Libros, Lecturas y Lectores
El alma y el arte (y II)
En el comentario al libro de Víctor J. Krebs, El alma y el arte (MBA), me referí a la cita de unas "líneas soberbias" de Rilke y a otras de un escritor (¿o crítico?) llamado Stanley Cavell, en el epílogo titulado "La forja del alma". Las de este último concluyen así: "no [...] salvar al mundo a través del amor, sino salvar el amor para el mundo, hasta que éste responda otra vez al amor". Desconfío mucho de las proposiciones construidas con retruécanos, incluso de aquellas en las que el amor, esa palabra de la que hemos hecho un lío, es sujeto de la oración. Pero, digámoslo así, son los tics del lector que soy.
II
Temas de museología reúne trabajos sobre esta disciplina entre los que podemos destacar el de José Antonio Navarrete, útil para todos los investigadores de artes plásticas. "El museo juega a la carta de la actualidad" de Carmen Hernández es un breve resumen informativo de la calidad de los museos en la actualidad. Pero el trabajo que merece una atención privilegiada es el de María Elena Ramos titulado "Amistad a la luz de la crisis". Es el texto de una ponencia presentada en un encuentro de "Amigos de la Cultura", pero aún siendo un papel de trabajo es destacable porque aborda un tema casi inédito en nuestro "ambiente cultural": el de la amistad, entendida incluso en su aspecto institucional.
En publicaciones de este nivel sería deseable contar con la colaboración de museógrafos como Miguel Arroyo o Lourdes Blanco, aunque no estén activos, según creo, pues sus experiencias, aparte de poseer una innegable calidad, abarcan la etapa formativa de la museografía venezolana.
El volumen Arte y locura: espacios de creación es una recopilación de textos de un seminario homónimo sobre la esquizofrenia. Me llamó la atención, con sólo revisar el índice, el texto de José Solanes "De Van Gogh a Antonin Artaud": centrado en el libro de Artaud Van Gogh, el suicidado por la sociedad, precedido de Antonin Artaud, el enemigo de la sociedad, este breve texto del doctor Solanes repropone a nuestra atención el caso de un escritor que si bien estuvo ligado al surrealismo de André Breton (ese Breton al que Saint-Exupéry decía en una carta: "Si usted no es el hombre de las Bastillas es por falta de poder. Pero en la medida en que su débil poder pueda ejercerse, usted es el hombre de los campos de concentración espirituales"), escapaba a toda limitación de escuela, y el de un pintor que deseaba "ascender hasta los humildes".
El poeta venezolano Juan Calzadilla en "Moisés Feldman y la psicopatología de Armando Reverón" afirma que "muchos de los enfoques empleados por Feldman provienen del campo de la antipsiquiatría de Laing y Cooper [cuya] escuela niega que la esquizofrenia sea una enfermedad". Feldman creía igualmente que Reverón padecía una "enfermedad creadora" y que el mismo pintor, a través de sus "psicodramas", establecía una particular terapia. Sobre la locura de Reverón apuntaba sagazmente Mario Briceño Iragorry en un corto ensayo de su libro Cartera del proscrito, que pareciera existir el propósito (Iragorry escribe en 1953) "de desviar hacia la pacífica humanidad del pintor ribereño toda la locura que azota grandes zonas responsables del país... Hay empeño especial en que Reverón resuma en su generosa personalidad toda la locura ambiente".
Al escrito de Eduardo Gil "Doble de luces. La profesión delirante" no le encuentro cabida en esta selección, pues aparte de ejercicio retórico lindante con el despropósito y de un buscado "aire poético", es anodino, sin temple, previsible. El texto del crítico de arte Perán Erminy, "Los esclarecedores demonios del extravío", es didáctico sin pretensiones, mientras que el de José Luis Blondet, "El gran teatro del mundo", es sugeridor (me hizo recordar un ensayo de Leonardo Sciascia, "Napoleón escritor").
No debemos leer para ser más sapientes o imitar el tono de una elocuencia. Debe leerse porque nuestras afecciones, incluso nuestros abismos (si los tenemos), se rozan con los tiempos síquicos, con las "evaporaciones" de otros escritos. Por ello, quien pueda permitírselo, debe leer poco, pues contados son los escritores con los que podemos cruzar nuestra alma, nuestra psique, también enferma.
Douglas Palma. Poeta, ensayista y traductor literario
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