RESEÑA

Diamela Eltit, a partir del cuerpo y sus diferencias

Se le identifica como una de las narradoras más significativas de la literatura latinoamericana contemporánea, dice Leya Olmos de Diamela Eltit, escritora chilena, traducida al inglés y al francés, que "desde sus primeras novelas inaugura un discurso de ruptura", apoyada en las metáforas del cuerpo. Metáforas que recorren su más reciente novela El cuarto mundo, editada por la Biblioteca Ayacucho, y que será presentada —con la asistencia de la autora— el próximo viernes 16 en la librería Monte Avila del Teatro Teresa Carreño

 

Aún poco conocida en Venezuela, Diamela Eltit es una de las narradoras más significativas de la literatura latinoamericana contemporánea y, sin duda, la escritora chilena de su generación de mayor proyección no sólo en América Latina sino en el mundo entero, ya que varias de sus obras cuentan con traducciones al inglés y al francés. La aparición de El cuarto mundo en la Colección Futuro de Biblioteca Ayacucho, viene a confirmar los dones de su escritura, que ha sabido moverse con destreza por ámbitos de lo que se ha venido llamando "literaturas menores": la fragmentación del discurso, la dislocación de situaciones, el trabajo alrededor del cuerpo como imagen de la psique y como extensión y habitáculo de los grandes discursos, llámense política, ideología, historia. La agudeza con la que trabaja todos estos elementos han hecho que su obra se convierta en un punto de referencia de la nueva narrativa latinoamericana y cuenta ya con un conjunto de libros entre los que podemos señalar: Lumpérica, Por la patria, Vaca sagrada, Los vigilantes, El padre mío, El infarto del alma y Los trabajadores de la muerte.

Fundadora del grupo Colectivo de Acciones de Arte (CADA) junto al poeta Raúl Zurita y a la artista visual Lotty Rosenfeld, desde sus primeras novelas inaugura un discurso de ruptura afincado en el poder metafórico del lenguaje que le ha permitido una exploración fenomenológica a partir del cuerpo y sus diferencias. Así, en Lumpérica (reunión en un mismo espacio de América y lumpen) se cuenta la historia de una mujer en la Plaza Pública en el transcurso de una noche, y esta narración da cabida a una reflexión sobre la mujer pero desmarcada de los clichés convencionales del feminismo. Allí están presentes la marginalidad, el desvarío, las relaciones con el otro en la vida contemporánea. Se ha visto su obra también como un diálogo con los discursos del poder, pero lo más interesante es que éste se manifiesta no desde un afuera racional sino en los pliegues, en los intersticios de la subjetividad. La dictadura, entonces, se refleja no sólo en el espacio del afuera, sino en la propia manera como cada quien internaliza el poder y, de alguna manera, habla a través de él. Así lo expresa la propia Diamela Eltit en una entrevista con María Moreno aparecida en Página 12: "Por un lado, cuando tú vives bajo dictadura hay un grado de contaminación muy alto. Porque se tiende a simplificar la dictadura en la cuestión militar cuando en verdad hay una gran relación entre ésta y el mundo civil. Hubo una cantidad de ciudadanía muy alta —por lo menos en Chile era así— proclive al golpe y a su proyecto, entonces tú vivías en un espacio bastante indeterminado, donde no sabías realmente bien quiénes eran los que estaban a tu alrededor. Entre tus vecinos, en el trabajo, en el espacio social, no te dabas cuenta de con quién estabas hablando, entonces el lenguaje estaba muy afectado, porque primero tenías que buscar un habla que no habla y leer no necesariamente las palabras sino otros espacios como la ropa, los gestos, la mirada para darte cuenta de a quién tenías delante. Y ese era un esfuerzo inédito. Ibas definiendo sobre los cuerpos finamente quién era tu interlocutor. ¿Un fascista, un indiferente, un cómplice? Yo trabajé con gente que sólo muchos años después supe quién era. Además estaban los lenguajes escritos: en los pocos medios que circulaban, aprendías a buscar las sílabas, ni siquiera las palabras, para saber qué estaba pasando. Y, por otra parte, había una censura loca que censuraba con blanco. Leías, por ejemplo: ‘Dijo la señora tal, blanco…’. Podía decirse que el blanco daba espacio, el blanco sí hablaba".

El cuarto mundo, que acaba de publicar Biblioteca Ayacucho y que presentará el día viernes 16 en la librería Monte Avila del Teatro Teresa Carreño con asistencia de la autora, la consolida ya como una de las voces más interesantes de nuestra narrativa latinoamericana. Dos mellizos, desde el útero materno, construyen una historia que es reflejo de deseos, obsesiones, desmembraciones que en buena parte son también las de nuestra historia. El cuarto mundo, como lo expresa la contraportada del libro es ya "un clásico de la actual literatura hispanoamericana".

 

Leya Olmos. Promotora de proyectos culturales



 
Nº6 Año V
Caracas, sabado10 de noviembre de 2001
 
 
El escenario de un mito

Leda en las colinas de Vinci

(Alejandro Oliveros)
 
 
Reseña

Diamela Eltit, a partir del cuerpo y sus diferencias

(Leya Olmos)
 
 
Creación
Retorna a lo más íngrimo de la palabra

Sánchez Peláez, reincidente en el enigma de lo real

(Poemas)
 
 
Artes Visuales
Eduardo Chillida, desafiante frente al mar

El sueño bajo el yunque y el viento que se peina

(María Ramírez Ribes)
 
 
Reflexión
Manhattan, 11 de septiembre

Dilemas del mal radical

(Lorenzo Dávalos)




Se las extraña…

(Marta López-Luaces)