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Mira,
la vida
henchida de olas
se bate contra mi cuerpo.
Aún
no se alza a mi corazón
dime,
¿cuándo lo hará?
Siento
cómo levanta
muy alto
sobre
mi cabeza
andan ríos encontrados
escucha,
la sinuosidad de las aguas
ahoga mi garganta
cómo
puedo decirte nada.
***
Tengo
un cuenco y un espejo
los dos están hechos
de un metal distinto
los dos
devuelven luz
mas mi rostro
tiembla como un cordero
si alguno
se quiebra
vendrá
lo oscuro
por encima de mis ojos
***
Aquí
la vida despierta
con el sonido del trueno.
Un hombre
acerca su rostro a la tierra
aflora lo seco
bajo los
árboles
la presencia deshabitada
eriza sus costras
deshoja la hondura de la herida
si uno
se vuelca a la casa
no hay lámpara que prosiga
el alma desprende
la presencia del sol.
Aquí
la estancia es hoja arraigada,
descanso en el abismo,
mudez en el cuerpo
en la
cumbre
aguarda lo oscuro
se huye
hacia un templo sin Dios
al paso
de la memoria
los pies encuentran calma
un cuenco
los trae a su fondo
entonces,
el silencio
abre el vacío.
***
El
viento duerme
arrullado por el cielo.
El espacio
se aletarga
amamantado por el infinito pecho.
El cuerpo
arde
en la candelada de una boca.
El cielo
está en silencio
calla su arrullo
todo
es como si no fuera.
***
He
aquí
el rostro del oscuro árbol
donde me arrodillo
prendida
del ala del pájaro
presta al vuelo de la sombra
hablo a la luz que desampara
cargo
entre mis manos
los ojos de un Dios
soy agua
y en mis puños
un ardor se crispa
huyo del
temblor
de la palabra
vaciada dentro.
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