Entrevista

Hacia una poética
de la luz tropica
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Con palabra franca y exigente, el creador de la excepcional exposición que se muestra hasta octubre en el Museo Alejandro Otero, Tunga, accedió a ofrecer algunas respuestas a las interrogantes por su visión del mundo, del arte, de la literatura, de la luz, elemento con el cual piensa que se fundaría la poética de una civilización de los trópicos, encabezada, quizá, por Sergio Carmargo, acaso por Reverón


Foto: Esso Alvarez
Pintar con la luz del trópico
es un reto para Tunga

 

Luego de ser rescatado de una cierta antropofagia local, Antonio José de Barros Carvalho e Mello Mourão, Tunga, me concedió unos minutos en los espacios del Museo Alejandro Otero. Era de esperarse una multitud a su alrededor, pues su éxito como artista se verifica en un extenso campo de visibilidad. Tunga, quien habla constantemente de y desde la luz, habló también de Reverón, uno de los artistas universales más fundamentales e importantes a su modo de ver.

—¿Cuál es la relación entre el trabajo de Joseph Beuys y el de Tunga?
—Yo creo que hay una relación no sólo con Beuys, sino con una serie de artistas que han partido de este siglo y que tienen una tradición mucho más larga, pero que han abandonado el modo cubista de pensar y han tratado de hacer una crítica radical a la estructura de la Modernidad, estando dentro de esa Modernidad —entendida originalmente como los esquemas o estrategias que fueron propuestos ya sea formalmente, sea mentalmente en el Cubismo—. La tarea del Cubismo empezó a ser criticada por muchos creadores en este siglo que trataron de reconectarse a la luz de un no saber, que es muy próximo al no saber del nacimiento de la ciencia y de la alquimia y que era muy susceptible de ser rescatado y reconstruido como una nueva estrategia de un nuevo sujeto, encajado en la persona moderna pero con un método diferente y en dirección hacia lo humano, al Humanismo. Lo que sí se cuestiona y creo que está cuestionándose en la obra de Beuys en relación a otras, es una vuelta a los propósitos humanistas que se veían en el arte, o sea el propósito de redescubrir un nuevo hombre, porque las estrategias que aquellos creadores se habían propuesto estaban como fracasadas. La prueba de ese fracaso es la vigencia actual de lo que se llegó a llamar el Postmodernismo. No hay Postmodernismo, eso es una farsa, pero eso no significa insistir en negar lo que pudieron lograr, porque ofrecieron una alternativa para el hombre hacia la industria y la tecnología. Eso se ve hoy en día más que nunca con la globalizacion, la inhumanidad de ese programa, es decir, hay como una relectura de un nuevo hombre en esta cultura mirando a otras culturas, eso nos acerca a un no saber donde ya Beuys había explorado, aunque esa noción de energía sea una noción muy dudosa, una vez que la energía para la física es de cuatro clases. El punto de conocimiento en la física es muy importante porque no hay una teoría que sea capaz de ligar las cuatro energías conocidas, a saber: la sub-atómica, la fuerteflaca, la magnética, o electromagnética y la gravitacional.

Esas serían las definiciones de energía en el plano de la física, pero, es posible usar de modo metafórico la noción de energía y también a la luz de fenómenos y de experiencias intensas de lo humano se puede hablar, de hecho, de energía, y el arte sería tal vez el vehículo, el momento, el lugar, la poesía para encontrar esa energía, para pensar en otra obra, una obra que se vea integrando los lenguajes más diversos y la postura del hombre ante ese hacer.

—¿Estás haciendo referencia al Neoconcretismo, su fantasmática…?
—Sí y no. Yo creo que de algún modo sí, pero no con tanta intensidad, la fantasmática, por ejemplo, tiene un pie hincado en el modelo psicoanalítico, que al igual que aquellos que poseen la luz de la fenomenología está todavía muy influenciado por el modelo freudiano, sin embargo, yo creo que lo que hay de rico allí es la influencia, la correlación entre el Neoconcretismo y la fenomenología, sobre todo en la fenomenología de Merleau-Ponty, pero hay que pensar en una radicalidad un poco más avanzada en la obra que se hace hoy día. Evidentemente hay un camino abierto, muy extensamente abierto, pero también un cerramiento, y una abertura muy importante que es el pase de las culturas no alienadas o las culturas indígenas y creo que ellos las descubrieron, las despertaron de algún modo.

—¿Cómo funcionan los relatos, las narrativas en tu trabajo?
—La presencia de la poesía en la obra artística de la visualidad es también una tradicion moderna, el contacto, la influencia del pasaje o la inspiración del artista visual con la poesía, con la literatura. La literatura moderna creó la posibilidad de aproximar lo heterogéneo de un modo radical, para encontrar en la falta de sentido del fondo del pozo, el sentido nuevo. Esa operación de la alquimia de las palabras, como habla Rimbaud, se hizo posible en el arte contemporáneo en el momento en que ese arte se desincorporó de la techné donde el artista ya no es más el hombre que conoce y desccribe una técnica, que trabaja sobre eso. La postura del artista contemporáneo, a partir de Duchamp y el Dadá, permitió realizar el sueño de esa alquimia no sólo como lenguaje de palabras sino en el espacio del hacer y en el de la energía.

—Tus relatos son referencias directas a géneros del siglo pasado como las crónicas de viaje o los informes de los naturalistas ¿Por qué?
—Yo creo que una utilización de la parodia del pastiche (Platón en sus diálogos es el rey del pastiche), permite un desplazamiento estratégico de los artistas hacia una comprensión o hacia un desenvolvimiento que yo podría llamar un "tráfico" implícito en el hacer. Muchas veces ese tráfico se plantea en una forma estilística, se presenta un problema con un esquema preciso que puede aproximar a una comprensión de lo que no está en ese estilo.

—Cuando Tunga está dentro de esos relatos, está constantemente descubriendo cosas. En la misma posición que el lector…
—Muchas veces es la parodia del "descubrimiento" mismo. Se trata de la posición del artista de intentar conocer y nunca llegar a conocer. Quizás es la posición del productor, que siempre está en el camino sabiendo que nunca se llega a parte alguna. Ese es el lado dramático y se puede manejar de un modo paródico como si yo estuviera en esa investigación queriendo encontrar algo.

—¿Se podría decir que tu obra es una especie de ensayo sobre la historia de la cultura?
—Bueno, yo creo que hay una procreación de diferentes culturas, de diferentes procedimientos en base a las culturas, pero hay que ser un pcoo más humilde en relación a la cultura, porque todo el eurocentrismo y la occidentalidad cultural es una barrera. Uno no puede llevar eso en serio hoy en día, porque se corre el riesgo de ser extremadamente autoritario sobre las culturas que todavía guardan un vínculo con lo mítico y lo esencial.

Reverón entre luces y penumbras
Reverón me interesa profundamente y creo que es casi imposible que no le interese a alguien que esté dentro del mundo de las artes. Yo tuve un primer contacto con Reverón a partir de Sergio Camargo, muy curiosamente porque son dos artistas que han trabajado la luz de modo intenso. Ante todo hay una gran tradición en Europa de hablar de la noche oscura, de la oscuridad, y es evidente que en la poética de la noche, en la poética de lo oscuro, la obra de Reverón es una antípoda porque en ella es la luz la que habla, lo que ella revela es la luz y no la oscuridad. Uno cree que es desde lo oscuro de donde surge un imaginario, en un sitio oscuro lleno de penumbras que nos sugieren los fantasmas que luego se convierten, a través del lenguaje, en una expresión de lo que uno es, o de lo que uno cree ser. Entrar en lo contrario de eso, expresar lo contrario, su antípoda, es una operacion magnífica, no sólo como operacion, sino también por el hecho de que eso venga de un sitio en el mundo como Venezuela o Brasil, donde es la luz la que hace la fotosíntesis de la pintura. Yo creo que eso es un icono máximo de la pintura de un país luminoso, de un pueblo que no pasa por el invierno mental, sino que va a reproducir el sufrimiento, para que de ese sufrimiento se despliegue la gloria y el sentimiento de gloria que está en lo humano. El rescate de lo espléndido, de la exhuberancia de la luz en Reverón nos conforta enormemente y nos vuelve a atar a los trópicos, donde es posible la poética de la luz, la poética de una civilización, diría yo, que no se ha hecho todavía pero que tiene sus indicaciones ya en esa expresión, que no sea masoquista ni busque a través del mal su realización más plena.

Thelma Carvallo. Narradora

 

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