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Apuntes
Visuales
TRAZOS
PLASTICOS DE LA EXPERIENCIA FINISECULAR EN EL MUSEO SACRO
Atravesar
la puerta del Tercer Milenio
En
el marco de su tercer aniversario, Verbigracia asume, entre
otros retos, una nueva estrategia de producción -bajo la forma de
patrocinios-, con miras a sumar esfuerzos junto a las instituciones
que avanzan en la discusión y difusión de la agenda cultural. Hoy,
su espacio permite "Atravesar el Tercer Milenio", cruzar el umbral
de las dudas para atisbar las imágenes que fertilizan el alma, como
dan fe las numerosas obras de los jóvenes artistas que participan
en el "I Salón de Arte-2001 ExxonMobil de Venezuela"
Viene a recordar
Carlos Brito que el olvido de "los asombros" y "preguntas
esenciales" incitado
por la modernidad, aún hoy encuentra resistencia en la experiencia
creativa que "no desiste
de jugar el difícil y necesario juego de las convocatorias",
tal y como se puede sopesar entre las arcadas del Museo Sacro de
Caracas, escenario del "I Salón de Arte-2001 ExxonMobil
de Venezuela". La iniciativa ha quedado validada por la cantidad
y la calidad de los artistas
que concurrieron y por los argumentos esbozados por el jurado que
integraran Bélgica Rodríguez, Carlos Silva y Rafael
Pineda. Pero no huelga dar cuenta aquí tanto de "los
asombros"
que refiere Brito, como de los que asaltan a Rodríguez y
al curador del salón
Carlos Maldonado-Bourgoin
Un salón
temático de arte

Annette Turrillo / Le regard
du temp's
Comenzamos
a idear un salón de arte a mediados del 2000. Un nuevo espacio
participativo para el encuentro, el reconocimiento, la difusión
y la confrontación de valores de la plástica, un salón
abierto a creadores de diferentes generaciones, en particular de
las más jóvenes, desde una óptica de pluralismo
y amplitud. Organizado cada uno o dos años para reconocer
y dar a conocer distintas tendencias, orientaciones, movimientos
e individualidades, el salón tendrá bases específicas,
conforme a los objetivos y propósitos de cada convocatoria
y llevará la denominación de Salón de Arte,
ExxonMobil de Venezuela, S.A.
El Museo Sacro
de Caracas fue la institución escogida para realizar un profundo
trabajo de imagen corporativa: la edición de un libro-arte,
el coauspicio de una extraordinaria exposición por el Jubileo
2000, y la convocatoria al I Salón de Arte-2001, ExxonMobil
de Venezuela, S.A. Al cierre del milenio los obsequios corporativos
de la empresa estaban dedicados a este monumento nacional
único de nuestra capital.
Atravesar los
portales del Museo Sacro, junto a la Catedral de Caracas y frente
a la plaza mayor o plaza Bolívar, es traspasar el umbral
del tiempo, es traer el pasado al presente, es encontrar las raíces
nacionales con todos nuestros aciertos y desencuentros como país.
Decía San Agustín de Hipona en In Eccles:
"No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las
virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los
que los vuelven malos".
El cierre del
siglo y el sitio escogido determinaron una temática adecuada
y específica: "Se convoca al I Salón de Arte-2001,
ExxonMobil de Venezuela, S.A. El año 2001, puerta del Tercer
Milenio, es buena noticia, tiempo elegido y propicio para la fecundidad,
la recuperación y el descanso de la tierra; ocasión
oportuna también para la purificación de la memoria,
para hacer justicia y caridad, para dar perdón y amnistía,
para liberar y beneficiar a los oprimidos, para condonar las deudas
(
). En la celebración del Jubileo 2000 todo el mundo
va hacia el encuentro del Creador. Es un tiempo de síntesis
y de profundas connotaciones globalizadoras, de ecumenismo universal,
de encuentro de creencias, de diálogo interreligioso y de
cultivo de las virtudes. Símbolos del Jubileo son el Arca
y la puerta del redil (Puerta Santa), los santuarios y los sepulcros
de los mártires y de los santos (
). En el marco de
este espíritu e ideales el I Salón de Arte-2001 se
llevará a cabo conforme a las normas
".
Deseábamos
avivar a los artistas. No sabíamos hasta dónde llegaría
nuestra convocatoria. Finalizado el plazo de entrega, el contento
y la satisfacción fueron extraordinarios. Más de 300
obras entregadas, conforme a las bases 282 iban a ser analizadas
por el jurado de Admisión y Calificación, configurado
por los notables críticos Rafael Pineda, Bélgica
Rodríguez y Carlos Silva. Tras largas horas de
trabajo hubo acuerdo unánime entre ellos. De los techos del
Sacro salió humo blanco.
Por todas estas
consideraciones y más, escribí en el catálogo
lo siguiente:
Identidad y cambio están allí como objeto de reflexión
(
). Distintos momentos de lógicas y de sensibilidades
conviven entre nosotros. Nuestro tiempo contiene muchos otros tiempos.
En medio de un mundo confuso e incierto, el hombre en un intento
de asirse y centrarse, ha venido buscando insaciablemente un necesario
proceso de síntesis. Los recursos interiores son el más
importante y primordial espacio por cultivar en este hombre de hoy,
que tiene por tarea superar el consecuente estado de desazón
al que lo han llevado los cambios cada vez más abruptos.
Esas sensibilidades e ideas encontradas se invocan en el presente
salón temático, connotaciones e implicaciones que
trae y arrastra un final y comienzo de siglo, un corte.
Dentro de este
variado conjunto de 41 propuestas artísticas seleccionadas
en este I Salón de Arte 2001, tres obras fueron premiadas,
un artista mereció bolsa de trabajo y seis artistas recibieron
unánimemente menciones honoríficas. Hubiéramos
querido (los organizadores y el jurado) admitir un mayor número
de proposiciones, el espacio disponible no daba para más.
Esta limitación determinó un salón de propuestas
bidimensionales y formatos verticales -sin aludir género
específico-. La selección de obras, en distintos medios
y "medias", responde en buena parte a nuestro propósito.
Los tres premios
tuvieron nombres de destacados artistas coloniales: Juan Pedro
López (1724-1787), Francisco de Lerma y Villegas
(1719-1753) y Antonio José Landaeta (1748-1799). Y
como un homenaje al primer gran viajero y turista, al agudo y acertado
crítico de arte del Nuevo Mundo que fue Francisco de Miranda
(1750-1816), la bolsa de trabajo lleva su nombre al cierre del año
jubilar por los 250 años de su natalicio.
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Jesús
Alexis Bello /
La Puerta del Redil |
Se dio cabida
a artistas de diferentes edades y de distintas tendencias con desigual
grado y oportunidades de difusión. Este fue el perfil deseado
en esta su primera edición del salón. Nombres nuevos
con nombres más conocidos en confrontación, algunos
de ellos con participación
Dos artistas venezolanas,
con sostenida e interesante actividad en otros escenarios y residentes
en el exterior temporalmente, concurrieron y resultaron por unanimidad
premiadas por el jurado.
Gina Mariotto
(1964) recibe el primer premio. Su envío de fuerte y decidido
expresionismo propone con depurada técnica y seguros trazos
un sentimiento más que una interpretación del mundo
en dos términos, en dos planos, en dos realidades: la temporal
y la divina. Annette Turrillo (1958) recibe el tercer premio.
Su obra figurativo-simbólica de firme y de cultivada ejecución
propone un ícono (un rostro virginal) y un péndulo
(un cuerpo sólido radioestésico), estableciendo un
diálogo sensible y oscilante entre el recuerdo y el tiempo.
Los dos artistas
galardonados fueron Jesús Alexis Bello (1947), segundo
premio, que asumió el tema de La Puerta del Redil.
Su propuesta pictórico-escultórica tiene contenido
y raíces arcaico-simbólicas: un portal en forma de
T o de cruz de San Antonio engloba el sentido del tiempo y del Cristo,
dejando la lectura de las partes o de su totalidad a la libertad
interpretativa. Y, José Vívenes (1977), artista
que con su juventud y talento viene destacándose, propone
una obra con un título decididamente desgarrador, Suda
Sudario, El Era; dentro de su originalidad esta obra recuerda
el vigor de ese expresionismo de la década de los sesenta
y los setenta.
Nuevos nombres
como Carlos Anzola (1970) y Patricia Suárez
(1959) tienen figuración en este salón. En Carlos
Anzola hay un personal y decidido uso de medios pictórico-escultóricos
para referirse a la fe, en Patricia Suárez, un manejo
magistral de los conglomerados (collage) para representar
plásticamente los dos milenios después de Cristo.
La veteranía de Argenis Díaz (1962) es manifiesta
en su envío, Hacia El Dorado mantiene esa simbiosis
objeto encontrado, pintura y escultura tan particular en su lenguaje
plástico. Joven y con una interesante trayectoria, Enay
Ferrer (1974) propone Mi papá y yo, obra que mereció
el reconocimiento del jurado como una posible opción a la
bolsa de trabajo. Raquel Soffer (1957) propone El Graal,
una hermosa obra llevada a impresión digital sobre vinyl,
que resume el poder de la conciencia y de la sabiduría milenarias
encerradas en la simbología de un pendón. Ketty
Violo (1952) propone Resurrección, una composición
vertical de elevada inspiración y depurada ejecutoria en
la que están compendiados el ejercicio artesanal de la hacedora
de papel y el tránsito poético a la obra de arte.
Estos seis artistas, tres hombres y tres mujeres, unánimemente
recibieron menciones honoríficas.
Treinta y un
artistas más quedaron seleccionados por el jurado de Admisión
y Calificación, analizar y escribir sobre sus méritos
artísticos extenderían el propósito de este
artículo introductorio. Queda a juicio del público
valorar directamente a cada una y al conjunto de las obras en confrontación.
Los organizadores
y la curaduría hemos querido homenajear al gran artista venezolano
universal Héctor Poleo por los propósitos coetáneos
de buena parte de su obra con la temática y espíritu
de este I Salón. Para enriquecer el marco de reflexión
del mismo, hemos invitado a algunos destacados artistas. Total o
parcialmente sus obras han estado inspiradas en los grandes temas
que han preocupado al hombre. A esta temática de siempre,
por su propio peso y urgencia, debemos agregar directa y específicamente
la del deterioro del medio físico ambiental del orbe, que
se introduce como un nuevo motivo para la angustia y la toma de
conciencia del hombre contemporáneo del siglo que acaba de
concluir.
En el espacio
especial Héctor Poleo (1918-1989), exponemos sus proyectos
a escala ciudadana, realizados o no.
Presentes en
la museografía del salón, alrededor de los corredores
perimetrales del Museo Sacro, están:
Miguel von Dangel (1946). Expone Pietà (1999).
El mismo sentimiento y misterio de la piedad. Plantea la alteración
o restitución de un orden natural, los hijos entierran a
sus padres, no los padres a los hijos. Un "ordo" místico
de reclamo a la piedad y el encuentro de los dos planos de una gracia.
Abajo, a los pies de la imagen, como en representaciones marianas
de la colonia referidas a Caracas, está la trama urbana de
Petare. El mundo para el artista está puesto de cabeza.
Luis Alberto
Hernández (1950). Forma y contenido encajan con la temática,
en contexto reflexivo propone Puerta del Tiempo II y III.
Al referirse al mundo particular del artista, la crítico
de arte Bélgica Rodríguez, también jurado
de este salón, escribe: "Sus formas son invenciones
visuales creadas con el propósito de contener un significado
que tiene como núcleo el tema de lo sagrado. Un tema que
proviene de sus estudios e intereses metafísicos
, la
Latinoamericana sincrética vertida en magia y mitos
,
por ello la obra es el resultado de una mezcla múltiple,
que tiene como fondo una miríada de connotaciones".
Néstor
Maya (1951). Su envío Un Elevado Anuncio Arquetipal
(Memoria y Cuenta de 730.000 días), retoma caminos andados
durante treinta años y hace una simbiosis con ellos. Esta
obra es el reencuentro con uno de sus héroes trascendentes
(Cristo) y una revisión a su memoria infantil de espacios
y paisajes, de objetos entrañables como sus zapatos.
Marco Miliani
(1933). Su propuesta Puerta de la Umbría I y II, está
referida a la región italiana de las cuencas altas y medias
del río Tíber. Indaga en los arcanos del hombre y
de la cultura, los sistemas de creencias y sensibilidades en el
espacio y en el tiempo.
Alirio Rodríguez
(1934). En el Vacío 8 es una obra de antología
del artista. "Al hombre de Alirio los ojos le salen de la frente,
le brotan los pensamientos, las inquietudes, las ideas y aspiraciones
arremolinadas por el viento cósmico y por la temperatura
interior (
). Alirio cree en el hombre, y él lo pinta
como nauta, en otros tiempos argonauta, hoy astronauta" (José
Ratto-Ciarlo, prólogo a Carta a Nadie, 1974).
Oswaldo
Vigas (1926). Está representado con su obra Comadres
de Ipacaraí. En la puerta del Tercer Milenio, invocar
con urgencia las fuerzas de la otra América resulta esencial.
Millones de seres sobre la Tierra conviven entre un mundo de creencias
ancestrales y otro mundo de creencias adquiridas no asimilados.
Carlos
Maldonado-Bourgoin. Crítico de arte e historiador
Los
últimos nombres

Gina Mariotto / Tiara es un
tocado religioso,
el máximo que se puede usar en el mundo
Uno
de los signos que más se evidencia en estos tiempos que corren
es aquel que cobra cuerpo y se alienta en la secularidad. Todo está
secularizado o tiende hacia su irremediable secularización.
Lo que un día ocupara las alturas de la dedicación
atenta, que, de tan preciada, rebasaba las órdenes rigurosas
del tiempo ordinario, hoy lo vemos trivializado en las llanezas
de la despreocupación. La pérdida de la entereza humana,
la carencia de lucidez frente a lo extraño y sobrecogedor,
la ausencia de un carácter hecho a fuerza de templanza para
encararnos con lo que aún podemos seguir llamando sagrado,
son las migajas de una fiesta concelebratoria que fuimos dejando
atrás. Y lo que alarma de este clima es una respuesta cada
vez más frecuente y extendida: el olvido ético. Estamos
sitiados en el reino del "da lo mismo". Al ir extraviándosenos
la sabia capacidad de reconocer y reconocernos en aquellas preguntas
que -como dice José Luis Aranguren- la razón
pura no puede responder, nuestras vidas han ido derivando hacia
un conformismo, no sólo acomodaticio, sino además
enfermamente indiferente. Lo que fuera la modernidad ilustrada,
a fuerza de mirarse su propio rostro crítico y queriendo
allanar todos los caminos de una vez y para siempre, nos hizo olvidar
los asombros esenciales que se siguen ocultando tras los velos de
las pocas preguntas esenciales. De a poco vamos dejando de advertir
las claves del deterioro que cada vez se van haciendo, para desgracia
del espíritu, asuntos habituales. La instantaneidad, el grosero
sentido de lo útil y el abandono vital vienen señalando
con severa insistencia el paso de los días. Ya detenerse
delante de una instancia que nos recuerde la transparencia de lo
originario es un lujo que difícilmente nos permitimos, ya
salir a la realidad a sorprendernos con aquello que nos sostiene
en pie bajo el acoso de las urgencias, resulta un despropósito.
Sin embargo, ante tal descalabro la experiencia creativa, así
en el principio como en esta hora, continúa su labor de trastienda,
persiste en hacernos oír sus palabras a las afueras del redil,
sigue dejándonos apreciar sus trazos de luz en medio de la
noche, persevera en ofrecernos el amparo de los acordes tras la
rutina ahogada en ruidos y fanfarrias; en fin, no desiste de jugar
el difícil y necesario juego de las convocatorias, como si
en la cumbre permaneciera velando por los lazos que estrechan la
realidad con las perplejidades. Hoy cuando tantas voces se convierten
en órdenes, consignas y seguridades, qué saludable
resulta volver a encontrarnos con aquella sutil y clara posibilidad
que nos diera Olga Orozco.
quizás
podríamos nombrarnos con los últimos nombres,
esos que solamente Dios conoce,
y descubrir los pliegues ignorados de nuestra propia historia
cubriendo las respuestas que callamos, incrustadas
[tal
vez como piedras
preciosas en el fondo del alma.
Y es que esos
"últimos nombres" llevan en sí la marca
de la necesidad, nombres que parten de las cualidades sentidas para
alcanzar los aires trascendentes del símbolo que nos reúne
frente al pan del día postrero. Porque ir a la imagen que
se condensa en el acto creativo pasa a ser una suerte de pacto con
la esperanza y la reunión. Esperanza de dejar caer en la
fertilidad del alma la posibilidad de un encuentro, simbólico
y real a la vez, con un orden privilegiado de la realidad. Unión
con aquello que nos sigue sobrecogiendo y con lo cual alentamos
el deseo impostergable de querer fundirnos hasta perdernos. Cómo
no decirlo con la sencillísima lucidez de Teresa de Avila:
Como si cayendo
agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo
agua
De allí
que quienes conocen de estos delicados compromisos, en los que quedan
matrimoniados el querer decir y lo dicho, sepan que llegado el instante
expresivo no les queda más remedio que ir de la mano hacia
donde su imperiosa necesidad oriente la brújula. Porque entonces
guardar fidelidad surge como una exigencia íntima que gozosamente
obliga. "Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto
y oído", se nos recuerda en el libro de los Hechos.
Y es que tal
experiencia nos va dejando delante del hecho descarnado, delante
de la intimidad asaltada y expuesta, frente al acto que nos delata
y confirma, que nos pierde y orienta, sin que podamos interponer
nada entre el suceso vivido con su pródiga carga de sentidos
y el ser sujeto a la iluminación reveladora. Mientras escribo
estas líneas me acompañan al fondo las Piezas místicas
de Erik Satie y entre acordes pausadamente hondos recuerdo
las palabras que nos legara Thomas Merton después
de aquellos repentinos treinta segundos en los que sintió
su alma removida en el monasterio de Getsemaní:
No quisiera
construir más murallas en torno a la experiencia, no sea
que me quede excluido y atrapado fuera de ella para siempre.
Y creo que a
la postre se trata de eso, de darle desnudamente cabida a la experiencia,
sin que las "murallas" nos distancien de ese encuentro
que nos hace ver en la secreta realidad que nos rodea, no vaya a
suceder que por estar tan de cabeza en los laberintos seculares
de estos días nos sigamos perdiendo la sagrada posibilidad
de recoger el fruto de los asombros.
Carlos
Brito. Poeta y ensayista
De la sintaxis
artística

José Vívenes / Suda Sudario, El Era
El
fin del siglo XX y comienzo del XXI ha estado marcado por una crisis
del Ser. El arte, porque en ideas, conceptos y realidades visuales
ha representado verdades, se ha ocupado de que esa crisis haya sido
mediatizada en función de ofrecer un sendero X para hacer
penetrar el espíritu. El interés investigativo del
hombre en el campo de la ciencia y la tecnología ha establecido
verdades irrefutables, y éstas han hecho que el arte contemporáneo
sea analítico y reflexivo, mientras que el hombre que participa
de su práctica se ha cargado de valores axiomáticos
sin contemplaciones. El arte dejó de ser un "ornamento
divertido", citando al cartesiano Nicolas Boileau, para
convertirse en una manera de penetrar en el conocimiento del mundo
y de los hombres como pensaba Pablo Picasso. Al considerar
la creación artística como un bien común posiblemente
asumimos la nostalgia de un paraíso perdido como realidad.
Tal vez una definición de arte sería la de necesariamente
ser contenedora de multitudes, al estilo poético de Walt
Whitman. Pero Arte, así con mayúsculas, sí
es todo lo que contiene suficientes ambiciones para nutrir a otros.
En la introducción
a su libro Las Artes del Espacio, Henri van Lier explica
el fenómeno del traspaso de las situaciones y las circunstancias
de la creación artística cuando pasa de ser una exaltación
de sentimientos que produce un "goce refinado", a expresar
una verdad en la que "
la vida estética, lejos
de ser accesoria, es una de las maneras fundamentales de asumir
nuestro destino, en lo cual reside su revolución
".
Un tema para el arte del Tercer Milenio es un no-tema. Es más
bien el misterio del deseo manifestado en las pilas de metáforas
e imágenes que coinciden en afirmar que la belleza no es
más que una secuencia insoportablemente profunda de humildes
manifestaciones de una praxis. Praxis que conmemora al hombre y
a sus ya establecidos valores axiomáticos (por qué
nos preocupa tanto lo urbano, lo religioso), que como cartas geográficas
e históricas bien pueden remitir a chozas indígenas,
catedrales barrocas o templos hindúes. Por eso no fue descabellado,
modestamente, convocar a un nuevo salón de arte, esta vez
lo hizo la ExxonMobil de Venezuela, "en el que las obras
inscritas
aludirán a la amplia significación,
espiritualidad y simbología del año 2000", en
el muy apropiado Museo Sacro. Con un tema definido, el salón
se presenta como un espacio alternativo para una generación
artística emergente. Tres colegas amigos compartimos el jurado,
una reunión nos integró en una experiencia intelectual
y reflexiva sobre el arte y su significado, y también sobre
el presente del arte en el país.
El imponer un
tema puede considerarse arbitrario, sin embargo es un reto para
todos. Un tema es una enunciación formal y conceptual para
la que hay que estar preparado a fin de enfrentarla en sus múltiples
manifestaciones plásticas y significados plurales. Esta enunciación
se tuvo en cuenta al seleccionar trabajos que a juicio del jurado
se consideraron pertinentes para integrar una muestra que en toda
su dimensión demuestra que el arte no es una invención
sin fines. En este caso se proponen las diversas maneras de cómo
el artista contemporáneamente enfrenta la espiritualidad
y la simbología de su interior y su exterior. En pintura,
mayoritariamente, los planteamientos se fugaron hacia la esfera
de los significados específicos de la religiosidad católica
para traducirlos en imágenes que mucho tienen que ver con
el propósito original. Los artistas invitados, justificados
en sí mismos y encabezados por la figura principal del maestro
Héctor Poleo, fueron seleccionados por el curador
del Salón, Carlos Maldonado-Bourgoin. Miguel Von Dangel,
Luis Alberto Hernández, Néstor Maya, Marco Miliani,
Alirio Rodríguez y Oswaldo Vigas, inventores de
su propio diálogo con lo visible a partir de un banco personal
de imágenes ligado a una conceptualización personal
de lo espiritual y mágico. Por su parte las obras expuestas
deberán ser descubiertas por el espectador en toda su dimensión
interior a partir de una actitud reverentemente personal. Algunos
planteamientos le resultarán familiares, otros le serán
menos accesibles. Pero, de una manera u otra, serán los niveles
de interioridad con los que el artista ha trabajado junto al "absoluto
formal", lo que hará que las obras se constituyan en
una precisión artística, en una unidad de totalidad.
En términos generales y sin rigor esquemático sobre
el tema, podría considerarse que los trabajos aquí
presentes, con sus fallas y descuidos formales en algunos casos,
plantean una lectura del juego sensible de los valores plásticos.
Es estos momentos de la plástica local, hacer valoraciones
futuristas sería banalizar un desarrollo visual que sigue
el curso histórico que depende de las circunstancias nacionales,
y otro artístico que estriba en el trabajo y el talento del
artista, después de todo el más importante. Sin embargo,
un valor específico presenta la selección total del
jurado; en primera instancia todas las obras que conforman la exposición,
y aparte de ellas las de Gina Mariotto, Jesús Alexis
Bello, Annette Turrillo y José Vívenes,
ganadoras de premios, y las de Carlos Anzola, Argenis Díaz,
Enay Ferrer, Raquel Soffer, Patricia Suárez y Ketty
Violo, de menciones honoríficas.
Es muy difícil
hablar de individualidades en salones de esta naturaleza, pero ajustándose
a esquemas reguladores de la práctica artística y
sus consecuencias, el rigor con el que han sido concebidas, conduce
a considerar que estas obras, de una variedad de artistas, unos
más conocidos que otros, unos muchísimo más
jóvenes que otros, pero con trayectorias bastante respetables,
se sostienen con propiedad en confrontación con la de los
invitados ya protagonistas reconocidos por la historia plástica
de Venezuela. Al tratar la "amplia significación, espiritualidad
y simbología del año 2000", los artistas han
hecho referencias sustanciales a ciertos esquemas del inconsciente
colectivo, como por ejemplo no dejar pasar de lado la tremenda desintegración
a la que el hombre ha estado expuesto en estos tiempos. Pero no
es el tema lo que solamente sustancia una obra; éste es una
contingencia que importa en la medida en que vehicula una manera
de hacerlo visible como concepto, como idea. Junto a esta contingencia,
la lógica previsible y rigurosa de la sintaxis artística
expresada en el dominio del manejo de materiales y técnicas,
provoca la convicción real y visual de una propuesta estética
válida.
En conclusión, este primer salón del año 2001
ha hecho visible una necesidad de mantener las confrontaciones de
los lenguajes visuales que se practican en el país. No es
gratuita la cantidad de obras que concurren a las convocatorias.
No podemos adivinar lo que sigue, pero sí podemos poner en
evidencia que toda manifestación de arte es una experiencia
de lo absoluto.
Bélgica
Rodríguez. Crítico de arte
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