Vuelve
Carlos Enrique Reyna

Esta semana comienza a circular el disco compacto Cantos de mi tierra de Carlos Enrique Reyna. Lo edita la Contraloría General de la República para celebrar su especial aniversario.

A comienzos de la década de los sesenta, la juventud sofisticada de Caracas (liceístas, universitarios, artistas) fue estremecida por un larga duración en el cual este cantante, recién salido de la adolescencia, cantaba un raro repertorio venezolano y latinoamericano acompañándose él mismo con la guitarra y siendo acompañado en algunos surcos por Freddy Reyna.

Algo tenía el metal de aquella voz, varonil y misteriosa, cándida y perfecta, algo los ritmos lánguidos y cadenciosos, que su eco perdura como una bendición.

Carlos Enrique Reyna, igual que la dinastía sonora de su familia, posee una fama especial y también una indecible capacidad para la discreción. Canta públicamente en pocas ocasiones y cada aparición se vuelve memorable.

Ahora, en la plenitud de su poder interpretativo, trae este disco que no dejará de ser un tesoro y una revelación para muchos oyentes. En primer lugar, por la versatilidad de la voz misma (penumbra, cello, "hoja húmeda" como diría Cadenas); voz que murmura el dolor de la malagueña margariteña (Guillermina), que adquiere ángulos exquisitos en Deseo del maestro Serrano, que se torna recia o azarística en el pasaje y en la jota.

Bellamente diagramado, el disco está por otra parte bajo la responsabilidad acústica de Saúl Vera. Ya existe una tradición de músicos y arreglistas que han tratado de actualizar, de enriquecer, de hacer más compleja y completa la música popular venezolana. Dentro de ellos hace historia Aldemaro Romero. Pero si bien los contactos con el jazz o los ritmos brasileros son enriquecedores, no siempre el resultado de tal búsqueda merece atención.

Para lograr encanto, lenguaje, coherencia, respeto a la tradición y sin embargo personalidad actual el arreglista y los intérpretes requieren de gran sensibilidad y cultura, también de inteligente audacia. Todo eso está maravillosamente logrado por Saúl Vera. En sus manos bandola y mandolina se vuelven refinada virilidad; en su concepción, una tonada de Simón Díaz bien puede estar cerca de Stravinsky, sin que nadie lo note. Una música vital y actual.

Todo esto suena en el CD que comentamos, junto a la dicción singular de Carlos Enrique Reyna. No en vano Joaquín Marta Sosa asevera, en la presentación, que esta grabación puede "hacernos penetrar en un viaje señorial, inigualable, de reconocimiento de tierras, sentires, paisajes, romances".

José Balza. Narrador.

 

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