CREACIÓN
Antonio
Trujillo vislumbra lo alto del poema
unos
árboles después
Después
de algún arbusto redondeado
por el canto del mirlo y como si él, Antonio Trujillo nacido
en una familia de noble escudo tallado en cedro y al abrigo de imposturas,
ignorase su misión, después de esa imagen se abren
claros en el bosque de la poesía venezolana actual y se vislumbra
el universo. Ahora, luego de los tres títulos que ha labrado,
Vientre de árboles, entre otros, despliega aquí nuevos
poemas desde
lo que se divisa aquel tiempo // cuando Dios era más
alto / que esos bucares

Foto Esso Alvarez
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Abanar
Vivía pendiente
de un invierno
y abanaba el fuego
con una estampa
de los Reyes de España
poco le importaba
cuando lo rojo ya era
una corona de cenizas
sobre las caras reales
nunca se detuvo
ante el reclamo:
¡abuela, estás quemando
a los reyes!
y ella respondía:
para algo tienen que servir
***
Al mirlo
de esta hondonada
le tumbaron su país
un pomarroso
redondo en la espuma
ahora habla
extranjero
unos árboles después.
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Cabimas
Por esos campos el sol
es el árbol más crecido
y más allá de la brasa
que nombramos
Cabimas es mi padre
de setenta y tantos años
esperando a Cheché
el padre de su mujer
Cheché viene de un desierto
Y nunca hace ruido cuando habla
se ven por estos meses
y preguntan por la lluvia
¿Llovió por allá?, y la respuesta
es otro calor ¡cayó algo!
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Taller
literario
En esta niebla
de las palabras
debes andar
en grupos de a uno
ellas viven
en un paraje extraño
y por nada del mundo
has de confiar en las nubes
ni en los hombres
en esta niebla
del verbo
pocos
dicen la verdad
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Comuneros
Somos de aquel tiempo
cuando Dios era más alto
que esos bucares
y el nazareno
desde el martes
en la semana mayor
trabajaba con nosotros
en el corte de la yerba
guardando los animales
y juntando la leña
el jueves y el viernes santo
imposible mover una espiga
el sábado era cantar el aleluya
y en la luz de las ramas
se vencía a la muerte
sin dejar de pensar
que alguien no pueda morir
bañando unos caballos
o mirando unas aves
cualquier cosa ocurre
en la muerte de abajo
hablamos de la otra muerte
la que nunca llega
pues para ella no tenemos cuerpo
somos de la niebla y Dios lo sabe
de allí que nuestras vidas
sean tan relucientes.
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