Crónica

Las jornadas
de Babel-Solothurn

Solothurn, Solothurn, la de las once torres, las once fuentes, las onces iglesias y capillas… A Solothurn la kábala parece estancarla en el tiempo, como si celtas, borgoñones y helvéticos hubieran pretendido confinarla desde hace siglos en el ambiente más barroco de Suiza. Verdad, si el cerco amurallado es plenamente medioeval —almenas y poternas evocando cruzadas mercenarias— las fachadas tienden a un estilo flamígero, en calles siempre adoquinadas y plazuelas con estatuas policromas. Sí, sí, ajeno a buses, autos o tranvías, el casco viejo se conserva intacto, extendiéndose hasta las orillas del río Aar con jardines florecidos en una profusión casi estival. Cielo azul, sol, sauces y rosaledas… ¿qué más pedir? Sin embargo, —fanáticos que somos— preferimos la penumbra de los salones de lectura, intentando una inmersión en cuentos, novelas y poemas durante los tres días de los ya célebres Solothurner Literatur Tage. ¿Cómo ignorarlo? Las Jornadas Literarias de Solothurn se dedican este año al tema del desarraigo y el exilio. "Quedarse o partir: escribir entre distintas lenguas y culturas para hallarse finalmente" —ha titulado el coloquio principal Ilma Rakusa (suiza), secundada por Dzevad Karahasen (bosnio), Ermine Ozdamar (turca) y Herta Müller (rumana). ¿Será Solothurn otra Babel? Somos cuarenta, y a veces tenemos que entendernos a señas. Pero si entre nosotros no hay mayorías silenciosas, tampoco hay minorías femeninas. Verdad, las mujeres nos atrevemos a ser tan voluntariamente desterradas como nuestros congéneres. Entre otras, Radka Donell, la novelista búlgara, aclimatada en Zurich con la misma facilidad que Kathy Zarnegin, la novelista persa. Y si Gabrielle Allioth regresó a su patria irlandesa luego de una larga estancia helvética, fue para publicar narrativa en alemán. Extranjeras… y extranjeros. ¿Luego la última novela de François Conod no sucede en la isla de Malta? ¿Luego Robert Bober no vino a Solothurn para evocar sus años berlineses y Gianni Celati para recitar sus poemas italianos? En este crucigrama de regiones, lenguas y semánticas, resulta fácil anunciar que leeré en francés un cuento colombiano.

¿Cuál cuento? Después de mucho vacilar, me decido por el más asimilable al tema de la errancia y el exilio: el de un occitano que se instala en Bogotá para elaborar una tesis sobre la obra de Rafael Uribe Uribe. Cuento traducido —bromean los latinoamericanos a la salida. Y verdad que me sentí incómoda leyéndolo y aún más incómoda respondiendo a las inevitables preguntas sobre la muerte violenta de Uribe Uribe, seguidas —cuándo no— de otras tantas preguntas sobre otras tantas muertes violentas en lo que va de siglo. Asesinatos misteriosos, crímenes contra políticos, sindicalistas, militantes. Crímenes que van en aumento. Y quedan siempre impunes. ¿Por qué? La pregunta la formulamos sin cesar en el libro que la Editorial Limmat de Zurich acaba de sacar y que venimos a firmar a Solothurn: una antología a la vez asiática, africana e hispanoamericana1.

"La Heimat, cuando aún no se le ha destruido demasiado y se le puede conservar en sueños" —dice Günther Grass— "es el lugar donde se tienen las raíces"2. Anunciada y aclamada con júbilo, su presencia es el punto culminante de las Jornadas Literarias. Tan germanófilo como germanófobo, este incansable narrador que es a la vez poeta, escultor y acuarelista, cuenta con un impresionante público de fans. Objetos hallados para no-lectores es el título de la obra en que el color, la imagen y el signo operan en simbiosis milagrosa. Aquadichte, llama esta serie de poemas ilustrados, cuya edición de lujo podrá ser comprada, firmada y dedicada a quienes hagan cola durante horas para entrar al auditorio donde les espera Grass, idéntico a sí mismo, con la sonrisa, el desaliño y los bigotes gachos que son ya leyenda. Al oírle leer sus versos con ese acento espontáneo y dialectal, cuesta trabajo reconocer allí y entonces a quien se ha mantenido en el banquillo desde hace décadas, ya señalando la nefasta herencia nazi, ya denunciando los atropellos de la reunificación o de la política xenófoba. Amenazado, calumniado, exiliado en su propio país, Grass se ha empeñado en demostrar, sin embargo, que ante ciertos peligros: "La nacionalidad se impone de manera obsesiva, la escritura repercute como una terca rememoración y la literatura tiene el poder maravilloso de renovar y dar forma a lo perdido". ¿Acaso no ha sido éste el tema de las Jornadas de Solothurn?

1 Küsse und eilige Rosen - Die frendsprachige Schweizer Literatur, Limmat Verlag, Zurich, 1998 (compilación de Chudi Bürgi, Anita Müller y Christine Tresch, con fotografías de Dominique Meienberg). Incluye textos de dos escritores chilenos, uno peruano y uno argentino, además de una entrevista al poeta Mario Camelo (Leticia-Friburgo), un relato de Helena Araújo (Bogotá-Lausana) y cuatro poemas de María del Pilar Llamas (Cartagena-Zurich).

2 Entrevista con Marion Graf en Le Temps, Lausana, 16-5-98.

Helena Araújo. Narradora colombiana

 

 

[El Universal] [Ágora] [Búho] [Playball] [Elecciones]
[Estampas] [Radar] [Record]

Copyright 1998, reservados todos los derechos.