Libros, Lecturas y Lectores

PLASTICA VENEZOLANA ENTRE 1700 Y 1810

Nuestras primeras imágenes

El imaginario criollo del período colonial venezolano deja ver una iconografía religiosa
que se perpetúa en el libro El noble arte de la pintura, preparado y puesto en circulación
por la Fundación Banco Mercantil, que Juan Carlos Palenzuela califica como "un precioso
ejemplo de promoción institucional del patrimonio plástico del país". Obras concebidas
originalmente para culto, son ahora "piezas de estudio de un pasado colonial que nos concierne", apunta el historiador y crítico de arte


Nuestra Señora del Rosario


La Fundación Banco Mercantil pone en circulación el libro titulado El noble arte de la pintura, 95 páginas, ilustrado a color, magistralmente diseñado por John Lange e impecablemente impreso por Editorial Arte, dedicado a ejemplos del arte colonial venezolano, sean pinturas, muebles o esculturas, el cual constituye, tanto por la calidad de la edición como por su contenido, un precioso ejemplo de promoción institucional del patrimonio plástico del país.

Inmaculada Concepción

No es corriente en los diversos proyectos editoriales institucionales la atención al período colonial. En este sentido el empeño editorial de Carlos F. Duarte es totalmente excepcional. De allí que el libro El noble arte de la pintura, que acompañó una exposición homónima, curaduría de José Manuel Hernández y con textos de Tahía Rivero, Ramón Paolini y el mismo Hernández, sea motivo de celebración.

Entendemos que la exposición se hizo en los espacios históricos de la Hacienda La Vega, y así se enlaza el concepto de arte en la totalidad de arquitectura, mobiliario y pinturas. Aunque no conocimos el proyecto (abril-junio de 2000), queda el libro que lo perpetúa. Concebidas originalmente para culto, ahora esas pinturas son piezas de estudio de un pasado cultural que nos concierne.

La iconografía religiosa es precisa y sus parámetros eran estrictos. Una figura, una advocación se representa de acuerdo a históricas pautas. El imaginero criollo pasa con discreción para hacer sentir su propia personalidad. En el cuadro Nuestra Señora del Rosario, del Pintor del Tocuyo, las figuras de la Virgen y el Niño tienen cuerpos, vestimentas y atributos de gran determinación. Tal como lo describe José Manuel Hernández: "La Virgen está rodeada por las cuentas del rosario o también por rosas muy estilizadas dispuestas en forma de una aureola elíptica". La imagen es simple y compleja a la vez. Hacia los extremos inferiores se hallan ramas de árboles, lo cual agrega connotaciones simbólicas. En cuanto al marco, el artista resuelve un dibujo en arabesco que lo enaltece, que enriquece aún más la escena que contiene.

Nuestra Señora de Caracas

De Juan Pedro López es una Inmaculada Concepción cuyo marco dorado es parte importante de su concepción. Esta es una obra llena de metáforas y sutilezas. Ella revela la categoría de su autor, no sólo en el conocimiento de su oficio, sino además en la información pictórica que evidencia. En el fragmento de los ángeles, parte inferior de la composición, tenemos idealizadas la inocencia y la vanidad (el espejo), así como los detalles de las flores y el ritmo escenográfico complementan la categoría del cuadro.

Nuestra Señora de Caracas, de la Escuela de los Landaeta, es una imagen particularmente importante porque presenta un espacio invalorable de información adicional: la ciudad de Caracas. En el cielo están las divinidades, jerarquizadas, con ciertas zonas de misterio, rodeadas de muchos angelitos y abajo, lejos, visto en perspectiva, una panorámica de la ciudad de los techos rojos, con su perfecta cuadrícula española y las torres de sus iglesias como los puntos sobresalientes de las edificaciones.

Allí transcurrió la formación inicial de la sociedad venezolana. Allí se luchó contra el medio y las desventuras de los hombres. Allí, en 1810, se cambió el curso de la existencia y de su representación pictórica.

Juan Carlos Palenzuela. Historiador y crítico de arte

N° 23 Año IV
Caracas, sábado 10 de marzo de 2001
 
 
 
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y Lectores
Plástica venezolana entre 1700 y 1810
Nuestras primeras imágenes
(Juan Carlos Palenzuela)
 
Premio
Creer con Elena Poniatowska
(Julio Ortega)
 
 
 

 

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