán (1944), cuya palabra operativa ha ido creciendo
en ambas orillas de la lengua. Ullán despliega toda
la calidad de su polifonía gráfica, espacial, y a
la vez, vivencial, con su ductilidad formal y agudeza reflexiva
distintivas, pero también, esta vez, con alegría creacionista
y hasta humor empático. Estos poemas son breves instantes
de fervor duradero. Y hacen fácil lo más difícil,
que la poesía sea la inteligencia mundana, esa luz de la
intimidad. Dice: "El aéreo zigzag / de esa pluma / (se
dibuja / se escribe) / que, aleve, / el jilguero dejara / caer /
(envés de suavidad / sacio de altura) / no puede ser azar:
/ ¿lo ves?". (Este poema se debe leer en zigzag, para
verse ganado al azar).
Carlos
Fuentes Lemus: La palabra sobrevive
Este libro (Seix Barral) fue escrito en inglés y ha sido
traducido al español por Carlos Fuentes, padre de
este joven artista y poeta mexicano nacido en París, que
murió a sus 26 años. Es un autorretrato del joven
artista transido por su conciencia del fin, y por el desasosiego
de su apetito vital. Esa intimidad lleva la inteligencia de la ironía,
y el antidramatismo de un humor insumiso. Se trata de un poeta,
por eso, cabal, que no sólo busca expresarse sino rehacer
la experiencia en lenguaje, y darle forma a la conciencia trágica
que aviva sus pasiones. Lleva, por lo demás, las entonaciones
de su hora plena, cosmopolita, bilingüe y vibrante. Declara
sus amores, fobias y homenajes, con frescura y placer, imbuido de
cotidianidad cierta, enamorado de la vida. Leerlo es admirar tanto
su conmovedor talento como su lúcido valor.
Juan
Gelman: Tantear la noche
En la misma colección, Juan Gelman (1930) entregó
otro puñado de poemas que, en su caso, equivalen a un puño
sobre la puerta del lector. No porque sean en voz alta sino porque
nos citan a los dilemas del día, a esa conversación
interrumpida. Tantear la noche está hecho por los
hilos sueltos de esa charla nocturna donde las palabras son los
primeros auxilios del nómada. Una reflexión sobre
andar y hablar el poema, este breve grande libro lleva la sabiduría
de un poeta que ha convertido a la duda en una fe metódica.
Su poética, Fe de erratas, anuncia que "el pájaro
se desampara en su vuelo / quiere olvidar las alas / subir de la
nada al vacío donde / será materia... su claro delirio
/ con los ojos abiertos / canta incompletamente". Y también:
"Los pájaros de Tlalpan cantan y / caen bombas en Kosovo.
Entre / un sonido y otro los sentimientos / pierden la nacionalidad".
Gelman, sobreviviente de la Argentina mortal, obtuvo este
año el Premio Juan Rulfo de la Universidad de Guadalajara,
México. Pero no busca tener razón; más bien,
comparte la alarma de sentir.
Andrés
Sánchez Robayna: Poemas (1970-1999)
Sánchez Robayna (1952) ha reunido en este tomo de
la espléndida serie de Galaxia Gutenberg las once colecciones
de su poesía, que recorre las visiones y versiones de la
pertenencia a un mundo hecho en la mirada y salvado en las palabras.
Poesía a la vez breve y generosa, da cuenta del instante
cristalizado en el lenguaje: el paisaje se hace palabra, y el poema
un albergue del mundo. Esa mirada límpida y esa palabra material
muestran en esta obra la feliz convergencia de la mística
y el barroco. El poema es la huella de una celebración. Huella
grabada en un mundo en blanco, ceremonia de purificación,
ritual de goce y perfección. Pero el poeta ensaya también
otros registros, y desde los años noventa su poesía
se llena de preguntas. En primer lugar, por la voz que narra entre
los ecos de paso. La palabra ya no sólo ata, también
desata las cosas, y fluye en el deleite de su enigma.
Mirko
Lauer: Tropical cantante
Desde el "combo latino de la juventud", el peruano Mirko
Lauer (1947) propone la figura heroica de un "cantante
tropical" como emblema del poeta antiheroico. Este libro (Ediciones
el Virrey, Miguel Dasso 141, Lima 27) escenifica una visión
irónica de la vida peruana actual, hecha entre la miseria
política, el desencanto de lo moderno, y la fragmentación
nacional. Su estética de la sorpresa y su arte combinatoria
traman cantos anticonvencionales, hechos con un barroco profuso
y una narración discursiva. Esas tensiones revelan el desgarramiento
entre la emoción y la crítica, la tradición
y el escepticismo, el humor y la asfixia. Una poesía de fuerza
y convicción, que intenta reescribir las mitologías
de un país que las ha quemado todas en la vida pública
onerosa: "César Vallejo ha muerto. ¿Ah,
sí? ¡Qué vaina!".
Goretti
Ramírez: El lugar
Aunque es su primer libro, la española Goretti Ramírez
(1971) nace ya madura no sólo al lenguaje poético
sino al pensamiento sobre ese acto extremo: "Bajar lentamente
/ la escala y entrar / descalza en la letra", reza el primer
poema, titulado "Lectura". Y esta lectura del mundo, y
del sujeto entre los nombres, es una indagación que la poeta
asume con rigor contemplativo y agudeza interrogativa. Ceremonia,
el poema es una obediencia ritual. Camina la orilla reciente de
un mundo revelado. Leemos sus huellas como si fueran las nuestras,
como si recobráramos un sueño. El lugar (Paradiso
Ediciones) es, por ello, el espacio de reconocimiento, el recorrido
interior de una comarca entrevista.
Vladimir
Herrera: Poemas incorregibles
También peruano, Herrera (1950) ha hecho su obra en
Barcelona, y este libro (Tusquets) es una suerte de mapa de ese
trabajo entre grandes modelos (Góngora, Lezama, Eguren,
Martín Adán) y largos debates ("Pobre poesía
peruana" se titula una secuencia sobre el poeta como "polvo
de lloro" entre "la recitación y el rezo").
Poesía que discurre como el asedio de la poesía misma,
del cual el poema es un gesto azaroso, ensimismado y lujoso. Con
ironía y bonhomía, Herrera discurre placentero:
"En la solana habiendo acabado un verso en el jardín
/ De un relato perfecto y tendidos en la apariencia". "Morboso
y quieto", el que enumera pule si no las palabras de la tribu,
sí algunos de sus amuletos.
Carmen
Berenguer: Naciste pintada
Berenguer (1946) es una poeta chilena que se ha propuesto
recobrar las sagas de la marginalidad como un documento sobre la
subjetividad de su país y su tiempo, hechos, como pocos,
en la violencia y el silencio. Este libro (Cuarto propio) reúne
la documentación de esas voces en la escena de la palabra
recobrada. Da de hablar a la mudez civil, allí donde la ocupación
militar del espacio público incluyó también
el espacio interior. Por eso, es un libro descarnado y excesivo,
una biografía secreta de la vida chilena en el proceso de
adquirir el diálogo. Canto de la sobrevida, elabora voces
femeninas de la prisión y titulares de la prensa popular
("Se sacó panties y estranguló esposo"),
y se propone la reconstrucción de una Casa de la Poesía
dentro del Barrio Chino. Su método, persuasivo, convierte
prácticas de habla marginal en demandas por una certeza tolerable.
Julio
Ortega. Escritor peruano
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N°
14 Año IV
Caracas, sábado 06 de enero de 2001
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