Premio Nobel de Literatura

UN NOBEL PARA LA AGUDEZA Y LA CRITICA

El ojo clínico de Naipaul

Como si fuese una premonición, bajo el lema "Aún no le han dado el Nobel" sería presentado el pasado año, en el catálogo de la editorial española Debate -con motivo de la publicación de uno de sus tantos títulos-, V.S. Naipaul. Hoy, ya dueño del galardón, entre otros méritos como el de su profundo dominio del idioma inglés, Axel Capriles refiere el rigor de las observaciones de Naipaul mientras se desplaza, más allá del Caribe y de los géneros, para confrontar al lector



Vidiadhar Surajprasad Naipaul
Foto AP/Alastair Grant

Muchos de los lectores de V. S. Naipaul pensamos que él nunca ganaría el Premio Nobel de Literatura. Una inteligencia tan aguda y crítica, una pluma tan sagaz, tan poco prudente y desconsiderada, crea demasiadas antipatías. Los premios literarios buscan, por lo general, figuras más cómodas, menos ácidas, mentalidades más cercanas a los círculos intelectuales dominantes. No es por azar, entonces, que el nombre de Naipaul haya salido beneficiado de la brecha abierta por la absurda confrontación entre civilizaciones que amenaza nuestra contemporaneidad. V. S. Naipaul es uno de los más penetrantes intérpretes y críticos del Tercer Mundo.

De familia hindú, nacido en 1932 en Chaguanas, un pequeño poblado de Trinidad, a unas dos millas del golfo de Paria, Vidiadhar Surajprasad Naipaul vio por primera vez la luz en una comunidad oriental desarrollada sobre un terreno que en siglos anteriores había pertenecido a una tribu de indios hoy desaparecida. La casa donde nació, que bien hubiera podido ser una vivienda ancestral del lejano país asiático, había sido construida por su abuelo, un emigrante de la India en el desplazamiento poblacional comenzado en 1845. En 1950, Naipaul viajó a Inglaterra para seguir cursos universitarios en Oxford. Desde esa época ha vivido en Londres dedicado exclusivamente a la escritura, intercalando su vida cotidiana con numerosos viajes cuya descripción es parte substancial de su obra.

Con más de 20 libros publicados, V. S. Naipaul ha sido alabado por la mayoría de los críticos y periodistas del mundo y ha ganado múltiples premios literarios. Novelas como Una casa para Mr. Biswas, Miguel Street o En un estado libre, lo llevaron a ser considerado el mejor escritor viviente de habla inglesa. Anatomista del vacío y de la desesperación, pintor de los conflictos surgidos por el choque entre la modernidad y la tradición, Naipaul llegó a mis manos por el realismo de sus descripciones y por las desencarnadas imágenes de sus viajes. Leerlo es partir de Trinidad hacia la India, atravesando Zaire y toda el Africa, las Indias Occidentales, Uruguay, Argentina, Pakistán, Irán, Indonesia o Malasia (Entre los creyentes. Un viaje islámico, será sin duda uno de los libros más leídos de la actualidad). Más allá del hecho literario, el contenido de los escritos de Naipaul es particularmente importante para nosotros, bien para rechazarlo por su ácida crítica de la mentalidad tercermundista, bien para preguntarnos, como lo hizo en su momento el suplemento literario del Times, "si todos los sociólogos, antropólogos y politólogos que han tratado la India (¿o América Latina?) no han trabajado en vano".

Muchos lectores consideran a Naipaul un heredero de Conrad. Sus afirmaciones, sin embargo, parecieran ser mucho más reduccionistas y, a veces, hasta insultantes. En su libro The Middle Passage, una descripción de cinco sociedades del Caribe y Sudamérica, el escritor trinitario nos dice: "La historia de las islas jamás podrá ser satisfactoriamente contada. La barbarie y la crueldad no son las únicas dificultades. La historia se construye alrededor de logros y creaciones, y nada ha sido creado en las Indias Occidentales". Naipaul llegará a sugerir que en la violación y el saqueo, en la traición, la avaricia, el engaño y el coraje de los conquistadores y colonizadores, están resumidos los elementos más importantes de la empresa europea en el Nuevo Continente. Si tomamos, sin embargo, la exageración como un estilo argumental, si dejamos de lado el exceso y la ironía abrasiva, tal vez podamos penetrar en los aspectos más importantes del discurso del escritor, en la crítica a lo que él considera los vicios de las sociedades coloniales: los sistemas de prestigio que reconocen el poder pero no la dignidad; la falta de un gusto rector propio, el consumismo, la dependencia cultural y el materialismo exaltado; el cinismo, la irresponsabilidad y la ausencia de patrones de acción explícitamente definidos; la burocracia estatal asfixiante, la corrupción, el populismo, la demagogia política y la política del pillaje; el desconocimiento de la excelencia, la falta de eficiencia y, en fin, una serie de vicios colectivos y privados especialmente conspicuos en el Tercer Mundo: "Una y otra vez volvemos al mismo hecho fundamental y degradante de la sociedad colonial: nunca necesitó eficiencia, nunca necesitó calidad, y estas cosas, por innecesarias, se convirtieron en indeseables".

A medida que narra sus viajes, V. S. Naipaul va desnudando, paso a paso, los diversos países que ha visitado. La extensa documentación histórica pareciera tener, exclusivamente, el fin de desvestir con artificio. Muchas veces, sus críticas de una sociedad particular se convierten en una crítica general de la cultura. Disertando sobre Trinidad nos hace observaciones como ésta: "En Trinidad, la educación no es una de las cosas que el dinero puede comprar; es algo de lo cual el dinero nos libera… La comunidad blanca nunca fue una clase alta en el sentido de que poseyera un lenguaje, gusto o logros superiores; era envidiada sólo por el dinero y por su acceso al placer". En Irán nos hablará del tipo de hombre de educación sencilla y conspicuo orgullo desdeñoso que "sin doctrina política, sólo con resentimientos, ha hecho la revolución iraní". Pasando por Argentina, el escritor destacará su condición materialista, parasitaria y consumista y plantará su cáustica pluma diciendo que en una sociedad nacida y enraizada en el saqueo y en el pillaje, la atracción del macho es esencialmente económica. "El simbolismo es crudo; pero la sociedad no es sutil… El dinero hace al macho… (y) el machismo requiere, e impone, una prostitución amateur generalizada".

Hay que seguir con detenimiento la inigualable prosa de Naipaul para poder tomar el hilo de sus argumentos y ver en él algo más que un etnocentrista cultural europeo. Su ojo clínico va desde los detalles más banales, como la interminable espera de un desayuno en el Caribe o la incompetencia del correo sureño, hasta los componentes más fundamentales como los esquemas de valoración o las motivaciones sociales de los grupos dominantes. Las imágenes de Naipaul nos tocan muy de cerca. Comunidades donde hay que ser hábil y luchar constantemente para no morir, donde el débil es aplastado y humillado sin cesar, donde un público atemorizado y despreciado es obligado a pedir favores en lugar de derechos, donde los demagogos suben al poder rasgándose las vestiduras por los desposeídos para darle, simplemente, rienda suelta a su resentimiento e incultura. El mundo que nos describe Naipaul no es grato: sociedades picarescas que sienten especial admiración por los personajes audaces y "echaos pa'lante", por los vivos que triunfan por su picardía y astucia; comunidades donde el prestigio se logra por la palabrería y por la posición de poder alcanzada a través de la máscara, el asalto y la perversidad. Grupos humanos con un gusto singular por la violencia, la corrupción, la incultura y la barbarie. Al final Naipaul nos deja con una pregunta: ¿cómo traer organización política, social y administrativa a sociedades que difícilmente se vuelven responsables y que difícilmente desarrollan un sentido de respeto por las otras personas, sus derechos y su tiempo?

T. S. Eliot dice, en una muy comentada línea de su obra, que "el hombre no puede soportar demasiada realidad". Se me hace que más difícil, aún, es crear literatura y belleza a partir de ese exceso de realidad. La prosa de V. S. Naipaul, como homenaje a la inteligencia humana, es el inicio de un viaje a través de los conflictos de la diversidad, un reto a la consciencia individual y colectiva para asumir los cambios necesarios para enfrentar nuestro presente y nuestra ineludible realidad.

Axel Capriles M. Psicólogo

N° 3 Año V
Caracas, sábado 20 de octubre
de 2001
 
 
V.S. Naipaul, Premio Nobel de Literatura 2001
Tras el rastro del Caribe
(Lulú Giménez Saldivia)
 

Grandes Firmas
Mi amigo Conrado
(Alfredo Bryce Echenique)

 
Creación
Alfredo Silva Estrada, la pisada desnuda
(Rafael Castillo Zapata)
Arte
Las cartografias imprecisas de Carola Bravo
El teatro del territorio
(Rafael Castillo Zapata)
 
Premio Nobel de Literatura
Un Nobel para la agudeza y la crítica
El ojo clínico de Naipaul
(Axel Capriles M)
 
 
 

 

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