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Ensayo
Picón-Salas
y el arte de narrar
La Universidad
de Los Andes vuelve sobre los pasos de Mariano Picón-Salas
y con una programación de orden académico (los días
25 y 26) da inicio a un homenaje nacional
que se prolongará hasta el mes de junio. Como preámbulo
al recorrido por esos "cien años de errancia" del
escritor merideño, Víctor Bravo y Gregory Zambrano
coinciden en transparentar los rasgos, la temperatura utópica
de la obra, y en particular de la narrativa, de Picón-Salas:
Bravo refiere la utopía estética y Zambrano la ética

Cuadernos Lagoven / Venezuela metida en cintura: 1900-1945
Picón-Salas: conciencia de la historicidad
cultural
La obra narrativa de
Mariano Picón-Salas se reúne en un conjunto
de obras cuyo denominador común es la hibridez genérica
y el discurrir fragmentario. Sus narraciones están articuladas
como sumatoria de "cuadros", relatos intermitentes que
van dando cuerpo a las atmósferas textuales. Desde sus primeras
tentativas, que se concretaron en Agentes viajeros (1922),
Mundo imaginario (1927) y Registro de huéspedes
(1934), hasta las obras que pretendieron constituirse más
como novelas, Odisea de tierra firme (1931), Viaje al
amanecer (1943), y Los tratos de la noche (1955), estos
rasgos son constantes.
El ensayo, la biografía y la narrativa son los géneros
más frecuentados por el autor. En ellos confluyen sus preocupaciones
constantes que tienen base, principalmente, en los pormenores de
la Historia pasada, mas no solamente como recuento y síntesis,
sino como cuestionamiento crítico que se afinca en la tradición
occidental y plantea algunas proyecciones sobre el tránsito
hacia el futuro.
La obra piconsaliana,
que se expresa en planos diversos, pasa por lo conceptual, y por
la imagen verbal. En ese sentido, muchos de los aspectos más
significativos de sus narraciones están sometidos a una especie
de conciencia de la historicidad cultural y, principalmente, a su
relativa verdad social. En ese camino se encuentran las correspondencias
de su visión del mundo como venezolano y como latinoamericano,
inmerso en una cultura y, sobre todo, en una lengua que establece
vasos comunicantes abiertos hacia otros procesos culturales. Su
visión trata de ser totalizadora, entendiendo esta premisa
como una visión de conjunto, procesual.
Esta consciencia
de proceso la expresa en sus ensayos de valoración y síntesis,
como Formación y proceso de la literatura venezolana
(1940) y De la conquista a la independencia (1944); pero
también subyace en la concepción sistémica
y procesual de sus obras narrativas, principalmente en Odisea
de Tierra Firme, Viaje al amanecer y Los tratos de la noche.
Todas estas obras, vistas en perspectiva, conforman una visión
muy particular de importantes momentos de la Historia venezolana,
desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.
Picón-Salas
recupera en lo formal una tradición narrativa nacional y
transgrede en lo temático; sus obras, escritas en su mayoría
fuera del país, regresan a las fuentes primeras de la novela
y el relato venezolanos del siglo XIX -el artículo de tradición
y el cuadro de costumbres-, para desde allí iniciar su proceso
de revisión y de cuestionamientos frente a lo histórico,
lo social y político. En ese marco, sus personajes -en su
gran mayoría- están conflictuados frente a
su entorno y sus narradores viven constantemente impactados frente
a esa misma realidad; por ello se desplazan, buscan nuevos espacios,
no solamente para reaccionar contra el entorno y sumarse a determinada
diáspora, sino, principalmente, para encontrarse a sí
mismos.
Se hace significativo
en su narrativa el imaginario del viaje, que con diversos motivos
y rostros se muestra en cada una de sus obras. El viaje se constituye
en metáfora del devenir, de futuro. Ante el presente del
narrador, el horizonte de expectativas se abre con el viaje como
una posibilidad de cambio. Si el presente se cancela, el viaje funciona
como una posibilidad de exorcismo contra el fracaso. Allí
reside el sentido positivo de lo que él mismo denominara
la "errancia". Por esa razón en sus novelas y relatos
se manifiestan diversas aperturas hacia lo indeterminado, hacia
las expectativas que se revisten de esperanza; en fin, hacia la
utopía.
Podría
decirse que Picón-Salas construye un imaginario nacional
a partir de contrastes y búsquedas en su propia tradición
histórica, geográfica, cultural y política.
La mayor parte de sus textos aparece enmarcada por un tiempo presente
que abre un largo paréntesis para la retrospección,
y en ello se articula el gran cuerpo de su narrativa: evocación,
semblanza, recuerdo, en fin, memoria. La conciencia del tiempo es
asumida como un ejercicio de libertad. El tiempo, y también
el espacio, son importantes soportes que adquieren un valor más
allá de lo estructural y se tornan quizás en el elemento
central de su escritura.
En las narraciones
de Picón-Salas se logra una representación
ficcional que posibilita la apertura hacia distintas formas de la
conciencia crítica; personajes y narradores tipifican sus
puntos de vista sobre la revisión de modelos del pasado para
confrontar el presente. Tal conciencia histórica es un llamado
de atención en la medida en que se sostiene sobre la denuncia
de las injusticias y los abusos que se ejercen desde el poder. Esto
posibilita una aproximación a la realidad que se convierte
en estatuto ideológico; es decir, presenta una perspectiva
que puede entenderse, en última instancia, como visión
del mundo del autor, expresada artísticamente en textos de
"ficción".
Picón-Salas
presenta en las "historias" de sus narraciones mucho de
su propia historia, pero no sólo la personal, sino también
la de sus semejantes próximos, con lo cual trasciende la
visión individual íntima para mostrar una preocupación
social. De allí la recurrencia subyacente, como signo inequívoco
de madurez, a la conciencia hegeliana de lo colectivo. En su obra
se expresa una constante valoración e incorporación
de la Historia, que se fija por medio de las marcas de época
que tanto enriquecen su escritura. En ese sentido, y al igual que
en lo ensayístico, el proyecto narrativo de Picón-Salas
es integral, procesual.
El narrador
-y los narradores- elige un punto de vista, una perspectiva que,
por un lado, le permite articular y controlar la lógica de
lo contado y, al mismo tiempo, le posibilita ser testigo excepcional
-y crítico- de todos los acontecimientos que se organizan
en el relato. En medio de las aproximaciones particulares que permiten
asumir el conjunto de la obra piconsaliana y, sobre todo, por la
especificidad de su escritura narrativa, se hace necesario establecer
vínculos que se producen entre lo narrado y sus respectivos
"correlatos"; esto quiere decir que la obra como totalidad
se ve hacia adentro de sus propios sistemas de escritura. Desde
las obras narrativas, puestas en diálogo entre ellas mismas
y con el conjunto ensayístico del autor, se van abriendo
puntos de contacto con lo social, lo histórico, lo cultural,
lo político, etcétera; eso que he llamado "correlato"
y que permite establecer a la par que muchos elementos reiterativos
dialogantes, preocupaciones sostenidas a lo largo de la vida del
autor, y que intercaló en su rica, abundante -y también
privilegiada- obra ensayística.
Gregory
Zambrano. Ensayista
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