ALFREDO SILVA ESTRADA VE CORONADA SU OBRA EN LA BIENAL DE LIEJA
"La poesía no facilita
nada…"
Traductor impecable
de la mejor lírica francesa y dueño de una poesía escampada en la
abstracción y la sensualidad, Alfredo Silva Estrada ha levantado
una obra paradigmática dentro del panorama literario venezolano
y ahora legitimada al más alto nivel, con el Gran Premio Internacional
de la Bienal de Lieja. Mas, siente el poeta que "la poesía enriquece
y atormenta a la vez, es una perenne indagación. Lo que va cambiando
es la vida. La verdad es que no sabría decir si con el tiempo la
vida se me ha dificultado. En todo caso se me ha hecho cada vez
más intensa

Alfredo
Silva Estrada, expectante ante lo real
Foto/Foto Oswer Díaz Mireles
Hace
unas semanas, el poeta y traductor Alfredo Silva Estrada estaba
preparándose para recibir su habitual terapia corporal "y viendo
un programa estúpido de televisión" —dice él—, cuando una llamada
del escritor y artista plástico Phillipe Jones le anunció que
se había hecho merecedor del Gran Premio Internacional de Poesía
de la Bienal de Lieja, en Bélgica. "Seguí con la terapia y el
estúpido programa. Y sólo al día siguiente reaccioné. Entonces
llamé a Jones para agradecer el honor". ¡Y qué honor! Silva Estrada
se incorpora, muy merecidamente, a una lista tan sólo integrada
por grandes voces de la poesía contemporánea: Giuseppe Ungaretti,
Saint-John Perse, Jorge Guillén, Octavio Paz, Gyula Illyés, Yannis
Ritsos, Vladimir Holan, Miguel Torga, Zbigniew Herbert, Antonio
Ramos Rosa, André Dubouchet, Roberto Juarroz, John Ashbery, entre
otros. Afredo Silva Estrada es el decimonoveno laureado de este
premio y el único venezolano que lo ha recibido. "Otorgado a un
poeta vivo —reza el veredicto— este Premio está destinado a coronar
una obra cuyas cualidades intrínsecas y la influencia que ejerce
o está llamada a ejercer sobre la poesía internacional, constituyen
elementos de apreciación que retuvieron la atención del jurado.
Nacido en 1933, Alfredo Silva Estrada se da a conocer muy temprano
como un poeta de alta exigencia intelectual y moral. Su obra lírica
profundiza en la realidad de lo cotidiano, dando sentido, a la
vez, a nuestros gestos y a nuestras palabras. Esta obra abarca
un importante conjunto de poemarios que han sido traducidos a
varias lenguas. Silva Estrada es también ensayista y traductor
de reconocida reputación. Ha dado a conocer en lengua española
a renombrados poetas de lengua francesa. Por lo demás, debemos
a las notables traducciones de Fernand Verhesen el conocimiento
en lengua francesa de la obra de Silva Estrada (…) Gracias a estas
traducciones la poesía de Silva Estrada ha sido conocida por varios
editores en Francia y otros países".
Jacqueline Goldberg:
La vida, con los años ¿se ha vuelto
más sencilla o más difícil para usted?
Alfredo Silva Estrada: La
poesía no facilita nada. La poesía enriquece y atormenta a la
vez, es una perenne indagación. Lo que va cambiando es la vida.
La verdad es que no sabría decir si con el tiempo la vida se me
ha dificultado. En todo caso, se ha hecho cada vez más intensa.
En mi poesía, aunque siempre hay una entonación semejante de poema
a poema, hay cambios, y ese mundo en permanente transformación
que propone el poema, aunque no me satisface, es al que respondo.
JG:
¿Cuándo y por qué decidió hacer una
carrera como poeta?
ASE Nunca he sentido
el hacer poético como una carrera. Me da miedo la palabra. Creo
en la poesía como oficio, como existencia. Yo empecé a escribir
desde muy joven con hambre de indagación, de disfrutar el mundo
que me rodea. Y eso sigue siendo así, de cierta forma. Creo que
a lo largo de mi escritura siempre ha habido esa búsqueda de lo
desconocido. Pienso, con Reverdy, que en poesía nada vale ser
dicho sino lo indecible. Y eso indecible se nutre de lo decible,
se matiza. Pero uno siempre busca lo que no se puede formular
fácilmente.
JG:
¿Cuándo comenzó a pensar con
seriedad en la opción de publicar?
ASE: Yo había escrito
mucho antes de publicar mi primer libro, De la casa arraigada,
en 1953. Ese libro lo comencé en Roma, estremecido por los rastros
que perduraban de la Segunda Guerra Mundial. A ese estremecimiento
se unió la lectura de las Iluminaciones de Rimbaud, que
bien recuerdo haber leído por primera vez en una edición bilingüe,
sentado en una placita. De allí partió también mi gusto por la
traducción. En ese momento no tenía la inquietud de publicar.
Yo estaba trabajando en silencio hasta que llegué al final de
esa primera experiencia y amigos cercanos me animaron. Yo nunca
he sido un poeta libresco, que ambiciona tener muchos libros publicados.
He ido publicando, y mucho, pero mi inquietud continua ha sido
volver al poema, exigirle cosas a la palabra.
JG:
¿Existe una edad en la cual el
poeta alcanza la plenitud de sus facultades?
ASE: En mi caso no
creo que haya llegado a una plenitud absoluta. Uno puede llegar
a momentos de plenitud, a estados de plenitud, pero uno está a
menudo en una situación precaria, de abandono, de soledad.
JG:
¿Es un solitario…?
ASE: No, no puedo
decir que lo soy, de ninguna manera. Tengo mucha gente a mi alrededor.
Pero en el quehacer poético hay, indudablemente, una buena dosis
de soledad. Y no es que uno se regodee en esa soledad, sino que
la soledad viene a buscarlo a uno.
JG:
¿Ha sentido miedo a dejar de
escribir?
ASE: Ha sido un miedo
intermitente. Cuando me ocurre trato de serenarme pensando que
nadie espera mi poema. Puedo pasar por etapas de gran aridez,
de impotencia de decir cuando acabo de decir algo. Pero en medio
de esa sequía puede surgir un poema. Este texto, llamado "Aridez",
del libro Al través, lo escribí precisamente en uno de
esos instantes: "Es el momento dilatado de aridez / Son los
días de extrema sequedad bajo la lluvia torpe / ¡Qué escándalo
de puertas! / ¡Cuánto deslumbramiento de salidas falsas / Bajo
los pies relumbran arenas negras / y el pavimento se desliza sin
regreso / Esperamos de nuevo / con un cúmulo de días atropellados
sobre el pecho".
JG:
¿Qué puede decir acerca de la
génesis de un poema?
ASE: Ese momento está
cargado de imponderables. Más que un instante son todos los instantes.
En ese surgir uno no puede determinar nada, uno está en el asombro.
Es la entrega de identificarse con el poema e identificar el poema
con la interioridad de uno. Porque uno no es un ego.
JG:
¿Cuál ha sido el mayor elogio
que ha recibido como poeta?
ASE: No quiero parecer
petulante, pero desde mis comienzos he recibido muchos, tantos
que si los enumero de seguro sería injusto con quienes se han
ocupado mucho o poquito de mí. Recuerdo que Robert Ganzó dijo
de mi primer poemario que yo había desbloqueado el lenguaje. Eso
me pareció muy bello. Luego, Enriqueta Arvelo Larriva, que me
influyó mucho más de lo que los lectores han visto, dijo de mi
libro Traspaso que yo estaba creando una obra que, sin
salirse de la poesía, podría llamarse científica. Eso también
me pareció hermoso, era un gran elogio, me estaba dando un rango
que yo no pensé tener jamás.
JG:
¿Cuál ha sido el comentario más
decepcionante que le han hecho?
ASE: Hasta ahora no
lo ha habido…
JG:
¿Se gana o pierde en la traducción?
ASE: Bueno, yo no
gano nada. Yo espero que gane el lector. Y que yo no haya estropeado
al poeta, vivo o muerto. André Chedid dice que la poesía es el
lago de su segunda sed y yo diría, junto a ella, que la traducción
es el agua de mi tercera sed. Trato de ser muy exigente con el
poeta que traduzco.
JG:
¿Cómo se siente al ver su propio
trabajo traducido?
ASE: Yo he tenido
muy buenos traductores, como Verhesen. Mis traducciones han sido
muy dialogadas y en ellas no ha cabido el equívoco, la infidelidad.
De todas maneras, esas son experiencias excepcionales porque son
poetas que para mí son muy cercanos.
JG:
Alguna vez dijo que el Premio
Nacional de Literatura le llegaba a tiempo. ¿También el Premio
de la Bienal de Lieja?
ASE: Un premio siempre
llega a tiempo cuando está bien dado y cuando ha sido otorgado
con respeto y cariño. En 1998 no esperaba el Premio Nacional,
como tampoco ahora éste.
JG:
¿Qué significa este galardón?
ASE: Para mí, que
he estado tan cerca de las bienales de Lieja y que he sido hasta
jurado en algunas de ellas, este premio es un símbolo de la fraternidad
universal de la poesía, por la amplitud del premio, su seriedad.
Además está dado por un jurado internacional que valoró la totalidad
de una obra.
JG:
La poesía venezolana difícilmente
traspasa las fronteras del país, eso parece asunto de privilegiados.
ASE: Lo sé, pero el
mío es un privilegio que no busqué, sino que se me dio muy naturalmente
por encuentros muy fraternos con poetas que han apreciado mi obra.
A menudo estuve cerca de ellos y ellos estuvieron cerca de mí.
Entonces no se puede decir que yo planifiqué ser un poeta internacional
ni ganarme un premio. Eso no, Dios me libre.
JG:
¿Qué ha cambiado con ese premio?
ASE: En mi vida nada,
salvo la alegría que sigo compartiendo con los amigos.
JG:
¿Qué se siente estar en una encumbrada
lista de poetas ganadores en Lieja?
ASE: ¡Ay, yo me siento
en buena compañía…!
JG:
¿La trascendencia es una aspiración
o un resultado?
ASE: No sé si uno,
como poeta, busca trascender. La poesía sí que es trascendente
por sí misma.
JG:
¿Hacia dónde camina en este momento
su poesía?
ASE: Eso quisiera
saber yo…
JG:
¿Qué le toca hacer a un poeta
frente al mundo en crisis de hoy, frente a la guerra, el terrorismo?
ASE: Nos toca sufrir.
Y también desear que el sufrimiento de los otros sea menor, lo
cual es muy difícil: esta es una época muy difícil. Uno vive en
vilo frente al televisor para ver qué está sucediendo y para ver
cómo, irremediablemente, se agravan las cosas.
Jacqueline Goldberg. Poeta y Periodista
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