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Fotografía
Cuba en negativo y positivo
Dispuesto a capturar
con su cámara el alma de un pueblo, sus penas y alegrías,
Esso Alvarez viaja en 1997 a Cuba: territorio que le permite -apunta
Nelson Herrera Ysla-
adentrarse en una realidad poco común y distinta a otras en Latinoamérica
y el resto del mundo.
Y a ese país regresa hoy invitado a presentar desde el próximo 7
de marzo su muestra titulada
Esso, qué anda en el Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo
Lam, en el marco
de la celebración del Premio Latinoamericano de Fotografía

El malecón / La Habana Vieja, Cuba, 1999
Quizás
por ser demasiado obvio, o tal vez tautológico y, siguiendo
esa misma línea de pensamiento, digno de Perogrullo, también,
pudiera decirse que Esso Alvarez desde que nació está
mirando el mundo que le rodea: aquel no solamente circunscrito al
ámbito familiar y doméstico. Hablo del mundo en un
sentido global, ahora que hay moda con el término. En sentido
geográfico y cultural, especialmente si el fotógrafo
se mueve en varias direcciones y se convierte en alguien que anda
por ahí al decir de Julio Cortázar.
Claro que primero
que todo él observó su barrio, la comunidad en que
vivió ciertos meses, años. De entonces esa magnífica
muestra (Los chamos del 23, Museo de Arte Contemporáneo
de Maracay Mario Abreu, Venezuela, 1994) sobre el controvertido
y polémico barrio 23 de Enero en su querida Caracas, ciudad
donde estudió Fotografía y Cine y se vinculó
al ansioso universo del periodismo fotográfico con todas
sus vicisitudes, que son muchas por no decir demasiadas. Esa fue
sin dudas su gran escuela allá por los años ochenta
del siglo pasado, siendo aún tan joven como lo es ahora,
aunque ya sea un hombre del siglo XXI, como lo somos tantos miles
de millones.
II
Venezuela es un país de fotógrafos
de esso no
hay dudas. Oleadas de consagrados desfilan por libros y museos,
y en hermosos catálogos desde el siglo XIX. Extraordinarios
historiadores, investigadores y críticos de arte les han
dedicado sus mejores momentos al análisis de la fotografía
venezolana y universal, a su conservación y cuidado y a su
difusión. Tanto, que hasta han editado la más notable
revista del continente: ExtraCámara, gracias a su
voluntad e inteligencia y de la cual todos nosotros, caribeños
y latinoamericanos, nos sentimos orgullosos. En Venezuela viven
hoy algunos de los más importantes fotógrafos contemporáneos
que no gozan quizás de la aureola de reconocimiento que disfrutan
otros, vinculados la mayoría a esa corriente documental y
testimonial que contribuye a la fijación de valores identitarios
y en la que se inscribe Esso Alvarez con entera propiedad.
III
De los territorios escogidos por Esso para explorar, ver y mirar
mejor que otros, Cuba es uno de ellos, desde 1997. Su primer encuentro
sirvió para proyectar otros nuevos y adentrarse en una realidad
poco común, distinta y diferente a otras en Latinoamérica
y el resto del mundo. Ni una visita ni dos, ni siquiera varias son
suficientes para comprendernos en profundidad, pero sí para
observarnos bien y retratarnos desde un único y personal
punto de vista. Cuba vive permanentes procesos de cambio, persiguiendo
ese supraobjetivo nacional de construir un mundo mejor a pesar de
la compleja situación mundial: a esos procesos se ha acercado
Esso Alvarez, tal como lo hizo en ocasión privilegiada
ese adoptivo hijo venezolano Paolo Gasparini en los apasionantes
60 y treinta y tantos años después.
IV
Aquí en Cuba, Esso, ha vivido momentos fuera de lo ordinario
en casas de familias, con amigos en varias instituciones, funcionarios,
artistas, choferes de autos y bicicletas, deportistas, guardaespaldas,
periodistas. Y fue sorprendido por la propia realidad que, por instantes,
lo sobrepasaba. Lo cual no significó desaliento ni pesimismo,
sino creatividad. Su sentido del tiempo le viene de esa singular
necesidad de captar un instante irrepetible, sea cual fuere la circunstancia
que le rodea, aun si es la espalda de Fidel Castro.
Amantes, amigos,
perros, muros destrozados, cercas de alambre, líderes, obreros,
estudiantes, son protagonistas de sus fotografías dentro
de una atmósfera densa y nostálgica, iluminada a ratos
por destellos de luz y agonía o por ráfagas de sombra
inquietante.
Esso Alvarez
anda por Cuba, por la vida, con una cámara en sus manos,
como el poeta cargado de metáforas y símbolos anda
por el mundo vivido y soñado. Cuba soñada está
en sus imágenes vividas. Cuba vivida está en sus imágenes
soñadas. Ambas son tan reales como su nombre y apellido.
V
A nosotros, los cubanos, Esso vuelve a ponernos frente a nuestra
propia realidad para conocernos mejor. Para mirarnos mejor. En blanco
y negro, de una manera dura. En un formato pequeño lo suficientemente
grande por su contenido, que es donde radica aún la maravilla
de la fotografía, a pesar de los insólitos avances
y transformaciones que sufre esta expresión desde hace algo
más de 20 años y que no han hecho otra cosa que enriquecerla.
Nelson
Herrera Ysla. Director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo
Lam

Fidel Castro / Cienfuegos, Cuba, 1999
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