Correspondencia

Dos epístolas filosóficas de Darío Kadmo Angulo

Encontrarse con un alma afín no es algo que podamos darnos el lujo de ignorar. Juan Calzadilla Arreaza, consciente del hallazgo, nos relata los pormenores
del bienaventurado encuentro en el que la filosofía
es el tema que acerca a lo humano


Anselm Kieffer. Sulamith, 1990

Conocí al colombiano Darío Kadmo Angulo en Caracas, una semana de poesía que recordaba un sarcófago. Salimos ambos a respirar aire y luz lunar a la plazoleta y nos reconocimos. DK fumaba ávidamente pieles rojas desencadenadas mientras me explicaba la farándula del Nadaísmo, o la inmanencia de lo femenino en Andrés Caicedo, o el amor a la Provincia de Venezuela de su amado Fernando González. Se mantiene lejos del Imperium, como el sabio taoísta, en un lugar de Antioquia, en Colombia de Granada. En su último pasaje por las ruinas de Caracas me dejó este par de manuscritos filosóficos, a la disposición del lector interesado. Me dijo que eran muy antiguos, de la época de su treintena, quince años atrás, pero que tal vez, como experiencia encapsulada, podrían servir a alguien. Como los originales estaban en francés me dio plena licencia de traducción.

Caracas, 2010 Anno Imperii Latino-Americani.

Juan Calzadilla Arreaza

 

A Maître F. L., Université de Paris

Querido amigo:

Hace diez años casi exactos que abandoné la Francia. Debo a la Francia mi despertar a la psicosis. Quiero decir la psicosis tal como la he vivido, como despertar gradual del embrujamiento (no me puedo despegar del francés "envoûtement") artaudiano. Al final del despertar (es decir en su gran comienzo) la psicosis está muerta. Esto me ha tomado diez años desde que abandoné la Francia. Supe que usted había venido a Colombia de Granada (conoce usted qué clase de prisión para un rey puedo haber encontrado en este hueco de país) y que había pedido verme. Enormemente gracias. Pero yo estaba demasiado lejos en el espacio —eso no es nada— y en el hundimiento en sí mismo que se había vuelto mi espíritu. La psiquiatría (o más bien el "diagrama", a través de la psiquiatría) me había convertido en maníaco-depresivo. Pasaba la mayor parte del tiempo "sumido" en un no-querer que equivalía a una muerte respirante. Muerte del pensamiento sobre todo. A este estado, aderezado con un menú fármaco-lógico apropiado, ellos lo llamaban la depresión. A veces experimentaba una palingenesia a la nietzscheana y me ponía a sentir, pensar, escribir. Me he vuelto escritor en este país (lo que no quiere decir gran cosa) gracias a esos momentos, en los que no menos me seguía vigilando la psiquiatría (incluso la más amistosa) y administrando el aderezo de la farmacopea respectiva. Sobre todo una famosa inyección "de acción prolongada" que servía para "protegeme". Después de esta inyección protectora regresaba al estado de no-pensamiento. La palingenesia no había durado más de un mesecito. Es así como he podido hacer mi pequeña obra (tres libritos de ficción y dos Syngrámmata de Filosofía Pagana). Al intervalo. Esta vez tuve la lucidez de no ponerme la inyección. Esta vez ha sido muy especial porque, entre otras cosas, Deleuze ha muerto. Y es la muerte de Deleuze la que me ha revivido. Esta vez última. Ya no habrá otras veces. Ha sido la vez por todas. Fue leyendo. ¿Qué es la filosofía? de Deleuze-Guattari como pude reconstruir todo. Creo que es la idea del plano de inmanencia, la cual he percibido muy bien a través de esta obra la que me ha uni-multi-ficado. Deleuze y Spinoza se aclaraban el uno al otro. Ahora es cuando hubiera podido pensar el Empirismo Trascendental de nuestra abortada tesis. El plano que se muestra, y que no es más que lo que se muestra, constituyente que es constituido por lo que constituye. Le aseguro que eso ha cambido mi vida. Y creo que Spinoza, Nietzsche, Artaud, Deleuze, Guattari, vivieron el plano como yo lo vivo. Es una cuestión de Vida. Y la Filosofía nunca ha sido más que un ars vivendi.

Lo saludo con profunda afección.
    Déjeme saber de usted.

    D. K.

 

A P.M.C., Harvard University

Querido P.:

Siempre es estúpido comenzar. Son diez años que han pasado. No sé cómo hablarte. Me volví una voz múltiple. Lo importante es haber roto el embrujamiento (siempre me acuerdo de ti por este importante concepto artaudiano). Debo escribir en un Francés muy españolizado. Permítemelo. Me gustaría hacer una triple desterritorialización Español-Francés-Inglés. Poder escribir en una lengua como si ella fuera las otras dos, permaneciendo ella misma. La cuestión estratégica, amigo, verdadero amigo de los del alma, a quien escribo desde mi torre como una princesa, es escapar de esta ciudad y de este país donde siempre me han querido muerto. Prisión para un rey. Con la experiencia me he vuelto monárquico. Macbeth es mi nuevo héroe (y su mujer, por supuesto).

Si pudieras leer el español, viejo P., el único tipo con el que he podido comunicarme intelectualmente (comunicar es una mala palabra, en verdad: con el que haya compartido el plano deleuziano), te enviaría mis flamantes últimas producciones literarias donde creo haber alcanzado el plano de inmanencia, o, como yo lo llamo en literatura, el campo rimbaudiano (fuente de lo desconocido). Sin embargo recuerdo haberte dado unos pequeños textos en español un día en que quemé un billete de cien francos.

¡Existe! te lo ruego. Conozco montones de tipos que desaparecieron en el gris de nuestro tiempo. Vendieron sus almas al más alto precio, siempre tan pobre. Es peor que si estuvieran muertos.

Rompí el aparato psiquiátrico que me ha "contenido" (es como dicen ellos mismos) durante diez años. Ahora estoy vivo. Es porque he alcanzado por mi cuenta el punto androgynal. Quebrando la lógica binaria del diagrama he logrado escapar del diagrama. Ahora vivo sobre el plano mismo, y experimento ya la potencia que dibuja el nuevo diagrama, del que somos la prueba. Tengo mi pequeña fe femenina y me digo que es Maître Deleuze quien nos transmite la fuerza desde el Software (¿no viste Star Wars?), ese concepto pop que saqué de la Máquina Abstracta. Es verdad para mí que su muerte me ha hecho renacer. Y no fue sino después que comprendí su devenir-pájaro. De todas formas la filosofía se ha vuelto para mí un puro chamanismo.

    Trato de reencontrarte por esta carta enviándola a Harvard.
    May the force be with us.
    Je t'aime bien.

    D. K.

 

 

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