CAUPOLICAN
OVALLES TRADUJO PARA LA VIDA
El
otro lado del misterio
Caupolicán
Ovalles convoca una vez más "al jolgorio de las más
reales promesas del lenguaje", confía Luis Camilo
Guevara al acercarse a Alfabetarium, obra que dejara inédita
Ovalles y que será presentada en la IV Feria Internacional
del Libro Universitario, que hoy se inaugura en Mérida.
El poeta llegará puntual, "con una rosa de carne"
entre las manos
para desgranar "lluvia metafísica" y "flores
eléctricas"

Foto: Esso Alvarez
Con Alfabetarium Ovalles liberó las amarras
del verbo
Asimilado
por el corazón
Con
la reciedumbre de su presencia, Caupolicán nos convoca,
una vez más, al desenfadado tiempo de las celebraciones
vitales, al jolgorio de las más reales promesas del lenguaje,
al disfrute de su verbo comunicador, siempre en vigilia para decir
las cosas por su nombre, por su sentido exacto del lugar donde
nos comunicamos los sucesos del mundo, las alegrías, los
encuentros, todos aquellos asuntos de nuestro reino fabulador,
allí donde él es el más frenético,
el más locuaz de nuestros contadores. Caupolicán
es un hacedor tentado siempre por las empresas más hilarantes
o más reales posibles. Por allí anda encaramado
en una torre de papel, buscando lo infrecuente, lo deslumbrante,
escudriñando esos montones de libros donde habitan los
duendes y los hechos espectaculares de un tiempo totalmente insólito.
Es el pasado, el hito de una larga temporada entre lo vivo y lo
inerte, un decir de donde salen todas las verdades objetivas,
y todas las mentiras subjetivas, un espacio para recrear todo
el universo donde se asan las palabras, pero es también
el hoy, el trecho pendiente para cruzar ese espacio entre lo real
y lo imaginario, por eso su voz se eleva y toca el alma de quienes
escuchan con fruición los hechizos de un discurso asimilado
por el corazón, por el toque casi de ángel cuando
expone y arranca pedazos del milagro verdadero, de ese tono donde
lo más elemental es su contagio por la muchedumbre, por
quienes absortos lo aplauden y celebran.
Caupolicán,
el festejador, el mágico, el hechicero de quienes creen
en el decir y en el sentido. Su manera de plantear el asunto temporal
como una obsedida elección entre lo más hilarante
y lo menos doloroso.
El poeta
se constituye, entonces, en un ser mitológico, un hombre
con sus grandes bigotes blandiendo las razones de su gran escritura,
la hecha a punta de talento y sensibilidad, la de Guatimocín,
alias El Globo, o la de Copa de huesos, o la de miles
de versos escritos en papeles y servilletas, o la novela, o las
canciones, o la de Argimiro, o la que se mezcla con el tamunangue
y los polvorientos andares llaneros, en fin, en todo su esplendor,
ese esplendor totalmente copado por los proyectos de otro día.
Caupolicán
juega con el humor y lo produce a borbotones, se alía con
su propia figura y lo remite a las más sana de las diversiones,
así hace con las diversas ocurrencias donde participa para
mostrar su verdadero yo.
En su poesía,
en su más descarnada razón, siempre se hallará
un afán por hacer de la vida un prometeico lugar donde
convivir. Digamos sobre su participación en los grupos
de vanguardia como un auténtico ejercicio personal, a fin
de mostrar su espíritu solidario y de riesgo; así
puede verse también la fundación de esa farandulera
desorganización, iridiscente, llamada República
del Este.
Caupolicán
Ovalles fue el disparo de una literatura marginal donde encontraremos
siempre las respuestas y las claves de un país estremecidamente
decidido para sobrevivir y andar sin reserva, por este y los otros
siglos venideros.
La Casa de
las Letras le rinde recuerdo y homenaje a través de la
publicación de este libro Alfabetarium, una de sus
últimas obras inéditas, concluidas.
Luis
Camilo Guevara. Poeta
Arden
de cadáveres las funerarias
los muertos ven la TV de color.
Todo es de color
el desayuno diadema de anarquía
y la última cena de barro.
Parado sobre mi cristina
del Séptimo Batallón de Caballería
y viendo caer la esquina de El Conde
lanzo mi añil carcajada
sobre la Lecuna Avenue.
De puros ricos se
mueren los ricos
de meros pobres
se ricos los pobres.
Un aire de nevera
enamorada
un circuito de veneno japonés
que llanta el soplo de un inaudible gas
que entona el baile.
The General Stone
caleidoscopa su ojo
una creole le derrumba la oreja
su nariz un subibaja de metralla
repta hacia el cielo.
Cristo hoy mira
el reloj yace en su tumba
la medusa de la suerte lanza monedas de oro
y de puros ricos
se ricos los pobres.
Como en la película
de los hermanos Marx
Caracas exhala de sí misma
artículos de primera
de sus puertas y ventanas jabones de colores
trigo, galletas, sardinas, abanicos.
El Panteón
Nacional
pleno de electrodomésticos
ríe
y su carjac de ilusiones se extiende y llueve.
Llueve sobre Caracas
lluvia metafísica
el labio leporino del Banco rumba de oeste a este
de la Urdaneta Avenue a los huesos del sur.
De meros ricos se
pobren los ricos.
La tormenta del General
Stone
pisa el ensangrentado hall de los muertos
que cantan a su Pánfila María.
Bailando estaba yo.
De meros los ricos
meros
de mero se meran los pobres.
Y los trajes
aplanchados por el peso de una lavadora
y mil coroneles de mostaza
toman la Lecuna Avenue
y los libros y cartas y manuscritos
marchan de la puerta de la Writer's Asociation
atropellando nombres
derritiendo títulos
enmarañando palabras
vuelven al fuego del linotipo.
La palabra amor se
derrite roma
brilla y muere
la palabra margarita
se ahueca en la ceniza del ardor
del cénit que
Yo azul me azurmentaba
en lo alto del Panteón.
A mis pies
flores eléctricas
martillos magnéticos de dolor.
Un río de cornetas
y sirenas
sube hacia el San Carlos Garden.
Una rosa de carne
un costillar de aromas
un viento enmohecido
baten la batidora.
Y de meros ricos los
ricos se meros.
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