Los espesores vitales
de Ana Enriqueta TeránLa verdadera "casa de hablas" de la poesía venezolana, y de nuestro ser, está arraigada en la voz de Ana Enriqueta Terán (Valera, 1918) que se espesa con el temple de su alma y de sus treinta años oficiando la soledad. Por estos días del 24 al 30 de agosto la interrumpimos para agradecerle las oraciones que nos ha regalado en más de diez libros siempre erguidos como catedrales que nos protegen. Del último, Construcciones sobre basamentos de la niebla, nos permite palpar, como cuentas, cuatro poemas en esta entrega a ella consagrada. María Antonieta Flores, Víctor Bravo, Patricia Guzmán y el fotógrafo Rafael Salvatore firman el homenaje a la poeta, figura central de la VII edición de la Semana Internacional de la Poesía que este año recibe a veinte reconocidos escritores.
Foto: Rafael Salvatore
"Desesperadamente he deseado creer, creer Sé de memoria ocho salmos y frecuento las iglesias cuando están vacías y yo estoy sola", ha confesado Ana Enriqueta Terán, bastón, anillos al frente
El collar de la paloma del alma lo lleva puesto Ana Enriqueta Terán. Cada piedra es un misterio, cada piedra es el corazón endurecido del último pájaro que cantó en la noche. Todas son piedras preciosas o insignias de su magistratura y dignidad. O quizá no sean piedras sino una faja de plumas de colores como las que tienen alrededor del cuello ciertas aves. O quizá no sean plumas sino onoto y salvia para sabores, mientras ella avanza hacia el relato sagrado. Todas son piedrecillas de adivinación.(Creo en la sacralización de la poesía. Es posible que sea un poco demodé, pero debe haber algo sagrado en mí, en una parte). En tu cuello Ana Enriqueta, en las cuentas de tus collares, en los anillos de oro que llevas en la mano izquierda, debajo de esa ala que refleja lo oscuro, o en los anillos de plata que llevas en la mano derecha, debajo de esa ala que exhala luz pura. Son los anillos de tus infinitas bodas con el cielo, son tus santas alianzas.
(De niña, de jovencita, me vivía haciendo coronas para el pelo. Pero no las hacía de flores sino de hojas, hojas de colores, hojas de flores de olor y hasta con las hojas de las matas de mango). Esas hojas ligeras y perfumadas te protegían Ana Enriqueta contra la implacable vigilia del amor y de la belleza que pueden arrastrar a la orilla de la locura: Ofelia: "Aquí traigo romero que es bueno para la memoria. Tomad, amigo, para que os acordéis Y aquí hay trinitarias, que son para los pensamientos Aquí hay hinojo para vos, y palomillas y ruda para vos también, y este poquito es para mí Nosotros podemos llamarla hierba santa del domingo ; vos la usaréis con la distinción que os parezca Esta es una margarita Bien os quisiera dar algunas violetas, pero todas se marchitaron cuando murió mi padre. Dicen que tuvo un buen fin".
Sí Ana Enriqueta, también tu padre y tu madre tuvieron un buen fin; basta detenerse en tu mirada para darse cuenta ( al borde de mis ojos comienzan las distancias/ y los mares más tristes reposan en mi sueño). Pasa contigo como con la Rosa Mística: el ojo izquierdo de la Señora está Vivo. Hemos entonces insisto de coronarte y de colocarte un collar, el collar de la paloma del alma. Y constituidos en una milicia de mortales que intentan la salvación por la gracia de tu poesía, seguiremos volando en torno a la rosa que llevas entre las manos ( Siguió la rosa para bien de todos. Mas ninguno la besa, permanece/ donde estuvo; del aire, del silencio).
Como quien escribe una oración y pide en la oración mucha humildad y un extenso aliento para resistir el brillo y cercanía de tu palabra Ana Enriqueta, y pide en la oración mucha obediencia y tu aceptación, quedo de ti.
Patricia Guzmán. Poeta y periodista
Girasol nocturno
Foto: Rafael Salvatore
"Transito por la vida con mi presencia en fuegos abismales"Cuenta Ovidio la vicisitud que transformó a la ninfa Clitia en girasol, y "aunque sujeta a la tierra por sus raíces, gira hacia su querido Sol y aún después de su metamorfosis conserva su amor". Y cuentan algunos enterados que esta flor, llamada también heliotropo aunque seguramente sean distintas es símbolo de la fidelidad.
El heliotropismo, ese movimiento, esa inclinación que sigue al sol en su recorrido desde el orto hasta su ocaso, para dejar a la redonda flor caída y abandonada durante la noche, es un acto que en la interioridad se transforma en la expresión de la relación con el otro y con lo otro.
por eso toco el verano
del girasol que padece
sus amarillos y crece
hasta hacerme comprender
su sombra que he de beber
y el silencio que obedece.No cabe duda, la revelación se le ha otorgado a Ana Enriqueta Terán, y con cuantía. Ese padecer ha alcanzado su palabra y en este tránsito, de la palpable luminosidad, ha llegado a la obscuridad y el silencio.
Experiencia reverencial y mística es el poema; también, exigencia, prueba. La confesión que se precipita en su escritura permite afirmar la intensidad pasional y padeciente de un alma y un cuerpo doblegados ante la fuerza de lo poético y erguidos desde ese mismo vencimiento. Así, la poeta ha sabido "usar del girasol la delicada reverencia" para lograr en su palabra "El girasol personal milagrosamente enhiesto".
Fidelidad a lo obscuro y al misterio, no ha habido otra posibilidad. Por esto el girasol, imagen y símbolo, se hace presencia constante en su escritura para sostener la debilidad abierta ante tanto torrente y trascendencia:
Firmar lo que se escribe es cosa fuerte.
Alguien firma y estalla en la escritura
el mismo girasol que torna pura
la eternidad en el instante inerte.Unidad, rigor y fuerza vendrán dados en Ana Enriqueta Terán, por esa fidelidad que la hace seguir el rumbo que la Poesía traza, rumbo expresado en dos formas de desarrollo casi paralelo: la forma clásica encauza su pasión, su caudal, bajo los designios del ritmo y la métrica, en los poemas que siguen los cánones de la libertad formal se encauza en la violencia sintáctica y en la obscuridad semántica.
De tal modo, imagen, forma y temas se han mantenido constantes en sus variaciones. El erotismo del comienzo, uno de sus más significativos rasgos líricos, no desaparece sino que se transmuta. Lo materno no anula esa corriente del eros, sino que se integra en un solo decir. La pasión desbordada encuentra continente en el poema, cuenco es la forma clásica y cuenco la sintaxis ayuntada y hermética. Y siempre la soledad. Saberse así, poeta y sola.
De la rosa ese símbolo de la cultura occidental, que deja su firme impronta en sus versos al girasol, planta de origen americano, hay una travesía escritural que delata la experiencia abisal de lo poético, pues más allá de las resonancias que en su psiquis individual ha producido la amarilla flor, están las que provienen del inconsciente colectivo. Símbolo solar en la cultura incaica, se ha constituido, según Manfred Lurker, en un símbolo moderno que data de la segunda mitad de este siglo. El girasol "pasa a ser el emblema (la más de las veces secular) de la vida, la resurrección y la salud" (Bies, citado por Lurker).
Voz con conciencia transpersonal, se sabe concedida a una experiencia que la sobrepasa y a la cual se entrega y sigue con "delicada reverencia" pues, tal como escribió:
Transito por la vida
con mi presencia en fuegos abismales;
soy yo, la concedida
de espesores vitales,
tierna y fluyente en prados terrenales.Pero, el girasol se orienta hacia las sombras, su tropismo se transforma en nocturno movimiento. La inversión del símbolo ocurre en su palabra recia que se asoma al abismo: "Sólo los perros conocen mi girasol de la más pura tiniebla". Entonces se puebla de muchos "girasoles negros", "girasoles en señal de duelo".
Pues, Ana Enriqueta Terán en ese viaje iniciático que es la vivencia poética, anda por pasadizos donde sólo guía la intuición del poema y desde ese lugar de penumbras, escribe: "Yo me presiento más y más oscura". Y los años son testimonio, largo ha sido el tiempo para sostener el poema y reconocer: "no desconozco la apetencia oscura".
Esta presencia paradojal del nocturno girasol en la poesía de Ana Enriqueta Terán la define y es la señal de una escritura asumida y vivenciada desde la receptividad de lo femenino, desde la docilidad del iniciado que se sabe guiado por una presencia desconocida y sacra. Palabra nocturna, iluminada por la revelación de lo poético, se dice así:
el girasol con argumento ciego
siguiendo sin querer luna menguante.María Antonieta Flores. Ensayista
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