Reseña

VASCO SZINETAR

Voces de hoteles

Los brevísimos poemas de Hotel Pensilvania, escritos por Vasco Szinetar y publicados recientemente por Pequeña Venecia, van tomando cuerpo a través de un yo poético que busca minuciosamente, entre la página en blanco, sus respuestas frente a la memoria, la muerte y la trascendencia.

Esta búsqueda introspectiva va cargada de ciertos elementos que le dan la densidad formal a los poemas: los espejos, el espacio y la imagen fotográfica, tres vías en las que continuamente transita el yo poético, quebrándose ante la contundencia del retrato, ante el juego siniestro de la fotografía: "impasible / esperas / dar el salto / sobre ti mismo / sobre la piel vigilante / que aguarda / en los umbrales / tu imagen última" ("Momento para un retrato", p. 9).

El espacio que habitan estos poemas ya está asomado en el propio título del libro: hotel, imagen con la que empieza y culmina la búsqueda, tal vez porque es un espacio donde nadie pasa y, a la vez, se pasa continuamente, donde no hay descanso, donde cualquier referente, cualquier nombre, se expande en el anónimo registro escrito de la lista de huéspedes. Desde el primer poema, "Hotel room", hasta el último, "Hotel Pensilvania", el libro gravita en un espacio impersonal, un no-espacio donde se almacenan recuerdos, presagios e imágenes fotográficas, donde "se evade / y permanece /…navega simplemente" ("Escudo", p. 12).

En ese no-espacio donde "navega simplemente" el yo poético -"desgarra el aire / hacia abajo / ciegamente / hacia abajo" ("Así es como acaba el mundo", p. 29)-, la imagen del hotel proporciona la vuelta de tuerca en la constitución de un discurso íntimo, absolutamente introspectivo y melancólico: "una tristeza súbita que no es de nadie" (ibid), que percibe la casi inutilidad de su búsqueda: "delimitó su espacio / de sí / al infinito / no resistió" ("Epitafio", p. 14).

En cuanto al espejo, adherida imagen borgiana en la poesía contemporánea, se atisba aquí su presencia fantasmal: "lo perdido / eso / lo que deja tu rostro" ("Fragmento", p. 10); "ojos / clamando" ("Speculum", p. 16); "…escudos / llaves que se fijan / para guardar lo mismo" ("Hotel room", p. 5).

Si enfrentáramos el discurso poético de Hotel Pensilvania, con ciertos trabajos fotográficos recientes del propio Vasco Szinetar, relación que no deja de ser obligada al tratarse del trabajo escritural de un fotógrafo, tal vez encontraríamos una textura más limpia en el conjunto de sus poemas (no sólo en la forma, mucho más en el contenido) que en su obra plástica, ambos discursos cruzados por el encuentro con la perpetuidad, con el juego con la muerte y los espejos. La dureza de sus últimos trabajos plásticos se vuelve melancolía en el libro de poemas, el cual tantea para encontrar su voz más íntima que explique tanta tristeza, el paso siguiente de esa misma voz petrificada en el papel fotográfico.

Diego Casasnovas. Ensayista

N° 17 Aņo IV
Caracas, sábado 27 de enero de 2001
 
 
 
Reseña
Vasco Szinetar
Voces de hoteles
(Diego Casasnovas)
 
 
 
 

 

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