Antes
de esta otra guerra había una cantidad de temas de moda
que todo el mundo académico se sentía en la obligación
de explorar: diversidad, multinacionalismos, etnicidad, géneros
humanos, inmigraciones, religiones globales y destinos regionales,
eran asuntos que contaban con la atención de grupos de
estudiosos y también de recién llegados a las materias.
Por la naturaleza misma de los tópicos prioritarios, también
el Caribe volvió a ponerse de moda, y para no dudarlo,
diversos encuentros internacionales de análisis y reflexión,
publicaciones impresas, web sites y celebraciones festivas,
colmaron la escena caribeña de los implacables años
noventa del pasado siglo.
Sin embargo, para sorpresa de quienes habitamos un mar de tantas
idas y venidas, el entendimiento del Caribe seguía acudiendo
a los recursos estereotipados de los que nos proveyó la
industria cultural durante mucho tiempo: por un lado, la sobrecarga
de imágenes promovidas en los afiches de las agencias de
viajes; por el otro, la suposición de que existe un "estilo
caribeño" identificado con los componentes culturales
afroamericanos, debido a la preponderancia de las mayorías
negras -descendientes de esclavos africanos- que han cargado con
las ideas de nación y nacionalidad, desde las últimas
décadas del siglo XIX.
Por ello,
resulta trabajoso admitir que la Academia sueca ha destinado un
reconocimiento a la creación literaria del Caribe, al otorgar
este año el Nobel de Literatura al trinitario Vidia
Naipaul, habida cuenta de las particulares características
de este escritor y de su permanente actitud crítica con
respecto a los valores que se han impuesto en la definición
de lo caribeño, lo cual le ha granjeado aversiones y rechazos
por parte de las élites intelectuales antillanas.
Así ocurre en el
Caribe
En efecto, Vidiadhar Surajprasad Naipaul nació en
Chaguanas, un poblado cercano a la ciudad de Puerto España,
en la isla de Trinidad. Corría el año de 1932, y
las sociedades antillanas asistían al despertar de valores
nacionalistas que giraban alrededor de movimientos políticos
reivindicadores de los derechos de los negros antillanos, en sintonía
con aquellos que prosperaban en Estados Unidos de América.
En tanto, la familia de Naipaul, integrante de la comunidad
rural de inmigrantes hindúes que llegaron a las Antillas
a través de la Commonwealth del Imperio británico,
se implantaba en la isla, en íntima convivencia con su
cultura ancestral. En este proceso de asimilación resalta,
por un lado, el esfuerzo que han invertido las poblaciones hindúes
del Caribe en resguardar las "formas" de sus valores,
en establecer nexos simbólicos con la casa originaria;
y, por el otro, la posibilidad cierta de echar raíces en
un Nuevo Mundo, culturalmente inexplorado.
A esta tensión cultural que impregna los primeros años
de Vidia Naipaul, se añade el legado particular
de su padre, Seepersad Naipaul, agricultor en lidia contra la
pobreza, pero venido de casta brahmánica, quien era muy
conocido como reportero del periódico trinitario Guardián
y quien cultivó el afán de registrar las claves
de la cultura hindú a la luz del nuevo y soleado escenario
caribeño, en su libro Gurudeva and other Indian Tales
(1943). En esta obra, el autor contrasta la conciencia nacionalista
que -para esa década- despertaba en su India natal, con
la certeza de que el exilio y el Caribe no resultaban propicios
para mantener la vitalidad de sus propios valores culturales.
Con la herencia de tales determinaciones, comienza el joven Vidia
Naipaul su aventura literaria.
Así, en sus años de infancia y adolescencia, absorbe
un imaginario que merodea por los intrincados laberintos de los
valores religiosos y sociales hindúes, pero que también
se pasea por el mapa de la isla y el problemático alborozo
de una modernidad planteada en situación colonial, donde
ingleses, hindúes y negros antillanos no cesan de forcejear
por reconocimiento, participación y predominio. Para un
hindú trinitario, resultaría entonces inconcebible
que la antillanía se impusiera como condición de
vida, basada en la restauración de una identidad africana
que se había perdido durante los siglos de esclavitud,
pero también en la aceptación, el manoseo y la simulación,
tanto de valores coloniales tradicionales, como de los nuevos
ingredientes culturales y estilos de vida que provenían
de las urbes norteamericanas.
Un
estilo y la distancia
Todo lo anterior ha sido dicho para tratar de entender la sostenida
mirada crítica que arroja Naipaul sobre su realidad,
a lo largo de su obra. En su estilo se combinan el rigor ceremonial
de la escritura con los recursos técnicos del reportero
que levanta información detallada para descubrir y desenmascarar
la realidad; las explicaciones intelectuales depuradas con los
chispazos de conciencia recogidos de decires populares; el atrevimiento
y la ironía; las palabras contundentes y las embozadas
y, entre tantas combinaciones, la distancia expectante, trabajada
en forma de libros de viajes, que lo hace volver -desde cualquier
parte del mundo en que se encuentre- a la isla, su historia y
sus deseos.
Y es que en el destino de Vidia Naipaul, como en el de
muchos escritores caribeños, estaba el exilio. Quizás
pensando en la impertinencia de un hijo escritor en una isla donde
la mayoría de la población, para mediados del siglo
XX, era analfabeta, su padre lo envía a estudiar a la metrópoli
colonial, donde en principio se graduaría en Literatura
Inglesa, en el University College de Oxford. Inmediatamente después
del grado, comenzó a trabajar en la BBC, en calidad de
editor del programa Caribbean Voices, y de entrevistador
de New Statesman. Y como un día sigue a otro sin
participación de la voluntad humana, y un compromiso laboral
desencadena una serie, Naipaul se quedó a vivir
en Inglaterra, atrapado por la escritura y por los atractivos
de un mercado propicio para la producción y el consumo
de libros. Se quedó para ser un reconocido escritor, premiado
en diversas oportunidades; y también para ser ciudadano
británico y Caballero de la Reina, distinción con
la que fue ungido en 1991. En particular, se quedó para
"crear objetividad", y desde muy temprano pensó
haberlo logrado. En un artículo titulado "The Regional
Barrier", publicado en el Times Literary Supplement,
en 1958, afirmó: "Yo nunca me preocupo por asuntos
nacionales o internacionales. No suscribo peticiones, ni acompaño
marchas. Pero no dejo de sentir que esta falta de compromiso es
un gran error. Yo quiero estar involucrado, estar tocado por esa
especie de angustia". Quizás por eso sigue rondando
al Caribe, especialmente a su isla nativa, a través de
personajes que transitan entre varias culturas, o a través
de viajes reales que con frecuencia realiza, en su obstinado empeño
por describir y definir las condiciones y el espacio de una civilización
que, para él, apenas comienza a insinuarse.
La
India en las islas
En diversas obras de ficción, el autor plantea reiteradamente
el tema del conflicto dentro del cual desarrollan su existencia
las comunidades hindúes antillanas. Una de sus principales
novelas, A House for Mr. Biswas (1961), se basa en su historia
familiar, y recrea el momento en el cual el inmigrante adquiere
casa propia, lo cual representa la verdadera "bienvenida"
al Nuevo Mundo, la ganancia de espacio en un territorio hasta
entonces ajeno y, por ende, un nuevo sentido del respeto familiar
y social. El inmigrante con casa se incorpora así a la
sociedad receptora, mas en este proceso de incorporación
fortalece su clan; es decir, su tradición. En contraste,
elabora la historia de otra familia inmigrante que reniega de
sí misma para ingresar a la nueva realidad, sustituyendo
valores ancestrales por consignas de modernización y acumulación
de riquezas, en la creencia de que sólo las grandes propiedades
aportan reconocimiento; finalmente, la decadencia del espíritu
hindú en el Nuevo Mundo se revela en el matrimonio de los
nietos de la familia primigenia con mujeres presbiterianas. El
autor pone en juego, de esta manera, los componentes ideológicos
que circulan a lo largo de tres generaciones de hindúes
en su lucha por sobrevivir y encontrar su lugar en Trinidad.
La pérdida de valores en relación con el afán
de supervivencia es asunto tratado desde sus más tempranas
creaciones, en los personajes que deambulan por las islas, ansiosos
de oportunidades y quienes, habiéndose confrontado con
las exigencias sociales, carecen de moral porque han olvidado
su pertenencia a una familia cultural.
Tal es el
caso, por ejemplo, de Pundit Ganesh, el personaje central de The
Mystic Masseur (1957): un estudiante mediocre que, luego de
elaborar un panfleto titulado "100 preguntas y respuestas
sobre la Religión Hindú" con la intención
de obtener dinero, comienza a percibirse a sí mismo como
un iluminado, un curandero místico que recorre la isla,
trajeado a la usanza tradicional hindú, atrayendo clientela.
También es el asunto principal de The Suffrage of Elvira
(1958), donde Naipaul desarrolla la idea descarnada
de que la religión es, en un territorio antillano, más
bien el equivalente de "reunión social" y "grupo
étnico", completamente disociada de sus contenidos
espirituales; tanto así que en el pueblo de Elvira todos,
hindúes, musulmanes y cristianos, poseían una Biblia,
y hacían de esa posesión el valor social preponderante.
Un
mundo simulado
Es allí donde Naipaul ubica la clave de comprensión
del Caribe y de toda América Latina: en el "mimicry"
o simulación, por el cual los colonizados acatan y simulan
compartir los valores sociales dominantes, bien provengan éstos
de las metrópolis o de las mayorías poblacionales
de los diferentes territorios americanos. Para el autor, el mestizaje
cultural se levanta sobre el gesto simulado, lo que imprime ansiedad
y artificio a toda acción humana posible, desde la reproducción
de comportamientos y actitudes cotidianas hasta la realización
de las grandes gestas independentistas suramericanas. La mejor
expresión novelada de este tema es, quizás, The
Mimic Men (1967), donde la descolonización, carente
de autenticidad, no provee materiales para la construcción
de un nuevo orden, por lo cual sólo resulta un nuevo caos.
La extrema pobreza y el aislamiento cada vez mayor de los individuos
con respecto a las esferas de poder, condicionan el hecho de que
el Tercer Mundo escape hacia la fantasía. Para el autor,
también pertenece a este mundo simulado el intento de construir
la identidad negra del Caribe antillano, según registra
en sus ensayos, crónicas y relatos de viajero. Entre estas
obras, sobresalen The Middle Passage (1962), The Overcrowded
Barracoon (1972) y Finding the Center (1984). En ellas,
se recogen expresiones tales como "La historia se construye
con logros y creaciones
y nada ha sido creado en las Indias
Occidentales"; o también "La identidad negra
es una trampa que oscurece las posibilidades"; expresiones
que, en su momento, levantaron la ira de sus paisanos. Por ellas
ganó fama como escritor europeizado, sin arraigo en tierras
americanas. No obstante, quizás en esta postura desalentada
y crítica, haya encontrado Naipaul su manera particular
de seguir el rastro del Caribe; de atender un clamor que le llega
desde adentro, desde sus más remotos ancestros; de participar
y comprometerse en la hechura de un espacio humanamente habitable,
propicio para la permanencia.
Lulú
Giménez Saldivia. Sociólogo