Jesús Munárriz:
Lo mejor que yo he escrito es el Hiperión de Hölderlin

Jesús Munárriz vino a Caracas para dejarnos oír una refrescante antología de su trabajo poético en la VII Edición de la Semana Internacional de la Poesía recién finalizada. Este vasco de ojos vivos e infantiles es el director de la editorial española Hiperión, casa en la que ha difundido la mejor poesía, de todas las lenguas, en castellano, debido en buena medida, a que en ella oficia también como traductor literario —que no en vano tiene estudios en Filología Germánica. A esta pasión le debemos, entre otros altos nombres, la edición de prácticamente toda la obra
del poeta Friedrich Hölderlin en nuestro idioma. Alrededor del trágico alemán gira la conversación que sigue

 


Foto: Rafael Salvatore
El editor Munárriz sueña con un Hölderlin completo en español

 

A Marina Gasparini

Cuando le oí recitar su poema-homenaje a Hölderlin, supe que debía hablar con él. El azar quiso que, junto a otros poetas, la conversación discurriera mientras él miraba el mar. Yo sólo podía oírle decir…

—Bueno, Hölderlin es uno de los grandes poetas de la historia de la humanidad, así lo creo. Yo estudié filología alemana, pero no fue entonces cuando le conocí; entonces era un nombre más de esos que estudias cuando te toca el siglo XVIII. Lo descubrí en Alemania. Allí, en unas circunstancias muy especiales de mi vida, me preguntaron si lo había leído, dije que no y me regalaron la edicioncita alemana del Hiperión. Pasé un verano ambientándome en Alemania y leyendo el Hiperión; ese libro me emocionó una barbaridad, fue un descubrimiento. Volví a España preguntando cómo nadie nos había dicho que es una obra maestra. Y cómo no está traducido. En la Biblioteca Nacional de Madrid sólo había una edición de El archipiélago, que había traducido Luis Díaz del Corral, en los 40, 44, por ahí, y unas Cartas a Diotima, una edicioncita pequeña que habían editado en una colección así como de cartas amorosas. Y nada más. Entonces dije, pues bueno, yo tengo que traducir esta obra extraordinaria y me puse a ello.

Y sí, había una traducción, en Argentina, del año 42, pero no estaba en la Biblioteca y afortunadamente para mí eso hizo que lo tradujera, porque a lo mejor no me hubiera tomado el trabajo. Estuve como año y medio trabajando con ese libro y entonces coincidió: fundé la editorial, le puse de nombre Hiperión, puse la cabeza de Hölderlin como logotipo de la editorial y bueno, pues, publiqué el libro. Fue el primero y ha tenido la suerte de que el público ha apreciado su belleza y prácticamente cada año se hace una nueva edición; llevamos 21, 22 ediciones. Creo que es un libro que despierta entusiasmos y pienso que con muchísima razón porque en la historia de la literatura, el libro importante, se supone, de esa época es el Werther de Goethe y si uno compara el Werther, el Hiperión le da punto y raya, es infinitamente más importante y más hermoso. Y bueno, la justicia poética, en la que yo creo, a la larga acaba encontrando su lugar y pienso que lo mejor de esa época era Hölderlin.

—¿Y la traducción de Valverde?

—Esa traducción había aparecido en la colección Adonay y estaba agotada. Tardé muchísimo en conseguir que me dieran una fotocopia. Y luego se reeditó en Barcelona, es la edición que tú conocerás. Yo lo leí en alemán y animé a otro poeta, José María Alvarez que tradujo los Poemas de la locura, junto con una amiga nuestra, Txaro Santoro que es también germanista y ese fue el primer libro de poesía de Hölderlin que publicamos. Luego fueron apareciendo traductores que al ver que le habíamos editado se acercaban con propuestas: "Me parece bien que le traduzca. Estoy traduciendo Los himnos de Tubinga". Eran los himnos de cuando él tenía 20 años, la época de su entusiasmo por la Revolución Francesa y de decepción ante el terror de Robespierre. Los tradujeron dos profesores de filosofía que habían trabajado en Alemania y bueno, así seguimos publicando otros libros, el Empédocles, la Correspondencia y ahora tengo acabados los Cantos que es lo último que él hace antes de la locura.

—¿Se refiere a Los himnos?

—No, los Grandes himnos los tenemos traducidos por Jenaro Talens. Luego, Txaro Santoro acaba de terminar las Odas y yo tengo los Cantos, que son los de la época anterior a la locura porque de pronto, en un poema que se ve muy coherente notas que hay un verso que es como un fogonazo que corta todo el argumento y ahí se interrumpe.

—Perdone la curiosidad pero, si hubiera conocido con antelación la poesía de Hölderlin, de todos modos habría traducido el Hiperión?

—Sí, sin duda, porque en el Hiperión se unen muchas teorías. Al punto que yo no lo he entendido sino hasta veinte años después en que he publicado dos estudios desde distintas perspectivas sólo sobre el Hiperión, de autores españoles. Uno de Helena Cortés y otro de Anacleto Ferrer.

En Hiperión, que es un libro que Hölderlin tarda como diez años en escribir, está toda su teoría sobre la sociedad, sobre la revolución, sobre el papel del hombre en el mundo, sobre la evolución intelectual, y al mismo tiempo, está toda su experiencia amorosa, vital, su historia con Susette Gontard, a la que llama Diotima; él mezcla su experiencia vital con su experiencia intelectual y además en una forma hermosisíma de novela romántica. Entonces yo creo que es una obra maestra no sólo de la literatura sino también del pensamiento, y de la poesía porque aunque está en prosa pues hay páginas que son pura poesía en prosa, de manera que a mí me parece que, sin menospreciar cualquier poema que también son obras maestras cada uno de ellos, pero son obras maestras limitadas, el Hiperión abarca todo, es la obra en que se cuaja el genio en su absoluta totalidad.

—"Me he enfrentado con este texto… como si se tratara de un texto «sagrado»", dice en el prólogo a su Hiperión. Añade que a un texto así sólo se lo puede transcribir. Tiene usted un gran afán de fidelidad al original, ¿tal es el reto que siempre le plantea el trabajo de traductor literario o es sólo Hölderlin quien le solicita ese apego?

—Toda traducción literaria exige una fidelidad, por un lado, y una actitud de respeto grande por el otro; uno no puede nunca traicionar una obra que considera fundamental. Pero yo sentí algo especial con el Hiperión, quizá también porque coincidió con circunstancias muy especiales en las que mi vida dio un gran cambio e incorporé la experiencia de la lectura a mi experiencia vital en ese momento, de manera que todo se entrelazaba y yo le daba un significado que iba más allá del puramente literal, lo cual no me llevaba a una fidelidad absoluta porque esa no es la fidelidad real: hay cosas que en el Hiperión en alemán son aceptables y en español no, por ejemplo, la frase final del libro que en alemán dice: "Próximamente más", como si hubiera una segunda parte, pensé que acabar una novela así, en español, era muy brusco, entonces le puse "la próxima vez te hablaré más de ello" y lo enriquecí pero, creo, que sin traicionar para nada el espíritu de lo que él decía.

—Su estudio hace énfasis en la definitiva fidelidad de Hölderlin a su destino: a la poesía, a la locura, "la muerte del alma". Es decir, no es un accidente que haya sido tomado por "locura", es destino.

—Como sabes, él era huérfano de padre y tenía derecho a la herencia que le correspondía y que administraba su madre. Hace la carrera de predicador protestante y su madre quiere que sea un profesional de la iglesia luterana, pero él se niega porque nota que aquello no le llena para nada espiritualmente, lo único que le interesa es la poesía y quiere dedicarse a escribir poesía. Entonces hay un conflicto soterrado con la madre en el que él apenas se atreve a exigir nada, de manera que encuentra un subterfugio que es ponerse como preceptor, como profesor para niños, para intentar independizarse económicamente. En cualquiera de esos momentos, si la madre le hubiera dado lo que le correspondía, él podría haber acabado sus estudios, haber publicado una revista que intentó publicar y para la que no pudo encontrar ni dinero ni colaboradores. Y luego se cruza la historia de amor y de desamor, la muerte de Susette que ya, pues, lo lleva a ese estado que además nadie sabe muy bien cuál era, hay quien sigue manteniendo que era fingido, que era una manera de escapar del mundo.

Hay un estudio, creo que de Jakobson, sobre el último poema que escribió Hölderlin cuando tenía los 70 años. El estudio compara este poema con otros escritos en la época de lucidez y esto le demuestra que los esquemas fundamentales de la mente de Hölderlin seguían intactos, porque el esquema compositivo del poema es el mismo que tenía en la época en que él estaba sano y lúcido; así que caben dudas realmente sobre su estado. Tenemos mitos fundamentales como Prometeo castigado por robar el fuego del cielo de los dioses…

—Mito fundamental en Hölderlin.

—Claro, es un castigo que se debe pagar con la vida, es el castigo que puede temer quien se entrega a la poesía, a la palabra, a la esencialidad de todo esto, eso te puede exigir, en un momento dado, una fidelidad que puede ser conflictiva, terrible, como lo fue en el caso de Hölderlin, y si la vida te pone en ese disparadero de tener que elegir entre traicionar algo en lo que crees profundamente o ser fiel a ello, pues te puede llevar a una situación difícil. Esa tesitura es verdad que puede llegar a fidelidades muy peligrosas.

 

      Vivir en pureza de corazón es lo más grande
      que los sabios han descubierto
      y los más sabios practicado.

Hölderlin, pienso, tiene obsesión verdadera por esa pureza. ¿Cómo habría que entenderla?

—Eso ha hecho que lo tengamos como uno de los maestros del pensamiento en este momento del siglo veinte; hay ahí un gran pensamiento poético, hay ahí una actitud incorruptible, de total fidelidad al mandato interior que es una lección de comportamiento ante la vida cuando tantas cosas en las que se creía se hunden. El es muy premonitorio porque el fracaso de la Revolución Francesa, que en el Hiperión es la guerra de la liberación de Grecia ante los turcos, es perfectamente trasponible a nuestro momento con el hundimiento del campo socialista y de los ideales fundamentales del siglo veinte, Hölderlin se adelanta a eso un siglo entero diciendo: "No, no, no os creais, ese camino de la revolución no lleva a ningún lado, porque aparecen los ladrones, aparecen los corruptos", cosa que la historia hace continuamente: todas las revoluciones son bellísimas en un primer momento en que la gente pone el corazón pero inmediatamente los rastreros van detrás y acaban con aquella belleza inicial y con la pureza. Entonces él dice que la pureza no está allí, está en el corazón, está en la fidelidad al pensamiento. Hay un proceso en el Hiperión, y en esos estudios de los que te hablaba se describe muy bien, que es una gran elipsis. Lo toman de Képler, de la astronomía. Se trata de una órbita elíptica que, digamos, realiza el pensamiento del hombre saliendo de sí mismo y entonces tiene que enfrentarse con la realidad, con los otros pensamientos, pasar por un proceso de madurez y después de todo eso volver a sí mismo, pero no en círculo sino en elipsis, porque ya está a otro nivel superior y cuando vuelve a sí mismo es un hombre nuevo, enriquecido con todo eso. Ese proceso en elipsis de enriquecimiento del conocimiento es el que describe el Hiperión. Claro, él es uno de los grandes pensadores de Alemania. Tú sabes que en el seminario, él estaba en una habitación con Hegel y con Schelling. Hay un texto que se llama el "Proyecto primitivo del idealismo alemán", es un texto muy breve pero fundamental porque de allí nace toda la filosofía del idealismo alemán y parece que está dictado por Hölderlin, copiado por Schelling y vertido por Hegel, algo así. Hegel y Schelling se quedan en la filosofía y Hölderlin va más allá. Es que la poesía va más lejos que la filosofía porque se permite esos saltos que escapan de la lógica.

 

      Sobre los hijos del cielo cae
      Cuando se sienten dichosos en exceso
      Una maldición especial.

—Eso es lo que le ocurrió a él, ¿no?

—Claro que sí. Es uno de los más contundentes poemas proféticos de Hölderlin. ¿La profecía requiere en él la muleta de la filosofía o es más decididamente poética?

—Es fundamentalmente poética. Su poesía es tan rica que es filosofía y más cosas; de hecho en este momento en todas las cátedras de filosofía en Alemania y en España hay grupos de filósofos que lo están estudiando como anterior y fundamental antes que Hegel y que Schiller, lo que pasa es que se suelen quedar en la filosofía y a veces no se dan cuenta de que era más. Hölderlin dentro de la filosofía asumía la religión, él es un hombre no creyente en el dios cristiano, en el dios protestante de sus estudios...

—Lo abraza al final de su obra.

—Yo creo que no. El quiere restablecer otra vez las divinidades clásicas y se da cuenta de la importancia del mensaje de Cristo que a su vez no es asimilable a ninguno de los mensajes paganos, entonces lo que hace es incluirlo como el último de los dioses, es el último en nacer. Creo que es un intento difícilmente compatible, pero hay poemas en que lo hace así, empieza con Baco y acaba con Cristo como una sucesión del otro. Su asunción del cristianismo creo que va por ese camino, no es que hay una conversión de pronto.

—Sin el impulso amoroso, por todo y todos, la escritura de Hölderlin habría tenido la misma intensidad?

—El amor por la idea, por la belleza, por el mundo antiguo, todo eso está informando, pero nunca hubiera sido completo sin el amor por una mujer que complementa lo demás. Ese amor por el universo, en el caso de los humanos acaba concretando en el amor por las personas, yo creo que eso es lo que le da la madurez total a la figura de Hölderlin.

—A lo largo de casi toda su obra, Hölderlin se muestra muy solar. Pasa en Hiperión; se quema, literalmente, en el Empédocles. Creo que ese Hölderlin sufre, acepta un poco de sombra, por vez primera —y única— en sus Grandes elegías: ahí él canta la pérdida del amor, de los amigos, de la patria, es el hombre que por vez primera dice, casi, "hágase la oscuridad". Usted qué piensa.

—Bueno, tú sabes que cuando él vuelve de Burdeos, loco, después de atravesar toda Francia, dice que ha sido golpeado por Apolo, entonces creo que él sí tiene esa conciencia de que ha desafiado a los dioses y los dioses no han aceptado el enfrentamiento del Prometeo que se ha atrevido a encararles otra vez.

—Me parece interesante esa imagen de Apolo, el sol y de repente...

—Claro, el sol tiene dos caras: el sol quema y el sol tiene el lado oscuro, "el castigo de la luz es la sombra", y es así. El aspiró a lo más alto, se lo jugó todo, no tuvo miedo de arriesgar su vida y bueno pues disfrutó de la absoluta perfección de la vida unos breves momentos…

—El silencio, ese fue su castigo.

—Creo que sí, además sabía que para integrarse tenía que aceptar unos valores en los que no creía, aceptar a la familia, o a los duques, los políticos del momento, príncipes alemanes a los que había que rendir pleitesía, o a la iglesia… por algún lado había que ceder y él no aceptaba ninguno de los valores de los estamentos, por eso creo que ese retiro tiene una parte voluntaria, al único que dejan en paz es al loco. Es verdad que él tuvo crisis, pero una vez que se tranquilizó podía haberse integrado. No, no, no, no, él prefiriró esperar a la muerte y lo que pasa es que la muerte tardó tanto como la vida: 37 años de lucidez y 37 de locura, una vida partida en dos mitades simétricas.

—¿No se ha leído más a Hegel, a Goethe que a Hölderlin?

—Claro, porque eran gente integrada al sistema. Goethe era el gran maestro de ceremonia de la Corte, era Ministro de Economía, Director de los Teatros del Gran Duque, tenía un cargo público establecido, con un gran genio porque lo tenía, pero era un hombre del sistema al que sólo se le permitía que tuviera escapatorias amorosas. Shiller, que defendió valores democráticos, de libertad, primero muere joven, y tampoco rompe nada, es profesor universitario en Viena y acepta el sistema. Hegel y los otros se integran por completo y se dedican a hacer su carrera.

—¿Y Rilke?

—Los grandes rebeldes posteriores y además los dos son herencia hölderliniana, son Rilke y Nietzsche. Hay una carta de Nietzsche recomendándole a un amigo que lea a Hölderlin; Nietzsche tiene 15 años y ya es un convencido de que hay que leer a Hölderlin, y parte de su espíritu le responde mucho a Hölderlin. Rilke que también le lee muy profundamente, es un rebelde, pero es un rebelde cobarde, es un rebelde que también busca una solución de andar por el mundo sin molestar a nadie pero sin comprometerse con nada.

—Hiperión y Hölderlin

—Hemos editado los Poemas de la locura, Los himnos de Tubinga, Las grandes elegías; del Hiperión el Fragmento de Thalia, las Versiones previas, la Correspondencia amorosa, la Correspondencia completa; primero una versión teatral del Empédocles que era una adaptación, luego las tres versiones completas del La muerte de Empédocles y ahora aparecerán las Odas, un texto que nadie conoce que se llama Emilia en vísperas de su boda, que es como una novelita de la época que él publicó en una revista para damas de esas que había entonces, pero que sólo se ha traducido al italiano, no se conoce en el resto del mundo y que la gente piensa que es una obrita muy menor, pero el traductor que es Anacleto Ferrer, ha hecho un prólogo, y la verdad es que ahí, ya se están anunciando los temas del Hiperión.

Y luego yo tengo los Cantos, que yo les llamé Himnos durante mucho tiempo, como tú decías muy bien, hasta que en Alemania apareció la última edición, hace tres, cuatro años de un filólogo que hizo una labor textual, de establecimiento de textos y entonces lo conocí, vino a España, estuvo viendo mi trabajo de los Himnos y me aconsejó que los llamara Cantos porque, dijo, los Himnos son los de juventud, los de Tubinga y entonces le cambié el título.

Mi ambición es hacer una edición completa de Hölderlin en español que será la primera en el mundo. Ya el español es el idioma que más obras tiene traducidas de Hölderlin e Hiperión es la editorial que más obras ha publicado de él. Aspiramos a ser la primera del mundo que tenga un Hölderlin completo en otro idioma.

—Perdóneme no haberle preguntado por el Jesús Munárriz poeta.

—No, para nada, yo prefiero hablar de Hölderlin. A veces me preguntan: "¿Qué es lo mejor que hasta escrito?" Y respondo que lo mejor que yo he escrito es el Hiperión de Hölderlin, porque en español lo he escrito yo.

Teresa Casique. Periodista, poeta.

 

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