Creación

GINA SARACENI, A LA DERIVA

Casa y cuerpo del desarraigo

Cuando escribe y traduce poesía, Gina Saraceni exhuma los dolores de su primera memoria
y paladea el amor que le fuese servido en la orilla de la playa, mientras "naufragan olivares / vencidos por la brisa / ardiente del verano", mientras naufragan sus padres "mirándose las manos". Poemas recientes son los que ahora adelanta con el nombre de Deriva, poemas que caminan
hacia un nuevo libro y vienen de la herida, "de la tierra / que sacude mi sangre / dividida".
Sangre que corre desde muy lejos


Azalea Quiñones

Esta semana
el amor se quedó
quieto
como el café
que se empoza
en la taza
todas
las mañanas.

El amor
nos dejó huérfanos
sin voz y sin ojos.

Esta semana
el amor
es la cigarra
que muere
por su canto.


La casa azul
se la tragó la hierba.

El tiempo derrumbó
sus olores
a cocina y a infancia
            descalza,
sus frágiles paredes
de viento.

Ya no está
cuando la busco
en la roja cayena
de este octubre
             de lluvia.

 

 

 

                                  a Oma

Absorta en tu silencio
de fósil milenario

rota
por la impaciente
espera de la muerte

la vena de tu mano
se parece a la agonía
de una medusa
en la orilla de la playa.

Abandonas el deseo
y te duermes despacio
sobre la última
gota de tus ojos.

Te has ido.
Me has dejado
la isla de tu vientre
contra el mío.

Al borde del abismo
la caída
es un presagio
que culmina
en el fondo de uno mismo
y no sabes si son los pies
o las manos o el estómago
que te muerden la vida
          poco a poco.

Te reinvento
y te reviento
contra el piso
de mis manos

en fragmentos te recojo
para escuchar
el último latido
de una vena.

 

 

***

 

 


Juego a ser una,
dos, tres
a ser miles
abandonos
de los que
no puedo partir.


La casa de mi padre
y de mi madre
es la casa del desarraigo
y la nostalgia.
Allí mi padre y mi madre
mecen las olas
de su Abruzzo lejano,

naufragan olivares
vencidos por la brisa
ardiente del verano.

Cada día
envejecen
mirándose las manos

En la casa de mi padre
y de mi madre
escucho el rostro
de la memoria
gastada que
vence la pluma rapaz,
sobre la página abierta
de sus brazos cansados.

Volver es la herida
de la tierra
que sacude mi sangre
             dividida.


Esta ciudad
me castiga

implacable

se abre y
devora el pájaro
asustado
             del insomnio.


San Vito es un pueblo
entre el mar y la colina
demasiado distante
de esta orilla.

Allí soy
el geranio que
tu madre riega
cuando recuerda
a la abuela
y la bendice
con agua de mar.


N° 31 Aņo IV
Caracas, sábado 05 de mayo de 2001
 
 
 
 
Crítica
Darío Ruiz Gómez
Ciudad universitaria
(Juan Carlos Palenzuela)
 
Libros, Lecturas y Lectores
"Manual de Lenguas Indígenas
de Venezuela"

Muchas
tierras poéticas

(José Antonio
Yepez Azparren)
Reseña
Alfredo Camejo

A bordo la mirada

(Holanda Castro)
 
 
 

 

http://www.eud.com/verbigracia http://www.eud.com/verbigracia http://www.eud.com