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Creación
DESDE
EL "LUGAR DE AUSENCIA" MARVELLA CORREA OFICIA
La privacidad celebratoria
A puertas cerradas
acomete las tareas del poema Marvella Correa, afanosa
por ordenar los misterios, las voces, los rezos, cantos, susurros
que la habitan
y que divisa el poeta Rafael José Alvarez en Lugar de
ausencia; lugar que es libro
y que es estancia impregnada por la pugna que libra la autora con
"el otro" y "lo otro"
que la acosan y que alcanza a rendir, a domar sólo a fuerza
de la parquedad expresiva que la distingue y la tornan huésped
de "la casa imaginal" erigida por Lezama

Foto: Archivo
Marvella Correa
En lugar de la casa
"como (imagen) de un tiempo laborioso" -según concluye
María Fernanda Palacios al abordar el poema de Lezama
"La mujer y la casa"- la de Marvella Correa es
una estancia donde se conjugan silenciosamente depresión
y vencimiento. Aquí se sienten aún los rumores inocentes
("rezos", "nanas", "tarareos") que
una privacidad celebratoria convierte en lenguaje que consagra;
es decir, "una polifonía que la historia ha desertado",
como dice María Fernanda y lo insinúa Marvella:
Lugar
de ausencia
aquieta
el rezo
"Puerta del cielo"
"Estrella de la mañana"
Lo sensorial restituido por estas imágenes rituales que constituyen
el trajín velado de la casa expresa lo no esencial en el
nuevo poemario de Marvella Correa, Lugar de ausencia,
pero sí el orden inseparable de vivir su habitación
que es ella misma y compartirla. Avistamiento de un espacio que
Lezama -recuerda María Fernanda- pone en la mirada interior
para que esa casa imaginal "se justifique en los ojos de los
hombres". Marvella -la casa que siente con innumerable compañía
y sin embargo desolada- acaba por fundirse en la imagen que a un
tiempo rechaza y persigue en el alterno:
La
casa mía es de otros y
es mi casa
heredad de misterios sus espacios
digo míos
y de otros son las voces
que mandan en los patios de
mi casa
distintas a mis pasos son las
huellas
que duermen en los cuartos
Con todo, lo corpóreo de su habitación es en Marvella
"un marco vacío", su interioridad en donde -paradoja
de un ser defraudado- será su propio huésped:
Soy
la despierta que te sueña
la que busca su sombra
la del marco vacío
la invitada
La recuperación de ese espacio físico que subyace
en la memoria -inaprehensible pero cierto en lo sensorial- está
en el apacentar, que en todo caso es el vencer, la aniquilación
del otro que se ha escapado de la casa pero que permanece en ella,
y que para María Fernanda "es el lugar para la doma"
como en la poesía de Marvella:
Casa
es guarida
amaestrar
domesticar
no
Lacerada por el trauma, descubre en el "sometimiento"
del otro su propia curación, tal como lo inquiere María
Fernanda en ese juego interior que persuade y al mismo tiempo vence:
"¿No es la casa también el lugar para curar las
heridas?". Y siendo que la habitación del yo la ocupa
el otro, necesario es amaestrarlo y destruirlo pese al desconocimiento
deliberado de las propias obsesiones, las que pugnan entre el padecimiento
y la liberación, y que Marvella intenta resolver con sus
preguntas:
Quién
franquea la entrada
en puerta abierta
Quién
le cierra a mis ojos
tus ventanas
Quién
me exilia de ti
y en ti me entierra
Sepultarlo,
en fin, en las desgarraduras alevosas que ella habita.
En la interpolación
de las imágenes se oculta el doble. Decía Jung:
"La doblez del ánima, altavoz del inconsciente, puede
aniquilar completamente al hombre"; es decir, el otro.
En esta poesía
de Marvella Correa -autora, además, de La simiente
constante y Entre mieles- la intensidad deviene de la
parquedad expresiva. Se dice con extrema precisión el don
recitativo que sólo tiene lugar en quien encuentra, a diferencia
del Cantar de los cantares, que es una búsqueda apasionada
del amor en medio de un pueblo vencido y desterrado. Es lo que los
exegetas encuentran en esa pieza literaria tan extraña -según
se observa- a las culturas orientales. En Marvella apenas se insinúa,
como en otro poema apasionado -el libro de Tobías- el amor
de "una parejita simpática y creyente", apunta
el texto bíblico, y que se manifiesta como un signo recurrente
de la libertad de los amantes, tal como en Marvella: "Sin tu
mirada / nada dice el vuelo de los pájaros". O: "Invidente
/ el animal rasga mi sueño / buscándote". Como
también: "Llegas / como anuncio de primavera / en la
corteza reseca del verano".
Sí.
Marvella refleja en sus poemas lo que el amado en los Cantares:
"Yo les ruego -dice él- por las gacelas y las cabras
del campo / no despierten ni molesten el amor hasta cuando ella
quiera".
Pocas poetas
venezolanas manifiestan en la brevedad de unas palabras el sugerente
erotismo, como distante se desprende de las inhibiciones del autor
de los Cantares, que es entrega y al mismo tiempo ruptura con el
trágico sino de Israel.
Marvella, con
Elena Vera, María Fernanda Palacios, Patricia Guzmán,
Lidda Franco Farías, María Auxiliadora Alvarez, Celsa
Acosta y esa constelación de mujeres que han impulsado
con admirable diligencia los ejercicios expresivos de este tiempo,
viene a ocupar un sitio de honor entre aquellas que encarnan con
valía el destino cierto de la poesía venezolana.
Rafael
José Alvarez. Poeta
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Contención
del cielo
y de la tierra
primigenia y
unánime techumbre
espejo inequívoco
ligadura perenne
a otros rostros
Permaneces
bóveda absoluta
de un tiempo
ausente de memorias
De: Lugar de ausencia
/ Falcón, 2000
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