Apuntes Visuales

TRAZOS PLASTICOS DE LA EXPERIENCIA FINISECULAR EN EL MUSEO SACRO

Atravesar la puerta del Tercer Milenio

En el marco de su tercer aniversario, Verbigracia asume, entre otros retos, una nueva estrategia de producción -bajo la forma de patrocinios-, con miras a sumar esfuerzos junto a las instituciones que avanzan en la discusión y difusión de la agenda cultural. Hoy, su espacio permite "Atravesar el Tercer Milenio", cruzar el umbral de las dudas para atisbar las imágenes que fertilizan el alma, como dan fe las numerosas obras de los jóvenes artistas que participan en el "I Salón de Arte-2001 ExxonMobil de Venezuela"

Viene a recordar Carlos Brito que el olvido de "los asombros" y "preguntas esenciales" incitado
por la modernidad, aún hoy encuentra resistencia en la experiencia creativa que "no desiste
de jugar el difícil y necesario juego de las convocatorias", tal y como se puede sopesar entre las arcadas del Museo Sacro de Caracas, escenario del "I Salón de Arte-2001 ExxonMobil
de Venezuela". La iniciativa ha quedado validada por la cantidad y la calidad de los artistas
que concurrieron y por los argumentos esbozados por el jurado que integraran Bélgica Rodríguez, Carlos Silva y Rafael Pineda. Pero no huelga dar cuenta aquí tanto de "los asombros"
que refiere Brito, como de los que asaltan a Rodríguez y al curador del salón
Carlos Maldonado-Bourgoin


Un salón temático de arte

 


Annette Turrillo / Le regard du temp's

Comenzamos a idear un salón de arte a mediados del 2000. Un nuevo espacio participativo para el encuentro, el reconocimiento, la difusión y la confrontación de valores de la plástica, un salón abierto a creadores de diferentes generaciones, en particular de las más jóvenes, desde una óptica de pluralismo y amplitud. Organizado cada uno o dos años para reconocer y dar a conocer distintas tendencias, orientaciones, movimientos e individualidades, el salón tendrá bases específicas, conforme a los objetivos y propósitos de cada convocatoria y llevará la denominación de Salón de Arte, ExxonMobil de Venezuela, S.A.

El Museo Sacro de Caracas fue la institución escogida para realizar un profundo trabajo de imagen corporativa: la edición de un libro-arte, el coauspicio de una extraordinaria exposición por el Jubileo 2000, y la convocatoria al I Salón de Arte-2001, ExxonMobil de Venezuela, S.A. Al cierre del milenio los obsequios corporativos de la empresa estaban dedicados a este monumento nacional único de nuestra capital.

Atravesar los portales del Museo Sacro, junto a la Catedral de Caracas y frente a la plaza mayor o plaza Bolívar, es traspasar el umbral del tiempo, es traer el pasado al presente, es encontrar las raíces nacionales con todos nuestros aciertos y desencuentros como país. Decía San Agustín de Hipona en In Eccles: "No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los que los vuelven malos".

El cierre del siglo y el sitio escogido determinaron una temática adecuada y específica: "Se convoca al I Salón de Arte-2001, ExxonMobil de Venezuela, S.A. El año 2001, puerta del Tercer Milenio, es buena noticia, tiempo elegido y propicio para la fecundidad, la recuperación y el descanso de la tierra; ocasión oportuna también para la purificación de la memoria, para hacer justicia y caridad, para dar perdón y amnistía, para liberar y beneficiar a los oprimidos, para condonar las deudas (…). En la celebración del Jubileo 2000 todo el mundo va hacia el encuentro del Creador. Es un tiempo de síntesis y de profundas connotaciones globalizadoras, de ecumenismo universal, de encuentro de creencias, de diálogo interreligioso y de cultivo de las virtudes. Símbolos del Jubileo son el Arca y la puerta del redil (Puerta Santa), los santuarios y los sepulcros de los mártires y de los santos (…). En el marco de este espíritu e ideales el I Salón de Arte-2001 se llevará a cabo conforme a las normas …".

Deseábamos avivar a los artistas. No sabíamos hasta dónde llegaría nuestra convocatoria. Finalizado el plazo de entrega, el contento y la satisfacción fueron extraordinarios. Más de 300 obras entregadas, conforme a las bases 282 iban a ser analizadas por el jurado de Admisión y Calificación, configurado por los notables críticos Rafael Pineda, Bélgica Rodríguez y Carlos Silva. Tras largas horas de trabajo hubo acuerdo unánime entre ellos. De los techos del Sacro salió humo blanco.

Por todas estas consideraciones y más, escribí en el catálogo lo siguiente:
Identidad y cambio están allí como objeto de reflexión (…). Distintos momentos de lógicas y de sensibilidades conviven entre nosotros. Nuestro tiempo contiene muchos otros tiempos. En medio de un mundo confuso e incierto, el hombre en un intento de asirse y centrarse, ha venido buscando insaciablemente un necesario proceso de síntesis. Los recursos interiores son el más importante y primordial espacio por cultivar en este hombre de hoy, que tiene por tarea superar el consecuente estado de desazón al que lo han llevado los cambios cada vez más abruptos. Esas sensibilidades e ideas encontradas se invocan en el presente salón temático, connotaciones e implicaciones que trae y arrastra un final y comienzo de siglo, un corte.

Dentro de este variado conjunto de 41 propuestas artísticas seleccionadas en este I Salón de Arte 2001, tres obras fueron premiadas, un artista mereció bolsa de trabajo y seis artistas recibieron unánimemente menciones honoríficas. Hubiéramos querido (los organizadores y el jurado) admitir un mayor número de proposiciones, el espacio disponible no daba para más. Esta limitación determinó un salón de propuestas bidimensionales y formatos verticales -sin aludir género específico-. La selección de obras, en distintos medios y "medias", responde en buena parte a nuestro propósito.

Los tres premios tuvieron nombres de destacados artistas coloniales: Juan Pedro López (1724-1787), Francisco de Lerma y Villegas (1719-1753) y Antonio José Landaeta (1748-1799). Y como un homenaje al primer gran viajero y turista, al agudo y acertado crítico de arte del Nuevo Mundo que fue Francisco de Miranda (1750-1816), la bolsa de trabajo lleva su nombre al cierre del año jubilar por los 250 años de su natalicio.

Jesús Alexis Bello /
La Puerta del Redil

Se dio cabida a artistas de diferentes edades y de distintas tendencias con desigual grado y oportunidades de difusión. Este fue el perfil deseado en esta su primera edición del salón. Nombres nuevos con nombres más conocidos en confrontación, algunos de ellos con participación… Dos artistas venezolanas, con sostenida e interesante actividad en otros escenarios y residentes en el exterior temporalmente, concurrieron y resultaron por unanimidad premiadas por el jurado.

Gina Mariotto (1964) recibe el primer premio. Su envío de fuerte y decidido expresionismo propone con depurada técnica y seguros trazos un sentimiento más que una interpretación del mundo en dos términos, en dos planos, en dos realidades: la temporal y la divina. Annette Turrillo (1958) recibe el tercer premio. Su obra figurativo-simbólica de firme y de cultivada ejecución propone un ícono (un rostro virginal) y un péndulo (un cuerpo sólido radioestésico), estableciendo un diálogo sensible y oscilante entre el recuerdo y el tiempo.

Los dos artistas galardonados fueron Jesús Alexis Bello (1947), segundo premio, que asumió el tema de La Puerta del Redil. Su propuesta pictórico-escultórica tiene contenido y raíces arcaico-simbólicas: un portal en forma de T o de cruz de San Antonio engloba el sentido del tiempo y del Cristo, dejando la lectura de las partes o de su totalidad a la libertad interpretativa. Y, José Vívenes (1977), artista que con su juventud y talento viene destacándose, propone una obra con un título decididamente desgarrador, Suda Sudario, El Era; dentro de su originalidad esta obra recuerda el vigor de ese expresionismo de la década de los sesenta y los setenta.

Nuevos nombres como Carlos Anzola (1970) y Patricia Suárez (1959) tienen figuración en este salón. En Carlos Anzola hay un personal y decidido uso de medios pictórico-escultóricos para referirse a la fe, en Patricia Suárez, un manejo magistral de los conglomerados (collage) para representar plásticamente los dos milenios después de Cristo. La veteranía de Argenis Díaz (1962) es manifiesta en su envío, Hacia El Dorado mantiene esa simbiosis objeto encontrado, pintura y escultura tan particular en su lenguaje plástico. Joven y con una interesante trayectoria, Enay Ferrer (1974) propone Mi papá y yo, obra que mereció el reconocimiento del jurado como una posible opción a la bolsa de trabajo. Raquel Soffer (1957) propone El Graal, una hermosa obra llevada a impresión digital sobre vinyl, que resume el poder de la conciencia y de la sabiduría milenarias encerradas en la simbología de un pendón. Ketty Violo (1952) propone Resurrección, una composición vertical de elevada inspiración y depurada ejecutoria en la que están compendiados el ejercicio artesanal de la hacedora de papel y el tránsito poético a la obra de arte. Estos seis artistas, tres hombres y tres mujeres, unánimemente recibieron menciones honoríficas.

Treinta y un artistas más quedaron seleccionados por el jurado de Admisión y Calificación, analizar y escribir sobre sus méritos artísticos extenderían el propósito de este artículo introductorio. Queda a juicio del público valorar directamente a cada una y al conjunto de las obras en confrontación.

Los organizadores y la curaduría hemos querido homenajear al gran artista venezolano universal Héctor Poleo por los propósitos coetáneos de buena parte de su obra con la temática y espíritu de este I Salón. Para enriquecer el marco de reflexión del mismo, hemos invitado a algunos destacados artistas. Total o parcialmente sus obras han estado inspiradas en los grandes temas que han preocupado al hombre. A esta temática de siempre, por su propio peso y urgencia, debemos agregar directa y específicamente la del deterioro del medio físico ambiental del orbe, que se introduce como un nuevo motivo para la angustia y la toma de conciencia del hombre contemporáneo del siglo que acaba de concluir.

En el espacio especial Héctor Poleo (1918-1989), exponemos sus proyectos a escala ciudadana, realizados o no.

Presentes en la museografía del salón, alrededor de los corredores perimetrales del Museo Sacro, están:
Miguel von Dangel (1946). Expone Pietà (1999). El mismo sentimiento y misterio de la piedad. Plantea la alteración o restitución de un orden natural, los hijos entierran a sus padres, no los padres a los hijos. Un "ordo" místico de reclamo a la piedad y el encuentro de los dos planos de una gracia. Abajo, a los pies de la imagen, como en representaciones marianas de la colonia referidas a Caracas, está la trama urbana de Petare. El mundo para el artista está puesto de cabeza.

Luis Alberto Hernández (1950). Forma y contenido encajan con la temática, en contexto reflexivo propone Puerta del Tiempo II y III. Al referirse al mundo particular del artista, la crítico de arte Bélgica Rodríguez, también jurado de este salón, escribe: "Sus formas son invenciones visuales creadas con el propósito de contener un significado que tiene como núcleo el tema de lo sagrado. Un tema que proviene de sus estudios e intereses metafísicos…, la Latinoamericana sincrética vertida en magia y mitos…, por ello la obra es el resultado de una mezcla múltiple, que tiene como fondo una miríada de connotaciones".

Néstor Maya (1951). Su envío Un Elevado Anuncio Arquetipal (Memoria y Cuenta de 730.000 días), retoma caminos andados durante treinta años y hace una simbiosis con ellos. Esta obra es el reencuentro con uno de sus héroes trascendentes (Cristo) y una revisión a su memoria infantil de espacios y paisajes, de objetos entrañables como sus zapatos.

Marco Miliani (1933). Su propuesta Puerta de la Umbría I y II, está referida a la región italiana de las cuencas altas y medias del río Tíber. Indaga en los arcanos del hombre y de la cultura, los sistemas de creencias y sensibilidades en el espacio y en el tiempo.

Alirio Rodríguez (1934). En el Vacío 8 es una obra de antología del artista. "Al hombre de Alirio los ojos le salen de la frente, le brotan los pensamientos, las inquietudes, las ideas y aspiraciones arremolinadas por el viento cósmico y por la temperatura interior (…). Alirio cree en el hombre, y él lo pinta como nauta, en otros tiempos argonauta, hoy astronauta" (José Ratto-Ciarlo, prólogo a Carta a Nadie, 1974).

Oswaldo Vigas (1926). Está representado con su obra Comadres de Ipacaraí. En la puerta del Tercer Milenio, invocar con urgencia las fuerzas de la otra América resulta esencial. Millones de seres sobre la Tierra conviven entre un mundo de creencias ancestrales y otro mundo de creencias adquiridas no asimilados.

Carlos Maldonado-Bourgoin. Crítico de arte e historiador


 

Los últimos nombres


Gina Mariotto / Tiara es un tocado religioso,
el máximo que se puede usar en el mundo

Uno de los signos que más se evidencia en estos tiempos que corren es aquel que cobra cuerpo y se alienta en la secularidad. Todo está secularizado o tiende hacia su irremediable secularización. Lo que un día ocupara las alturas de la dedicación atenta, que, de tan preciada, rebasaba las órdenes rigurosas del tiempo ordinario, hoy lo vemos trivializado en las llanezas de la despreocupación. La pérdida de la entereza humana, la carencia de lucidez frente a lo extraño y sobrecogedor, la ausencia de un carácter hecho a fuerza de templanza para encararnos con lo que aún podemos seguir llamando sagrado, son las migajas de una fiesta concelebratoria que fuimos dejando atrás. Y lo que alarma de este clima es una respuesta cada vez más frecuente y extendida: el olvido ético. Estamos sitiados en el reino del "da lo mismo". Al ir extraviándosenos la sabia capacidad de reconocer y reconocernos en aquellas preguntas que -como dice José Luis Aranguren- la razón pura no puede responder, nuestras vidas han ido derivando hacia un conformismo, no sólo acomodaticio, sino además enfermamente indiferente. Lo que fuera la modernidad ilustrada, a fuerza de mirarse su propio rostro crítico y queriendo allanar todos los caminos de una vez y para siempre, nos hizo olvidar los asombros esenciales que se siguen ocultando tras los velos de las pocas preguntas esenciales. De a poco vamos dejando de advertir las claves del deterioro que cada vez se van haciendo, para desgracia del espíritu, asuntos habituales. La instantaneidad, el grosero sentido de lo útil y el abandono vital vienen señalando con severa insistencia el paso de los días. Ya detenerse delante de una instancia que nos recuerde la transparencia de lo originario es un lujo que difícilmente nos permitimos, ya salir a la realidad a sorprendernos con aquello que nos sostiene en pie bajo el acoso de las urgencias, resulta un despropósito. Sin embargo, ante tal descalabro la experiencia creativa, así en el principio como en esta hora, continúa su labor de trastienda, persiste en hacernos oír sus palabras a las afueras del redil, sigue dejándonos apreciar sus trazos de luz en medio de la noche, persevera en ofrecernos el amparo de los acordes tras la rutina ahogada en ruidos y fanfarrias; en fin, no desiste de jugar el difícil y necesario juego de las convocatorias, como si en la cumbre permaneciera velando por los lazos que estrechan la realidad con las perplejidades. Hoy cuando tantas voces se convierten en órdenes, consignas y seguridades, qué saludable resulta volver a encontrarnos con aquella sutil y clara posibilidad que nos diera Olga Orozco.

…quizás podríamos nombrarnos con los últimos nombres,
esos que solamente Dios conoce,
y descubrir los pliegues ignorados de nuestra propia historia
cubriendo las respuestas que callamos, incrustadas
                                                              [tal vez como piedras
preciosas en el fondo del alma.

Y es que esos "últimos nombres" llevan en sí la marca de la necesidad, nombres que parten de las cualidades sentidas para alcanzar los aires trascendentes del símbolo que nos reúne frente al pan del día postrero. Porque ir a la imagen que se condensa en el acto creativo pasa a ser una suerte de pacto con la esperanza y la reunión. Esperanza de dejar caer en la fertilidad del alma la posibilidad de un encuentro, simbólico y real a la vez, con un orden privilegiado de la realidad. Unión con aquello que nos sigue sobrecogiendo y con lo cual alentamos el deseo impostergable de querer fundirnos hasta perdernos. Cómo no decirlo con la sencillísima lucidez de Teresa de Avila:

Como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua…

De allí que quienes conocen de estos delicados compromisos, en los que quedan matrimoniados el querer decir y lo dicho, sepan que llegado el instante expresivo no les queda más remedio que ir de la mano hacia donde su imperiosa necesidad oriente la brújula. Porque entonces guardar fidelidad surge como una exigencia íntima que gozosamente obliga. "Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído", se nos recuerda en el libro de los Hechos.

Y es que tal experiencia nos va dejando delante del hecho descarnado, delante de la intimidad asaltada y expuesta, frente al acto que nos delata y confirma, que nos pierde y orienta, sin que podamos interponer nada entre el suceso vivido con su pródiga carga de sentidos y el ser sujeto a la iluminación reveladora. Mientras escribo estas líneas me acompañan al fondo las Piezas místicas de Erik Satie y entre acordes pausadamente hondos recuerdo las palabras que nos legara Thomas Merton después de aquellos repentinos treinta segundos en los que sintió su alma removida en el monasterio de Getsemaní:

No quisiera construir más murallas en torno a la experiencia, no sea que me quede excluido y atrapado fuera de ella para siempre.

Y creo que a la postre se trata de eso, de darle desnudamente cabida a la experiencia, sin que las "murallas" nos distancien de ese encuentro que nos hace ver en la secreta realidad que nos rodea, no vaya a suceder que por estar tan de cabeza en los laberintos seculares de estos días nos sigamos perdiendo la sagrada posibilidad de recoger el fruto de los asombros.

Carlos Brito. Poeta y ensayista


 

De la sintaxis artística


José Vívenes / Suda Sudario, El Era

El fin del siglo XX y comienzo del XXI ha estado marcado por una crisis del Ser. El arte, porque en ideas, conceptos y realidades visuales ha representado verdades, se ha ocupado de que esa crisis haya sido mediatizada en función de ofrecer un sendero X para hacer penetrar el espíritu. El interés investigativo del hombre en el campo de la ciencia y la tecnología ha establecido verdades irrefutables, y éstas han hecho que el arte contemporáneo sea analítico y reflexivo, mientras que el hombre que participa de su práctica se ha cargado de valores axiomáticos sin contemplaciones. El arte dejó de ser un "ornamento divertido", citando al cartesiano Nicolas Boileau, para convertirse en una manera de penetrar en el conocimiento del mundo y de los hombres como pensaba Pablo Picasso. Al considerar la creación artística como un bien común posiblemente asumimos la nostalgia de un paraíso perdido como realidad. Tal vez una definición de arte sería la de necesariamente ser contenedora de multitudes, al estilo poético de Walt Whitman. Pero Arte, así con mayúsculas, sí es todo lo que contiene suficientes ambiciones para nutrir a otros.

En la introducción a su libro Las Artes del Espacio, Henri van Lier explica el fenómeno del traspaso de las situaciones y las circunstancias de la creación artística cuando pasa de ser una exaltación de sentimientos que produce un "goce refinado", a expresar una verdad en la que "…la vida estética, lejos de ser accesoria, es una de las maneras fundamentales de asumir nuestro destino, en lo cual reside su revolución…". Un tema para el arte del Tercer Milenio es un no-tema. Es más bien el misterio del deseo manifestado en las pilas de metáforas e imágenes que coinciden en afirmar que la belleza no es más que una secuencia insoportablemente profunda de humildes manifestaciones de una praxis. Praxis que conmemora al hombre y a sus ya establecidos valores axiomáticos (por qué nos preocupa tanto lo urbano, lo religioso), que como cartas geográficas e históricas bien pueden remitir a chozas indígenas, catedrales barrocas o templos hindúes. Por eso no fue descabellado, modestamente, convocar a un nuevo salón de arte, esta vez lo hizo la ExxonMobil de Venezuela, "en el que las obras inscritas… aludirán a la amplia significación, espiritualidad y simbología del año 2000", en el muy apropiado Museo Sacro. Con un tema definido, el salón se presenta como un espacio alternativo para una generación artística emergente. Tres colegas amigos compartimos el jurado, una reunión nos integró en una experiencia intelectual y reflexiva sobre el arte y su significado, y también sobre el presente del arte en el país.

El imponer un tema puede considerarse arbitrario, sin embargo es un reto para todos. Un tema es una enunciación formal y conceptual para la que hay que estar preparado a fin de enfrentarla en sus múltiples manifestaciones plásticas y significados plurales. Esta enunciación se tuvo en cuenta al seleccionar trabajos que a juicio del jurado se consideraron pertinentes para integrar una muestra que en toda su dimensión demuestra que el arte no es una invención sin fines. En este caso se proponen las diversas maneras de cómo el artista contemporáneamente enfrenta la espiritualidad y la simbología de su interior y su exterior. En pintura, mayoritariamente, los planteamientos se fugaron hacia la esfera de los significados específicos de la religiosidad católica para traducirlos en imágenes que mucho tienen que ver con el propósito original. Los artistas invitados, justificados en sí mismos y encabezados por la figura principal del maestro Héctor Poleo, fueron seleccionados por el curador del Salón, Carlos Maldonado-Bourgoin. Miguel Von Dangel, Luis Alberto Hernández, Néstor Maya, Marco Miliani, Alirio Rodríguez y Oswaldo Vigas, inventores de su propio diálogo con lo visible a partir de un banco personal de imágenes ligado a una conceptualización personal de lo espiritual y mágico. Por su parte las obras expuestas deberán ser descubiertas por el espectador en toda su dimensión interior a partir de una actitud reverentemente personal. Algunos planteamientos le resultarán familiares, otros le serán menos accesibles. Pero, de una manera u otra, serán los niveles de interioridad con los que el artista ha trabajado junto al "absoluto formal", lo que hará que las obras se constituyan en una precisión artística, en una unidad de totalidad. En términos generales y sin rigor esquemático sobre el tema, podría considerarse que los trabajos aquí presentes, con sus fallas y descuidos formales en algunos casos, plantean una lectura del juego sensible de los valores plásticos. Es estos momentos de la plástica local, hacer valoraciones futuristas sería banalizar un desarrollo visual que sigue el curso histórico que depende de las circunstancias nacionales, y otro artístico que estriba en el trabajo y el talento del artista, después de todo el más importante. Sin embargo, un valor específico presenta la selección total del jurado; en primera instancia todas las obras que conforman la exposición, y aparte de ellas las de Gina Mariotto, Jesús Alexis Bello, Annette Turrillo y José Vívenes, ganadoras de premios, y las de Carlos Anzola, Argenis Díaz, Enay Ferrer, Raquel Soffer, Patricia Suárez y Ketty Violo, de menciones honoríficas.

Es muy difícil hablar de individualidades en salones de esta naturaleza, pero ajustándose a esquemas reguladores de la práctica artística y sus consecuencias, el rigor con el que han sido concebidas, conduce a considerar que estas obras, de una variedad de artistas, unos más conocidos que otros, unos muchísimo más jóvenes que otros, pero con trayectorias bastante respetables, se sostienen con propiedad en confrontación con la de los invitados ya protagonistas reconocidos por la historia plástica de Venezuela. Al tratar la "amplia significación, espiritualidad y simbología del año 2000", los artistas han hecho referencias sustanciales a ciertos esquemas del inconsciente colectivo, como por ejemplo no dejar pasar de lado la tremenda desintegración a la que el hombre ha estado expuesto en estos tiempos. Pero no es el tema lo que solamente sustancia una obra; éste es una contingencia que importa en la medida en que vehicula una manera de hacerlo visible como concepto, como idea. Junto a esta contingencia, la lógica previsible y rigurosa de la sintaxis artística expresada en el dominio del manejo de materiales y técnicas, provoca la convicción real y visual de una propuesta estética válida.
En conclusión, este primer salón del año 2001 ha hecho visible una necesidad de mantener las confrontaciones de los lenguajes visuales que se practican en el país. No es gratuita la cantidad de obras que concurren a las convocatorias. No podemos adivinar lo que sigue, pero sí podemos poner en evidencia que toda manifestación de arte es una experiencia de lo absoluto.

Bélgica Rodríguez. Crítico de arte

N° 23 Año IV
Caracas, sábado 10 de marzo de 2001
 
 
 
Libros, Lecturas
y Lectores
Plástica venezolana entre 1700 y 1810
Nuestras primeras imágenes
(Juan Carlos Palenzuela)
 
Premio
Creer con Elena Poniatowska
(Julio Ortega)
 
 
 

 

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