|
Ensayo
ANTOINE
DE SAINT-EXUPERY, ESCRITOR Y AVIADOR, UN FRANCES EN AMERICA DEL
SUR (Y II)
"Para
mí, volar o escribir es una misma cosa"
Denise Delprat
ha explorado en las incursiones, diríase aéreas y literarias, de
Antoine de Saint-Exupéry en la Patagonia. En esta segunda y última
entrega de su ensayo, la investigadora coloca nuevamente el acento
en la recepción que tuviesen en Francia los títulos que Saint-Ex
escribiese en Argentina y esencialmente sopesa las repercusiones
emotivas de la hostilidad que su éxito como narrador suscitara entre
sus compañeros pilotos de Aéropostale
Si
fue rápida la consagración de Saint-Exupéry
como escritor en Francia, esta no pudo borrar en él la recepción
hostil a su libro en su medio profesional, recepción que
influyó tanto en él hasta destruir al hombre que decía
"para mí, volar o escribir es una misma cosa".
Habrá también repercusiones en su obra futura y el
avión no va a tener un papel tan omnipresente en Tierra
de hombres, su obra publicada en 1939, en que está ausente
el avión en varios capítulos. La Patagonia sigue presente
con el relato de la aventura de Guillaumet, en los Andes, el vuelo
en el cielo de Río Gallegos a Punta Arenas, sin olvidar el
capítulo llamado "El piloto y las fuerzas naturales",
que forma parte de la versión publicada en inglés
y que se editó en francés en la revista Marianne
el 16 de agosto de 1939.
La primera
crítica de Tierra de hombres de Robert Brasillach
en la revista l'Action française, el 16 de marzo de 1939,
desagrada a Saint-Ex, quien no acepta la condenación
del heroísmo individual. En Les Nouvelles littéraires,
el 18 de marzo, René Lalou reconoce el universalismo
del autor. Benjamin Crémieux en la N.R.F., el 1 de
junio, subraya que el sentido de la responsabilidad domina en los
héroes de la obra y en su autor Saint-Ex. Edmond Jaloux
como Henry Bordeaux hacen campaña para que obtenga
el Gran Premio de la Novela de la Academia Francesa. Y efectivamente
el 14 de diciembre de 1939 la Academia se lo concede. Louis Gillet,
el director, proclama que: "El Gran Premio de la Novela va
a Tierra de hombres del señor Antoine de Saint-Exupéry,
la obra no es novela. Sin embargo, será la unión del
aviador y de la soledad del desierto. Todo el libro es como llevado
por una alegría nupcial que a veces se pierde en un lirismo
filosófico
Admiramos sobre todo su ternura varonil
por sus compañeros, su generosidad, su maravilloso relato
del martirio de Guillaumet
La Academia no puede escoger mejor
que este libro, ya que este año se ponen duramente a prueba
nuestros aviadores". Efectivamente, Francia y Gran Bretaña
han declarado la guerra a Alemania. En aquel ambiente de guerra
el libro de Saint-Ex obtiene un gran éxito editorial.
La obra de
Saint-Ex sobrevive después de la desaparición
del piloto en 1944, sigue interesando a muchos lectores aunque están
en un nuevo contexto histórico. En el campo literario nace
por cierto una polémica que pone de manifiesto el libro Saint-Exupéry
en procés (1967) de R. Tavernier, así
como Les critiques de notre temps (1971) de B. Vercier.
No voy a desarrollar el tema, ya que mi propósito es la recepción
de las obras nacidas de la vivencia de Saint-Ex en Argentina
y no la producción literaria entera. Sin embargo, es interesante
notar lo que François Nourissier escribe en 1967:
"Los dos escritores franceses contemporáneos más
a menudo y rabiosamente desprestigiados en nombre de la inteligencia
y del gusto son también los escritores franceses predilectos
de los lectores de veinte años. Las cifras de las tiradas,
las estadísticas de los libros de bolsillo, no pueden dejar
ninguna duda al respecto: las obras de Saint-Ex y de Camus
son los estandartes que enarbolan los adolescentes franceses".
Nourissier sigue explicando que los jóvenes estiman
al hombre valiente que no llevó una vida de literato tradicional
y termina así: "Un poco de valor les parece garantizar
la literatura".
Los jóvenes
de hoy, los del año 2000, reaccionan también como
sus padres en la adolescencia, pero otro aspecto les interesa, les
seduce. A ellos les apasiona la exploración submarina, subterránea,
interplanetaria, y Saint-Ex nos inicia en esta exploración
cuando su avión se zambulle en la noche y nos introduce en
un mundo en que aire y agua se confunden, en las galerías
profundas bordadas de pilares que evocan la entrada en una catedral
o en una cueva subterránea. La visión que el piloto
nos da de la tierra nos hace penetrar en un mundo nuevo, con una
topografía móvil y frágil. Al evocar el desencadenamiento
del viento y de la nieve en los Andes, Saint-Ex, para hacer
más patentes sus sensaciones, escribe: "El horizonte
ya no hay horizonte. Estoy encerrado como entre los bastidores de
un teatro atiborrado de telones de foro en desorden. Verticales,
oblicuas, horizontales, todas las líneas se mezclan".
Una sinfonía de colores cambiantes anuncian al piloto la
tempestad o la calma. Así vemos que la óptica aeronáutica
prevalece en el texto de Saint-Ex para quien: "No se
aprende a escribir sino a ver. Escribir es una consecuencia".
Por eso esta prosa tan fraternal y emocionante, tan poética,
tan moderna, gusta a los lectores de hoy, acostumbrados a las técnicas
cinematográficas y televisuales, lectores al acecho de las
maravillas escondidas de nuestro planeta.
No quiero terminar
sin dar a conocer el notable esfuerzo que hicieron sus compañeros
pilotos para rehabilitar al pionero de la Línea de Patagonia,
Patagonia "tierra abollada como un viejo caldero", subrayando
los méritos del piloto-escritor. Migeo, por ejemplo,
un aviador-escritor que conoció a Saint-Ex, escribió
una muy bella biografía en la revista de la aviación
francesa Icare; a partir de los años setenta emprendió
una tarea enorme al reunir un montón de documentos que ocupan
siete números especiales. El gran historiador de la aviación,
Edmond Petit, termina su Historia mundial de la aviación
con una cita de Saint-Ex al preguntarse cuál es
el balance de la aviación: "El avión no es una
meta, es una herramienta. Una herramienta como el arado
El
hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo. Para
alcanzarlo le hace falta una herramienta
el avión,
la herramienta de las líneas aéreas, mete al hombre
en todos los viejos problemas". La cita de Tierra de hombres
señala de modo muy patente la gran influencia de Saint-Ex
sobre nuestros contemporáneos y el piloto-escritor-inventor-poeta
hubiera estado fascinado por la Red mundial de Internet como lazo
fraternal entre los hombres del planeta.
Denise
Delprat. Investigadora francesa
|
|
N°
14 Año IV
Caracas, sábado 06 de enero de 2001
|
| |
 |
|
|
| |
 |
|
|
|
|
 |
|
|
| |
 |
|
|
|
|
 |
|
|
| |
 |
|
|
| |
| |
|
|
|