FILOSOFIA
Y LITERATURA: LA NUEVA FRONTERA (III)
El
transterrado metafísico en su patria
Caminó
contra la corriente general de su época y se transformó
en un "apátrida", en un hombre
que se opone a su patria. Pero este "antinacionalismo"
de Nietzsche, recreado en el personaje
de Zaratustra, viajero solitario, no era otra cosa -señala
Julio Quesada- que una
crítica a la metafísica, a los conceptos y "argumentos
nacional-metafísicos utilizados
por los pastores del Ser". Y es que, como decía María
Zambrano, Zaratustra "amaba demasiado
al hombre; no al rebaño (
), tampoco amaba a Dios
y a sus pacíficos animales virtuosos
en el 'desinterés'"

Foto: Archivo
Nietzsche nos ha ayudado a defender nuestra
temporalidad terrenal
Cuando
Zaratustra llegó a los treinta años de su edad abandonó
su patria porque, decía María Zambrano, amaba
demasiado al hombre; no al rebaño ni tampoco al pastor
y sus perros, tampoco amaba a Dios y a sus pacíficos animales
virtuosos en el "desinterés". De la Prusia fatal,
como le escribiría a su amigo Gersdorff (8.11.1870),
había que huir porque iba a anegar a toda Alemania en sus
tinieblas del Reich quedando el Geist, espíritu, estrangulado
por gañanes, frailes y militares. Consciente de su intempestividad
-a Peter Gast le comenta desde Turín (30.10.1888)
que es posible que su Ecce homo quede confiscado en la
misma imprenta- buscó al hombre superior entre los doctos,
los adivinos, el papa jubilado, los reyes de la guerra, los predicadores
del trasmundo y de la muerte lenta, los nacionalistas y antisemitas,
los buenos asnos y animales de carga que a todo dicen I-A, I-A,
JA, SI en alemán; en fin, entre los amantes del igualitarismo
y los abnegados de la solidaridad en el sufrimiento; pero sólo
se encontró con el suspense y la felicidad del Gran
Hermano como virtud de máxima audiencia nacional. Hermann
Hesse dijo de Zaratustra que era un lobo estepario y que el
nihilismo que él había señalado era lo que
nosotros tendríamos que paladear a fondo.
A Zaratustra
lo echaron, como era de esperar, fuera de la ciudad: era un peligro,
decían los guardianes de la Felicidad de los Muchos entre
anuncios de bancos al servicio del cliente y viajes tropicales
para escapar de uno mismo, era un tormento para el "pueblo".
¿El hombre superior?, le decían; no, no, eso para
ti, nosotros queremos suprimir de raíz toda nobleza del
alma que pretenda "antidemocráticamente" crear
valores y nuevas esperanzas. "¿Acaso no te has enterado,
oh, Zaratustra, tú el ateo y abogado del círculo,
de que Dios ha muerto y, por lo tanto, que ya no hay verdad y
todo es relativo y todo da igual?". Así que este personaje
de novela filosófica tuvo que soportar con dolor y profundo
aislamiento al Reich como finalidad de la existencia. Jamás
llegó a ser un best-seller. No porque su idealismo
le prohibiera vivir de sus libros, algo completamente falso (carta
a Malwida von Meysenburg, finales de julio de 1888), sino
porque era imposible que conectara con el gusto religioso, moral
y político de su patria. No predicó la compasión,
ni el beato amor al prójimo; pero afirmó que ser
buenos es ser valientes, que la valentía es la virtud que
salva al prójimo y, sobre todo, al lejano. En medio de
una ebria exaltación nacionalista y después de la
victoria de Prusia sobre Francia, es decir, de la "Kultur"
frente a la "Civilización" (Norbert Elías),
se atreve a escribir que esta victoria es el punto de partida,
II Reich, de la decadencia alemana. No pidió Zaratustra
soldados sino guerreros porque sabía que la uniformidad
de pensamiento mata lo más genuino del animal hombre: su
capacidad creativa. En la IIIa Intempestiva, ¿en
qué puede educar Schopenhauer?, se reivindica la
individualidad y responsabilidad del que no quiere diluirse en
el "nosotros"; de ahí que lo que se desprecia
en el hombre sea su amabilidad para transformarse en masa y rebaño
y no querer decir "no". Ejemplos de su intempestividad:
"¿Qué es ser hoy día buen alemán?
-Todo buen alemán comienza con desalemanizarse" porque
no se quería germanizar a Europa sino "europeizar
a Alemania". ¿Cómo?: acariciando una idea de
Europa como "fusión mixta de culturas y razas".
Para entonces este ir contra la corriente general de su época
lo había transformado en un "apátrida",
y a los sin patria o, mejor puntualizado, a los que están
en contra de las patrias, está dedicado La gaya ciencia.
Esta ciencia alegre señala críticamente que los
conceptos como "sustancia", "sujeto", "origen",
"pueblo", "nación", "patria",
"meta", "destino" y demás argumentos
nacional-metafísicos utilizados por los pastores del Ser
(Rh negativo incluido como documento biológico de la cultura
"propia"), ya no pueden dar cuenta del devenir histórico.
Todo lo contrario, en cuanto "hombres modernos" nos
sabemos de origen y procedencia muy mezclados como, escribía,
para formar parte de esta "sarna del corazón".
Siempre he sostenido, frente a otras lecturas, que el antinacionalismo
de este solitario viajero europeo era la otra cara de la misma
moneda: su crítica a la metafísica. Apátrida
significa, también, felicidad del historiador: no una única
alma inmortal sino muchas almas mortales. "Libre pensamiento"
indicaba tanto pensamientos diversos como que se ha viajado mucho;
así le parecía divino poder cambiar de opinión.
En la ciudad
llamada Vaca Multicolor (utilizada por Michael Ende en
La historia interminable) Zaratustra hizo una defensa de
la eterna vida frente a la Vida Eterna. "El hombre sigue
siendo el rehén del trasmundo porque los predicadores del
más allá le han robado la muerte". Los sacerdotes
se indignaron y rechinando se mofaron de este sabio ateo: "Ay,
Zaratustra, le escupían bondadosamente, nada has comprendido
del nudo revelador entre lo temporal y la redención. Quieres
asaltar nuestro feudo, nuestro pan nuestro de cada día,
pero la finitud como culpabilidad es el sello de este animal que
se cree astuto". Pero él no escuchaba y proseguía
su defensa acompañado de un arpa. "Al hombre le habéis
robado la muerte haciendo que ésta aparezca como una objeción
contra lo mudable y perecedero y finito. Para morir en paz habéis
envenenado la vida con la idea de una Creación inmaculada
y el don de la pureza que se venera en lo Inmutable, lo Eterno,
la Meta Final. Sutilmente, os conozco como psicólogo del
alma que soy, dijo tocándose suavemente sus enormes bigotes,
preparáis al rebaño para el miedo al miedo: "o
Dios o Nada", royendo al tiempo desde dentro, aboliéndolo,
quitándole verdad a lo perecedero asumido como pura mentira.
Pero esto es lo malvado: maldecir con agua bendita nuestra finitud
de seres mortales. ¡Finitos y por eso culpables! En verdad
os digo -y en este momento Zaratustra miró hacia el descampado
en donde un grupo de niños jugaban al fútbol imitando
a los portugueses- que el dogma de la Vida Eterna sólo
es una doctrina de invierno para los que están cansados
del conocimiento y del mundo. Algo propio, ya no podía
contener más la risa, de los perezosos de la tierra".
La locura
de Zaratustra se hizo famosa por todos los pueblos que visitaba.
En vez de rezar a los seis días de Creación y séptimo
de descanso eterno se dedicaba, decía la gente, a zarandear
a los hombres para que crearan nuevos dioses. Era tal su irracionalidad
que a la fe de los buenos creyentes oponía cosas tan descabelladas
como "hombre superior", "voluntad de poder"
y "eterno retorno"
¡Como si existiendo,
lo que toda persona normal sabe, un único Dios, no estarían
entonces ya creadas todas las cosas y el hombre completamente
definido de una vez por todas! La vida, ¿un continuo ensayo?
El hombre, ¿¡un experimento porque es el animal aún
no fijado y por eso preñado de futuro!? Para colmo no tenía
voluntad de sistematizar su pensamiento y parecía un poeta:
que si nuestra alma debe transformarse en un bailarín,
que no amamos la vida porque estemos acostumbrados a vivir sino
a amar, que lo del infierno es propio de los chupaodios, que si
hay que ser como una esponja si se quiere ser amado por corazones
rebosantes, en fin, atrevimientos tan poco académicos como
creer que se recompensa mal a un maestro cuando se permanece siempre
discípulo.
Hablamos
de Friedrich Nietzsche: alemán de pura sangre polaca.
Revolucionó la filosofía al transmutarla en una
meditación de y para la vida. Dionisio contra El Crucificado:
nos ha ayudado a defender nuestra temporalidad terrenal y a contemplar
el cielo libre de nubes y de cabezas espinosas, convirtiendo nuestro
vilipendiado (por el otro mundo) devenir en nuestra auténtica
patria. Excelente escritor, error imperdonable para los profundos
del pensamiento. Hay palabras sangrantes en su Obra, a nuestro
juicio la más importante de la contemporaneidad, que no
podemos, ni debemos, ni queremos ocultar en pleno Centenario de
su muerte (1844-1900), y que perfilan una "política"
en donde la máxima virtud, la veracidad, le acaba dando
la espalda a la fragilidad de la sociedad civil hasta el punto
de, y a pesar de su defensa del politeísmo y perspectivismo,
caer a veces en lo que criticaba: un jesuitismo educativo al servicio
del genio sin entender que todos somos los novelistas de nosotros
mismos (Alexander Nehamas: Nietzsche: The Life as Literature).
Sin olvidar, no obstante, su defensa de Europa frente a la teutomanía
y que los judíos del II Reich no tuvieron mejor aliado.
Los nietzscheanos de ayer, al parecer, han dejado de serlo y explican
la cosa como un pecado de juventud. Por estas razones considero
oportuno recordar en el ocaso de las revoluciones a Ortega
y Gasset, cuyo laicismo, entre otras cosas, debe tanto a Nietzsche
como para pensar que no es Unamuno su auténtico
heredero en España, sino el autor de El tema de nuestro
tiempo. El mismo que al interrogarse sobre Nietzsche
desde la lejanía respondió: "Nos hizo una vez
orgullosos". Albert Camus y Ortega coincidieron
frente a la moral del resentimiento: ¿para cuándo
el momento de la afirmación?, ¿qué necesitamos
para poder solidarizarnos en la alegría? Según el
propio Nietzsche sólo tuvo un igual: Cósima
Wagner, de ascendencia cultural francesa.
Al editar
su hermana, Elisabeth, casada casualmente con un antisemita, La
voluntad de poder, desaparecieron todos los fragmentos antinacionalistas,
así como su beligerancia contra algunos autores antisemitas
que utilizaban el Zaratustra. En esta selección de textos
se basa el Nietzsche de Heidegger, "el verdadero
Nietzsche" como escribe Faye, hermenéutica
pro nazi cuya voluntad de poder como arte quiso hacer de la auténtica
y pura cultura alemana el martillo con el que cincelar un nuevo
mundo. Pero Zaratustra nunca idolatró al nuevo ídolo,
el Estado o Reich, "la inmoralidad organizada", todo
lo contrario, decía, "allí donde acaba el estado,
amigos míos, ¿no veis el arco iris y los puentes
del hombre superior?". Y cuando algunos intentaron seguirle
los paró en seco: "si quieres seguirme, síguete
a ti mismo". Es verdad que odiaba la debilidad y bendecía
la fortaleza de espíritu, razón por la que en "El
nihilismo europeo" (10 de junio de 1887), y frente a la añoranza
de los dogmas que nos hacían sentir tanta seguridad como
la de la oveja en su redil, señaló que los que acabaran
imponiéndose como "los más fuertes" serán,
precisamente, "los más moderados". Cuando se
volvió loco en Turín se abrazó a un caballo
que estaba siendo maltratado. Amó la vida con todo su dolor
y todo su placer, sin condiciones; pero el Eterno Retorno tenía
dos objeciones: su madre y su hermana. Frente a algunos comisarios
como Jorge de Burgos en El nombre de la rosa y Hobbes,
que señalaron el humor y la risa como algo a erradicar
de raíz en aras de la buena sociedad, este "cronopio"
(Julio Cortázar: La vuelta al mundo en ochenta días,
II) nos preguntó: ¿pero quién nos salvará
de la seriedad?
Quien tenga oídos, escuche.
Julio
Quesada. Escritor español