TRIBUTO

Miyó Vestrini, a diez años

Exhausta de estar despierta

La poesía de Miyó Vestrini, que podrá escucharse
en la voz de Maritza Jiménez el próximo jueves 22, a las 6 pm, en la Librería Monte Avila, para conmemorar el décimo aniversario de su muerte, configura una obra que la coloca “entre las voces incuestionables de Venezuela”, a juicio de Claudia Schvartz, confesa interesada en la experiencia creadora, “casi explosiva”, de Vestrini

 

Gritos al corazón

Miyó Vestrini nació en Francia en 1938 como Marie-Jose Fauvelles y emigró siendo niña a Venezuela, con su madre, el segundo marido de ésta, el escultor italiano Vestrini, y su hermana mayor.
   El desgarro entre la cultura latinoamericana y la francesa aparece en su obra de la mano siempre de la ríspida voz materna, cuya idiosincrasia “Marie Claire” pronto se transforma en lo más repudiado por la joven escritora.
Desde muy joven se dedicó al periodismo cultural, y en los años sesenta formó parte del grupo Apocalipsis de Maracaibo, el Techo de la Ballena y la República del Este, entre otros. Dirigió la página de arte del diario El Nacional y también la revista Criticarte. Mereció en dos oportunidades el Premio de Periodismo (1967 y 1979). Más tarde trabajó como guionista en la fuerte industria televisiva de Venezuela.
   Era una magistral entrevistadora. Bajo esa modalidad escribió un libro sobre el fecundo escritor Salvador Garmendia, uno de sus más próximos y viejos amigos. Salvador Garmendia, pasillo de por medio (1994) es al mismo tiempo una suerte de compleja autobiografía que editó póstumamente Grijalbo.
   Publicó también Las historias de Giovanna (1971), El invierno próximo (1975) y Pocas virtudes (1986), tres poemarios que la colocaron entre las voces incuestionables de Venezuela.
   Al suicidarse en 1991, dejó inéditos dos libros, Valiente ciudadano (poesía) y Ordenes al corazón (cuentos cuya segunda edición acaba de publicar Blanca Pantin Editora). Ambos libros expresan en dos registros formales distintos las mismas dolorosas vivencias.
   Fue una mujer intensa y directa, y así es su poesía, una experiencia tensa y casi explosiva.
   Si su poética tiene un importante sesgo narrativo, su prosa es densa y magnífica, se mueve en varios niveles conflictivos, y su clave, polifónica, hay que buscarla en la poesía. De manera que ambos géneros se bordean o, como espejos, reflejan el mismo carácter despojado y agreste, la misma lúcida y audaz escritura, la misma biografía cargada de dolor, dolor que la autora aborda con, a veces, ríspida ironía. “Lenguaje directo, descarnado, alejado con intención de toda metáfora: economía de palabras que muchas veces puede proporcionarle al texto una gran dosis de cinismo”, afirma Silda Cordiolani, al prologar sus cuentos.

 


Zanahoria rallada


El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me despacharon furiosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio donde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.

De: Miyó Vestrini / Valiente ciudadano, 1994

 

Claudia Schvartz. Poeta argentina.



 



 
No.7 Año V
Caracas, sábado17 de noviembre de 2001
 
 
A propósito de la IX edición de la Semana Internacional de la Poesía

Para no adular a Juan Sánchez Peláez

(Ana Nuño)
 
 
“El cuarto mundo” de Diamela Eltit

Una fábula
sobre el poder
y la protección
de los sentidos


(Graciela Montaldo)
 
 
Creación
Antonio Trujillo vislumbra lo alto del poema


“…unos árboles después”


(Poemas)
 
 
Fotografía
De Sánchez Peláez a la cámara

No hay sino instantes 

(
Juan Carlos Palenzuela)
 
 
Tributo
Miyó Vestrini, a diez años

Exhausta
de estar despierta
 


(Claudia Schvartz)


 

Vocación
Ana Teresa Torres

La protagonista
descarriada
por el deseo


(Entrevista: Milagros Socorro)