Creación

AL BERTO, UN ILUMINADO SUMERGIDO EN EL MIEDO

El infierno, con la punta de los dedos

Al Berto decidió llamarse, suprimiendo el resto de su nombre así como sus apellidos
(Alberto Raposo Pidwill). ¿Para qué más letras si no hubo -no hay- jardín sobre la tierra
que no reconociera el timbre de su voz? Tampoco lo desconocieron los bares,
ni los puertos de su Portugal natal (Coimbra-1948 / Lisboa-1997)
ni del Bruselas (1967) de su voluntario exilio,
que colmara con desbordados textos, escritos con su mirada
de artista plástico, impregnados de sus dotes como "performista".
Por eso y más, su palabra no se desvanece y se torna "Cromo", "Pasión" y cenizas de vuelo,
como permite apreciar la versión que adelanta Nidia Hernández


Al Berto, viajero impenitente

 

Cromo

andamos por el mundo
experimentando la muerte
de los cabellos blancos de las palabras
atravesamos la vida con el nombre del miedo
y el consuelo de algún vino que nos sostiene
la urgencia de escribir
no se sabe para quién


el fuego la savia de las plantas vaciadas de astros
la vida multigrafiada y distribuida así
a través de la lengua gratuitamente
el amargo sabor de este país contaminado
las manchas en la boca herida de los tigres de papel


entre tanto duermo a la velocidad de los pipelines
esbozo cromos para una colección de sueños lunares
y al despertar la incoherente ciudad odia
a quien debería amar


el tiempo se escurre en la música silente de este mar
al amigo mío como envidio esa tarde de fuego
en la que deseaba morir y volver

 

 

 

Pasión

Visítame antes de que envejezca
toma estas palabras llenas de miedo y sorpréndeme
con tu rostro de Modigliani suicida

tengo un balcón amplio lleno de malvas
y la marejada de las noches pobladas de peces voladores
ven

a verme antes que la bruma penetre los cimientos
las piedras nacaradas de este volcán la lava del deseo
subiendo a la boca sulfurosa de los espejos
ven

antes que despierte en mí el grito
de alguna tierna Jeanne Hébuterne la pasión
se derrama cuando tu ausencia se aferra a las velas
prontas a vaciarse en oro

te pierdo en el sueño de los paisajes marítimos
estas heridas de barro y cuarzo
los ojos pasmados en la inabarcable agua
ven

con tu sabor de azúcar quemada que cerca del corazón
que no sabe como tocarte

 

 

 

NINGÚN BARCO regresó antes o después de ti
la noche alteró el vino endulzado de los dioses
sin que un suspiro brotase
en la penumbra azul de los días que te evocan


es tarde
estoy enfermo en el milenio que termina
los grandes rumbos de la pasión me molestan
otro cuerpo amarga el olvido del mío
tengo nostalgia de una mano sobre el rostro
la melancolía de los ojos de los ahogados
más nunca pedí a la muerte un paño limpio
para vender o pedir el ámbar de los tuyos


me queda este texto antiguo desierto de alas
sobre la piel mordida por las cenizas de vuelo
las horas como heridas de afilados dientes
donde tiemblan algunos cuerpos que fueron míos

 


N° 35 Aņo IV
Caracas, sábado 02 de junio de 2001
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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