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Apuntes
VENEZUELA
EN LA COLECCION ARCHIVOS
Un
mensaje polifónico

Foto Alfredo Boulton
Guillermo Meneses, un venezolano más en
Archivos
El espacio científico
y la razón de ser de una colección como Archivos,
a pesar de los intensos y múltiples encuentros que precedieron
y sellaron sus ambiciones, y sus ámbitos, no se pudieron
captar claramente sino cuando el discurso textual e historiográfico
que inaugura ha podido percibirse y confirmarse a lo largo de una
producción cada vez más afinada en sus orientaciones
estructurales y metodológicas.
Cuando nos
reunimos bajo los auspicios de la Unesco en París, o en Roma,
o en Madrid, o en México, o en Buenos Aires, para definir
el modus operandi y el repertorio del nuevo canon, que estamos
proponiendo, estas reuniones eran más bien declaraciones
de intenciones, articulaciones argumentativas, cada vez más
lúcidas, de temas y problemas lingüísticos, historiográficos
y editoriales.
Archivos es ahora un fenómeno cultural que reúne a
catorce países de los dos hemisferios (y mi visita de hoy
es para darle la bienvenida a Venezuela, nuestro último signatario
en orden de tiempo), y que ha publicado más de cincuenta
títulos de 16 países latinoamericanos. Tiene en la
actualidad otros cincuenta títulos en preparación
y la tirada de cada título ha llegado a ser de 10.000 ejemplares,
que son difundidos automáticamente en bibliotecas, universidades,
organismos de investigación y librerías de los países
miembros y se agotan completamente al año de ser publicados.
Cada país
latinoamericano tiene una valiosa tradición editorial pero
me encuentro hoy finalmente en el país que, produciendo y
sosteniendo a la Biblioteca Ayacucho, ha contribuido, más
que ningún otro, a destruir barreras y discriminaciones culturales
nacionalistas para instaurar un discurso de herencias y genealogías
compartidas. Archivos no podría existir sin el antecedente
señero y ejemplar de la Biblioteca Ayacucho.
Reconozco (y
agradezco), haber aprovechado abundantemente la lección venezolana,
así como las que se desprenden de la Pléiade
francesa, de la American Library, de la colección
Scrittori d'Italia y de la cubana Valoración Múltiple.
En efecto, y esta es la ventaja de los que hemos cronológicamente
llegado últimos en esta área de actividades, pudimos
cooptar varias tradiciones, varias preocupaciones para imaginar
y proponer un objeto de estudio y de diálogo novedoso y útil.
Insisto mucho en la noción de servicio útil y veremos
luego por qué.
En este orden
de ideas, la primera preocupación de Archivos es la de procurar
un texto restaurado o restablecido en su formulación autoral
segura y fidedigna. Este enunciado parece trivial pero la práctica
textual, común y corriente, hasta fechas muy recientes era,
y es, la de reproducir textos cuya exactitud, estructura y patrimonio
verbal se transmiten de una manera automática descontrolada.
Daré algunos ejemplos de las revoluciones textuales que ha
supuesto nuestra investigación sobre las ediciones efectivamente
aprobadas o no aprobadas por el autor. Esto aparece particularmente
importante en los casos de José Lezama Lima, de César
Vallejo, de Macedonio Fernández, de Roberto
Arlt y de Manuel Payno. Todos esos autores, por razones
diferentes, políticas, familiares, de dictadura editorial,
de snobismo cultural, de apropiación ideológica, han
padecido desventuras textuales increíbles.
Desde Lezama,
que no corrigió las pruebas de Paradiso en la edición
de Letras Cubanas y aceptó las correcciones que Julio
Cortázar y Carlos Monsiváis hicieron para
la edición de Era, hasta que Cintio Vitier
descubrió casi novecientas diferencias de más de
tres palabras con respecto al manuscrito de origen, hasta César
Vallejo, quien dejó las dos terceras partes de su obra
sin redacción y organización final, y que luego Georgette
Vallejo y Juan Larrea distribuyeron en una serie de libros
y poemarios, totalmente abusivos e ideológicamente orientados,
superchería que fue descubierta y denunciada por Américo
Ferrari al examinar los manuscritos ológrafos que el
hospital de San Juan de Dios de Lima heredó de la viuda.
Otra preocupación
permanentemente presente en nuestras ediciones, y quizás,
una de sus aportaciones más valiosas y reveladoras, es la
de concebir el texto publicado no como una realidad fija, definida,
inmóvil, sino como una propuesta en movimiento, un itinerario
complejo y hermético, un laberinto y un enredo de indicios
verbales que se enriquecen, se excluyen y se metamorfosean sin cesar.
El estudio
y el acceso a los borradores, a las minutas preparatorias, a las
múltiples fases redaccionales de las obras, son documentos
que describen la mens creadora del autor y las polisemias del texto
de una manera cuyas leyes y especificidad no son ya propuestas o
impuestas por el crítico, sino señales y balizas del
mismo autor. La crítica genética es la biografía
del texto hecha por el autor y no una hipótesis de trabajo
emitida por el investigador, como Gustavo Guerrero puso de
manifiesto con argumentos convincentes y contundentes en el caso
de Canaima y de su cuaderno preparatorio.
En nuestras
ediciones, esta indagación genetista ha sido particularmente
útil en varios casos como los de Ricardo Güiraldes,
de Alcides Arguedas, de Lucio Cardoso, de Haroldo Conti y de Oswald
de Andrade. Hay también otra manera de encarar la obra de
un autor siguiendo esa noción de texto en movimiento, que
ha sido particularmente fecunda; o sea, la de establecer y analizar
la verdadera cronología de la producción textual de
una obra. Me explico, con el ejemplo de tres casos:
-Miguel
Angel Asturias [París 1924-1933. Periodismo de y creación
literaria],
-José
Martí [En los Estados Unidos. Periodismo (1881-1892)],
-José
Carlos Mariátegui [Periodismo (1923-1930)].
Característica
mayor de nuestras ediciones es la de proceder a una repartición
sistemática de las investigaciones, solicitando no solamente
el concurso de la crítica literaria o de la filología
sino también el de otras disciplinas que descifran partes
y aspectos, a veces muy interesantes del texto, que están
fuera del alcance o del horizonte de intereses del crítico
literario a secas. Me refiero a la investigación histórica,
filosófica, sociológica, al estudio de los contextos
sociales en los cuales la obra ha nacido y se ha venido construyendo.
Nuestros libros,
en lugar de ser manifestaciones, a veces, egotistas del talento
y de las capacidades de un solo crítico de la edición,
a la postre demiurgo y tirano de la misma, son el lugar de encuentros,
de diálogos, de negociación de varias personalidades.
Cuando nuestros libros logran el nivel deseado, envían siempre
un mensaje polifónico que trata de restituir todas las connotaciones
del texto estudiado.
aturalmente,
para ello se necesita de una personalidad coordinadora que no solamente
conozca y domine el autor publicado, sino que sea capaz, y pueda,
convocar equipos idóneos y representativos de las voces secretas
o explícitas del texto en todas sus connotaciones.
En nuestras
ediciones, este ha sido siempre un punto particularmente delicado
y difícil de resolver, porque la tradición académica
favorece más bien el ejercicio individual e individualista
de la práctica literaria y no la costumbre democrática
de discutir, juntar y armonizar dentro de una noción de paridad
efectiva y no demagógica, las diferentes opciones interpretativas
que ofrece el texto.
Otro elemento
que considero importante y que obedece directamente a esta estrategia
dialógica es el de estudiar, publicar y difundir textos de
todos los países del área en los cuales trabajen en
perfecta complementariedad los investigadores del país y
del exterior, acatando contrastivamente voces nacionales, de la
región e internacionales. O sea, liberándolos de dos
hipotecas: provincianismo estrecho y cosmopolitismo enajenante,
que han invalidado y comprometido su sentido y su valoración
en la historia de la recepción y en la acogida de los usuarios.
Sabemos que
todos los países latinoamericanos poseen excelentes colecciones
de autores nacionales que, sin embargo, no logran cruzar las fronteras
de sus respectivos países, salvo en el caso de algunos de
ellos como México, Argentina, Cuba y, desde luego, Venezuela.
Yo creo firmemente
que no se trata aquí de mera difusión y de organización
editorial eficaz y capilar. Se trata más bien de considerar
y hacer aceptar que los autores de los diferentes países
y de los diferentes idiomas de Iberoamérica forman parte
de la historia cultural de todo el continente y que, entonces, son
dignos de circulación, no solamente autores conocidos e impuestos
por la industria cultural avanzada de algunos países, sino
muchos otros que la organización de la cultura y del mundo
editorial no ha logrado hacer llegar a públicos diferentes
del propio.
La idea rectora,
entonces, de la colección es la de ir estableciendo una suerte
de colección generalista donde se revisitan clásicos,
todos los clásicos, se descubren escritores olvidados o descuidados,
se sugieren otros, cuya originalidad o excentricidad temática,
discursiva o biográfica, los ha marginado respecto al canon
literario establecido y a las políticas editoriales del sistema.
Las consecuencias
de las ediciones Archivos se sitúan en varios niveles. Podemos
señalar la constitución y la interrelación,
cada vez más acusadas, de investigadores y grupos de investigadores
de países diferentes. Citaré los casos más
llamativos de la comunicación permanente que se ha creado
entre las comunidades de investigadores de Brasil y las de los otros
países de América Latina. Es este un hábito
de trabajo compartido que favorece mucho más que las reuniones
diplomáticas, el proceso de integración de la región.
Una segunda
consecuencia se sitúa en el terreno de las traducciones.
Por ejemplo, el traductor de Paradiso al francés tuvo
que revisar radicalmente la suya a la luz de nuestra edición.
Pero la revolución más importante se encuentra en
el mapa historiográfico mismo de las letras latinoamericanas
del siglo XX; o sea, las modificaciones, a veces, radicales en la
cronología de producción y de publicación de
las obras, han tenido o van a tener un peso determinante en la apreciación
de los tiempos, de los lugares y de los enunciados de los principales
autores latinoamericanos.
Una cuestión
subalterna a esta, es que por fin aclaramos o comprendemos mejor
los mecanismos de afirmación, de marginación y de
manipulación de la literatura latinoamericana, y esta es
una lección que los historiadores y los críticos no
pueden ni olvidar ni pasar por alto en sus historias literarias.
No quisiera
que estas declaraciones les parecieran demasiado triunfalistas y
presuntuosas, pero este nuevo mapa y esta renovada radiografía
de las letras latinoamericanas del siglo son una realidad que afecta
y exalta ya el destino de su recepción.
Venezuela hoy
se asocia a Archivos y enriquece nuestro proyecto. De este país
hemos publicado hasta la fecha dos títulos: Las memorias
de Mamá Blanca de Teresa de la Parra (No 9) y
Canaima de Rómulo Gallegos (No 20) y estamos
por publicar la Obra completa de José Antonio Ramos
Sucre y Las lanzas coloradas y Los primeros cuentos
de Arturo Uslar Pietri, escritor a quien Archivos, junto
con Jorge Amado, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sábato y
Carlos Monsiváis, quiere rendir homenaje especial
sin esperar que los años futuros los inscriba de derecho
entre los autores de la colección.
De los autores
venezolanos que vamos a poner ya en preparación, citaré
una lista de nombres que considero aún provisional e incompleta
porque nuestras conversaciones al respecto no han todavía
terminado:
Rufino Blanco
Fombona, Julio Garmendia, Mariano Picón-Salas, José
Rafael Pocaterra, Guillermo Meneses, Enriqueta Arvelo Larriva, Miguel
Otero Silva, Vicente Gerbasi, Enrique Bernardo Núñez,
Ramón Díaz Sánchez, Pedro César Domínici,
Ignacio Cabrujas, Antonia Palacios, Jesús Semprún,
Juan Nuño, Alfredo Armas Alfonzo.
A pesar de
sus evidentes excelencias literarias y de la importancia continental
de su obra, todos estos autores han tenido un impacto y una circulación
que no corresponden en absoluto al sentido y a la belleza e importancia
de su escribir.
(Fragmentos de
la conferencia dictada a propósito de la incorporación
de Venezuela como país signatario del convenio Colección
Archivos auspiciado por la Unesco, celebrada el pasado mes de febrero).
Amos
Segala. Director Colección Archivos / Unesco
Foto: Archivo
José Antonio Ramos Sucre se estrena
en la colección
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