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Esta semana
el amor se quedó
quieto
como el café
que se empoza
en la taza
todas
las mañanas.
El amor
nos dejó huérfanos
sin voz y sin ojos.
Esta semana
el amor
es la cigarra
que muere
por su canto.
La casa azul
se la tragó la hierba.
El tiempo
derrumbó
sus olores
a cocina y a infancia
descalza,
sus frágiles paredes
de viento.
Ya no
está
cuando la busco
en la roja cayena
de este octubre
de
lluvia.
a
Oma
Absorta
en tu silencio
de fósil milenario
rota
por la impaciente
espera de la muerte
la vena
de tu mano
se parece a la agonía
de una medusa
en la orilla de la playa.
Abandonas
el deseo
y te duermes despacio
sobre la última
gota de tus ojos.
Te has
ido.
Me has dejado
la isla de tu vientre
contra el mío.
Al borde
del abismo
la caída
es un presagio
que culmina
en el fondo de uno mismo
y no sabes si son los pies
o las manos o el estómago
que te muerden la vida
poco
a poco.
Te reinvento
y te reviento
contra el piso
de mis manos
en fragmentos
te recojo
para escuchar
el último latido
de una vena.
***
Juego a ser una,
dos, tres
a ser miles
abandonos
de los que
no puedo partir.
La casa de mi padre
y de mi madre
es la casa del desarraigo
y la nostalgia.
Allí mi padre y mi madre
mecen las olas
de su Abruzzo lejano,
naufragan
olivares
vencidos por la brisa
ardiente del verano.
Cada día
envejecen
mirándose las manos
En la
casa de mi padre
y de mi madre
escucho el rostro
de la memoria
gastada que
vence la pluma rapaz,
sobre la página abierta
de sus brazos cansados.
Volver
es la herida
de la tierra
que sacude mi sangre
dividida.
Esta ciudad
me castiga
implacable
se abre
y
devora el pájaro
asustado
del
insomnio.
San Vito es un pueblo
entre el mar y la colina
demasiado distante
de esta orilla.
Allí
soy
el geranio que
tu madre riega
cuando recuerda
a la abuela
y la bendice
con agua de mar.
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