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Aún poco conocida
en Venezuela, Diamela Eltit es una de las narradoras más
significativas de la literatura latinoamericana contemporánea y,
sin duda, la escritora chilena de su generación de mayor proyección
no sólo en América Latina sino en el mundo entero, ya que varias
de sus obras cuentan con traducciones al inglés y al francés. La
aparición de El cuarto mundo en la Colección Futuro de Biblioteca
Ayacucho, viene a confirmar los dones de su escritura, que ha sabido
moverse con destreza por ámbitos de lo que se ha venido llamando
"literaturas menores": la fragmentación del discurso, la dislocación
de situaciones, el trabajo alrededor del cuerpo como imagen de la
psique y como extensión y habitáculo de los grandes discursos, llámense
política, ideología, historia. La agudeza con la que trabaja todos
estos elementos han hecho que su obra se convierta en un punto de
referencia de la nueva narrativa latinoamericana y cuenta ya con
un conjunto de libros entre los que podemos señalar: Lumpérica,
Por la patria, Vaca sagrada, Los vigilantes, El padre mío, El infarto
del alma y Los trabajadores de la muerte.
Fundadora del grupo Colectivo de Acciones de Arte (CADA) junto al
poeta Raúl Zurita y a la artista visual Lotty Rosenfeld,
desde sus primeras novelas inaugura un discurso de ruptura afincado
en el poder metafórico del lenguaje que le ha permitido una exploración
fenomenológica a partir del cuerpo y sus diferencias. Así, en Lumpérica
(reunión en un mismo espacio de América y lumpen) se cuenta la historia
de una mujer en la Plaza Pública en el transcurso de una noche,
y esta narración da cabida a una reflexión sobre la mujer pero desmarcada
de los clichés convencionales del feminismo. Allí están presentes
la marginalidad, el desvarío, las relaciones con el otro en la vida
contemporánea. Se ha visto su obra también como un diálogo con los
discursos del poder, pero lo más interesante es que éste se manifiesta
no desde un afuera racional sino en los pliegues, en los intersticios
de la subjetividad. La dictadura, entonces, se refleja no sólo en
el espacio del afuera, sino en la propia manera como cada quien
internaliza el poder y, de alguna manera, habla a través de él.
Así lo expresa la propia Diamela Eltit en una entrevista
con María Moreno aparecida en Página 12: "Por un lado, cuando
tú vives bajo dictadura hay un grado de contaminación muy alto.
Porque se tiende a simplificar la dictadura en la cuestión militar
cuando en verdad hay una gran relación entre ésta y el mundo civil.
Hubo una cantidad de ciudadanía muy alta —por lo menos en Chile
era así— proclive al golpe y a su proyecto, entonces tú vivías en
un espacio bastante indeterminado, donde no sabías realmente bien
quiénes eran los que estaban a tu alrededor. Entre tus vecinos,
en el trabajo, en el espacio social, no te dabas cuenta de con quién
estabas hablando, entonces el lenguaje estaba muy afectado, porque
primero tenías que buscar un habla que no habla y leer no necesariamente
las palabras sino otros espacios como la ropa, los gestos, la mirada
para darte cuenta de a quién tenías delante. Y ese era un esfuerzo
inédito. Ibas definiendo sobre los cuerpos finamente quién era tu
interlocutor. ¿Un fascista, un indiferente, un cómplice? Yo trabajé
con gente que sólo muchos años después supe quién era. Además estaban
los lenguajes escritos: en los pocos medios que circulaban, aprendías
a buscar las sílabas, ni siquiera las palabras, para saber qué estaba
pasando. Y, por otra parte, había una censura loca que censuraba
con blanco. Leías, por ejemplo: ‘Dijo la señora tal, blanco…’. Podía
decirse que el blanco daba espacio, el blanco sí hablaba".
El cuarto mundo, que acaba de publicar Biblioteca Ayacucho
y que presentará el día viernes 16 en la librería Monte Avila del
Teatro Teresa Carreño con asistencia de la autora, la consolida
ya como una de las voces más interesantes de nuestra narrativa latinoamericana.
Dos mellizos, desde el útero materno, construyen una historia que
es reflejo de deseos, obsesiones, desmembraciones que en buena parte
son también las de nuestra historia. El cuarto mundo, como
lo expresa la contraportada del libro es ya "un clásico de la actual
literatura hispanoamericana".
Leya
Olmos. Promotora de proyectos culturales
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