Plástica
Traza de lo nuevo
Un espacio experimental y el trabajo de tres jóvenes artistas en el Chile de hoy forman parte de un proyecto "en desarrollo" del que damos noticia
Preguntaba yo un poco al azar en Santiago de Chile, este mes de julio bajo cero y contaminación, por los climas de lo nuevo, por los signos de un arte que se deba más al porvenir de sus lecturas que al pasado de sus orígenes, cuando Luis Alarcón, joven crítico y activo gestor de arte, me invitó a la clausura de la primera muestra de la "Galería Metropolitana". Me intrigó el título de la muestra, Pintura de alto tráfico, a cargo de tres artistas recientes, que se clausuraba con una mesa redonda. Luis me advirtió que su galería estaba ubicada en una zona marginalizada, la comuna Pedro Aguirre Cerda, lo que aumentó mi curiosidad.
Como el que pregunta encuentra, me encontré en la galería con que los tres artistas, así como el mismo Luis, forman parte del Diplomado de Crítica Cultural, que Nelly Richard conduce, y que suma a la Revista de Crítica Cultural, el centro feminista La Morada y la Universidad Arcis. También dos de los prologuistas del catálogo, producido por Luis Alarcón y Ana María Saavedra, son participantes de este seminario de crítica cultural; ellos son Carlos J. Ossa, crítico, y Ricardo Loebell, filósofo, y sus textos son muy agudos y estimulantes. No extrañará, por lo tanto, que yo mismo sea conferenciante del seminario este mes y que el otro inspirado prologuista, Pedro Lemebel, artista y cronista de la subjetividad urbana, sea una de las vivas huellas de lo nuevo alrededor de nuestros diálogos de los lunes.
Lo primero es la galería misma, construida como una expansión de la casa de Luis Alarcón en el barrio. Hecha de planchas metálicas, al modo de un galpón, esta galería es ya en sí misma un espacio en construcción, un taller autorreferencial, que convoca obras de arte procesal más que obras museológicas y normativas. Lo dice bien el catálogo: "Este proyecto de galería se constituye a partir de la coincidencia de las siguientes coordenadas: los posibles hitos que configuren una «historia del arte» en la comuna Pedro Aguirre Cerda, la historia de las galerías de arte en Chile y el Diplomado en Crítica Cultural, espacio experimental transdisciplinario que se viene desarrollando desde 1997 en la Universidad Arcis". Esta contextualización, sin embargo, no condena a la Galería Metropolitana a otro discurso canónico (no se propone un programa meramente alterno al sistema) sino que la sitúa como proyecto aporístico, abierto y por hacerse, cuya mayor aventura es hipotética.
Pues bien, lo central es la coincidencia de los tres jóvenes artistas en este espacio en devenir. Ellos son Lorena Arenas (1969), Viviana Bravo Botta (1974) y Juan Francisco Gárate (1967). Las instalaciones de los tres tienen una propuesta común: ocupar el espacio que la galería favorece. Se trata de un espacio des-urbano, esto es, la instancia de una deconstrucción que toma la metáfora urbanística de una galería, a su vez, en construcción. Por lo mismo, los materiales que estos artistas manejan son homólogos a ese espacio que se desliza fuera de la ciudad, como su nuevo proyecto; pero también, después de la ciudad, como su reconstitución posible. Así, los mosaicos que Bravo Botta despliega en el piso; las cuerdas de metal que Lorena Arenas tensa a lo largo y ancho del espacio, señalando su altura (1.5 m); y, así mismo, el círculo de bloques (huellas de un muro circular) que Gárate señaliza sobre el piso, son, al final, materiales de construcción, instrumentos de desconstrucción, propuestas de reconstrucción.
De allí su carácter transitivo. La noche del estreno (o la noche de la inauguración), la escena propuesta por Bravo Botta fue modificada por el transitar entusiasta de los asistentes, que quebraron las losetas, lo que la artista aprovechó para retrazar tres espacios con fragmentos en blanco, pedazos de grafía borrada, y restos de grafismo tachado ("Los artificios de la imagen"). El texto que el bloque inicial hacía legible era uno de Deleuze; en cambio, el texto que los tres bloques hacen ilegible es la obra misma, la lasca y el residuo que se arma como huella de la escritura y como alfabeto roto, que el arte recicla y reinstala; como si el arte fuera, en efecto, siempre un próximo sentido, una lectura venidera.
Otro tanto le ocurrió a Gárate, cuyo círculo de traza negra ("Sin título") fue casi borrado por el caminar del primer día (o noche primera), por lo cual decidió trazar un nuevo círculo de bloques, que se sobreimpone al anterior, ahora blanco. Esta expansión sale incluso de la sala y se prosigue dentro de la casa. Círculos de un levantamiento de mapas internos, estas huellas proyectan una matriz generativa de la forma: su carácter transitivo, de materias perecederas, sólo dramatiza su capacidad de autogenerarse, sin origen ni fin, sin historia ni utopía; como virtualidad de una forma pura de la percepción, anterior a la memoria y resistente al olvido. Caminar en círculos, señalizar la ciudad como una forma circulatoria, sugiere el rodeo a la vez impecable y casual de lo nuevo.
Entre las estrías residuales de la materia urbana y los círculos del proyecto habitable, las líneas tensadas de Lorena Arenas son un esquema articulatorio de la reconstrucción. Cualquier noción del espacio convoca aquí esta mediación de la línea que ocupa el espacio, revelándolo como una estructura del lenguaje: la línea une los extremos pero al cruzarse a través, duplica su función y rehace su sentido. Una cuerda sería el Significado; en cambio, dos sugieren el Significante. Pero, luego de esa nostálgica lectura simétrica (post-estructuralista, o sea arqueológica), nos damos cuenta de que las cuerdas siempre serán lo que hagamos de ellas; esto es, son materia retrazable, principio de combinación, hilo de un tejido por venir. El espacio rizomático, entonces, sería aquel donde cada nómada pule su cuerda para atravesar el desierto.
Materias primeras de un lugar por hacerse, estos artistas no requieren ser leídos en la historia de sus aprendizajes y prácticas (en la genealogía del arte actual) porque su mayor desafío se proyecta como una lectura haciéndose. Nos proponen, por eso, leves signos: frágiles ante la desmesura de su mucha virtualidad.
Julio Ortega. Ensayista
[El Universal]
[Ágora]
[Búho] [Playball]
[Elecciones]
[Estampas]
[Radar]
[Record]
Copyright 1998, reservados todos los derechos.