Libros, Lecturas y Lectores

Retrato en familia

 

 

Ciertos pueblos como el nuestro, en cuanto densificar los hitos de sus fronteras creativas, tienen sus espacios definidos. Por lo menos se sabe cuándo comenzó la cosa con una certeza ajustada a la precisión del escalpelo. Nuestra poesía venezolana se somete al trazo de estas coordenadas. Empieza con Bello, a quien Dios sigue teniendo en su gloria académica, y finaliza, hasta nuevo aviso, con Alicia Torres, al menos según la Antología de poesía venezolana.1 Rafael Arráiz nos propone una visita a los poetas venezolanos desde el siglo XIX hasta nuestros posmodernos días.

Descubrimos que ha habido más poetas hombres que mujeres y en la lista de ciento cuarenta la proporción se reparte de la siguiente manera: 115 hombres y 25 mujeres. Ya tendrán tiempo las feministas para concluir sobre este saldo. El antólogo agrega luces sobre cómo fue urdiendo su bitácora. Ante todo señala que "toda antología nace de una escogencia, y toda escogencia es un acto personal que no tiene consecuencias colectivas inmodificables" y aclara que en un futuro la misma operación luciría diferente, como preparándose para las aguas de Heráclito. En cuanto a los criterios del camino, Arráiz los puntualiza: el histórico, la proposición estética, el gusto y el lugar de la poesía del autor en el contexto. Para quienes busquen discrepancias, una antología, como buen arbitrio, es el espacio más cómodo para lograrlas. De antemano se cuela que el único canon que existe es el que no existe.

La Antología… traza, como se dijo, el muestrario desde sus inicios hasta lo actual. En ella podemos seguir con precisión "el viento de su tiempo", para utilizar una frase del propio Arráiz. Partiendo desde su fundación vienen los románticos, los parnasianos, los nativistas, los modernos (Arráiz sostiene que Pérez Bonalde es junto a Sánchez Pesquera, el iniciador de la poesía moderna en Venezuela) la Generación del 18 (la más nutrida y significativa, Arráiz dixit), el Grupo Viernes, la Generación del 42, Sardio, Tabla Redonda, El Techo de la Ballena hasta llegar a Tráfico y Guaire. El prólogo de Arráiz, por lo demás, concede herramientas para trepar la genealogía de este árbol. Pero la virtud de la Antología… es que Arráiz si bien muestra, a través de sus incluidos, el panorama de estas gavetas generacionales, no estructura su selección sobre la base de esta teórica pertenencia, ya que ello nos llevaría a ubicar la creación poética sobre el supuesto de la pertenencia gregaria. Creo que es un criterio bastante acertado, sobre todo porque eleva el carácter individual de la voz poética, en puridad por encima de las casillas y los movimientos. Tenemos una manía clasificatoria que no da tregua en este aspecto. Todo artista debe responder a una tendencia, a una corriente histórica, para satisfacer una racionalidad tranquilizadora. Por lo demás existen quienes son inubicables. ¿Cambia en algo Ramos Sucre el que se lo relacione con la Generación del 18? O ¿dónde queda gente como Ida Gramcko si echáramos a andar esta especie del club? En este sentido el antólogo no cae en la tentación meramente historicista en su recorrido sino que privilegia la inclusión de los poetas, a secas por el mismo hecho de la poesía, que se convierte en el único pasaporte válido para este viaje.

Todos estábamos hartos del Repertorio poético. Faltaba quien se arremangara la camisa y se sumergiera en estas aguas cenagosas o cristalinas para explorar el fondo. Nos habíamos olvidado homenajear nuevamente la poesía nuestra en estos tiempos. Lo interesante de la escogencia —que apareja el prescindible y lacrimoso siglo XIX con el XX, fecha de despegue de la poesía venezolana particularmente con la figura de Ramos Sucre, a despecho de lo que se discuta en el Palacio de las Academias y sus eternos homenajes decimonónicos— es que grosso modo están los que son y son los que están, a pesar de algunas excepciones. Tener a este grupo retratado permite asombrarse con el humor conversacional de Salustio González Rincones, enmudecer frente a la tierra yerma de Ramos Sucre, oír el aullido de Martha Kornblith, saludar los derrumbes humanos de Rafael Cadenas, buscar la noche de tamarindos y leopardos de Gerbasi y aburrirse con la Silva a la agricultura de la zona tórrida. Nos hacía falta la foto en familia para curiosear, admirar o reunir esta mezcla según se confronten sus nombres. Para repetir con Hanni Ossott, "como si lo blanco reuniera a lo negro / como si lo negro reuniera a lo blanco".

1 Antología de la poesía venezolana, Prólogo, selección, comentarios y bibliografía de Rafael Arráiz Lucca, Editorial Panapo, 2 tomos, 1051 p., Caracas 1997.

Karl Krispin. Ensayista, narrador