ANTE
LA REEDICION DE "ELENA Y LOS ELEMENTOS", "EL REINO"
Y "LOS CUADERNOS DEL DESTIERRO
Juan
Sánchez Peláez, Ramón Palomares
y Rafael Cadenas desandan la poesía
Es de presumir que para regresar hasta el primero
de sus libros en ver publicado, Juan Sánchez Peláez (Altagracia
de Orituco, 1922), Ramón Palomares (Escuque, 1935) y Rafael Cadenas
(Barquisimeto, 1930) tuvieron que desandar la poesía, volver sobre
sus pasos, hasta desposeerse y no obstante seguir siendo los mismos.
Hombres cuyas biografías coinciden en un maridaje con el lenguaje
que les depara palpar el estremecimiento de estar. Hombres que coinciden
en ir detrás de un mismo país —Venezuela—, para atisbar una imagen
inédita, en lo posible, de lo que crispa y maravilla en el inasible
horizonte. Hombres que Monte Avila Editores hace coincidir al reasumir
la reedición de —como arriba se ha indicado— el primero de sus libros:"Elena
y los elementos" (1951), obra con la que Sánchez Peláez entró
en el desvelo, "El reino" (1958) al que desea acceder
y por el que se exalta Palomares, y "Los cuadernos del destierro"
(1959) en los que aún toma notas Rafael Cadenas. Dichos títulos,
estimados como puntos cardinales del quehacer poético nacional,
serán más que presentados, celebrados, el próximo jueves 29, en
los espacios de la Librería Monte Avila, como parte de las iniciativas
tomadas alrededor del conferimiento del título de Doctor Honoris
Causa con el que fueran honrados por parte de la Universidad de
Los Andes, en el marco de la V Bienal Mariano Picón-Salas. Diríase
también que estos tres poetas comparten lo que la filósofa española
María Zambrano llama “acompañamiento desconocido”, un acompañamiento
que deja la soledad del ser intacta “y a todo él como en estado
naciente”. De esa intacta soledad se escuchan ecos en los poemas
que de seguido son reproducidos para hacer posible reincidir en
la experiencia que depara leerlos. Sánchez Peláez hace su «Aparición»
“bajo un gran suburbio de palmeras”, en medio de “un jardín en ruinas”
al que lo condujo “la joven pálida”, cuando “ha regresado la hora
silenciosa”. Palomares da con las «Máscaras” y da una voz de alerta:
“Nuestro corazón está prestado a otros personajes, / murmuramos
un sueño y nuestros labios no son responsables, / somos bellos o
nobles según la circunstancia”. A esta hora, Rafael Cadenas ha hecho
ya “relación de pérdidas y ganancias” y se le escucha pedir: “Cabra
unicorne de mis sentidos, condúceme al lugar de los ayuntamientos
sagrados”
Juan
Sánchez Peláez, Ramón Palomares y Rafael Cadenas
con la palabra hacen mermar la sombra del desamparo humano
FOTO: Enrique Hernández D'Jesús y Rafael Salvatore
Aparición
Aclimata
el carruaje dichoso de tus senos, la tierra de mis
////////// primeras voces,
sus heridas abiertas, sus flagelados gavilanes en la
////////// intemperie nevada.
Una mujer
llamada Blanca manipula la jaula escarlata del
////////// misterio.
Sobrepasa el límite, una oscura potencia. ¿Grita, imagina,
siente?
Teje una cáscara densa de brisa matinal, alivia piedras
////////// decrépitas.
La joven
pálida me conduce a un jardín en ruinas.
La veo desnuda, bajo un gran suburbio de palmeras,
exportando el oro del crepúsculo hacia un milagroso país.
Ha regresado
la hora silenciosa.
Me circundan las pesadas bahías de tus ojos.
Tú tienes
que diseminarte, cuerpo y alma,
en la heredad meliflua de las rosas.
A mi lado
pasan lavanderas con sus blancas túnicas, con sus
////////// cofias de inocencia
y las manos entregadas a un rito.
De: Juan
Sánchez Peláez / "Elena y los elementos"
Máscaras
He
aquí que existimos en el límite de la mentira
que nuestra vida es impalpable
que estas personas representadas pertenecen
a un dueño de otro orden.
Cumplimos cabalmente en escena
ante el gran público. Así recreamos bajo los astros
y acudimos a una cita en los vientos
saliendo al paso de nuestras fiestas.
Nuestro corazón está prestado a otros personajes,
murmuramos un sueño y nuestros labios no son responsables,
somos bellos o nobles según la circunstancia.
Nos asalta un delirio azaroso
y caemos en los escenarios bajo una voluntad extraña.
Y no tenemos vida,
pues andamos sobre ruedas en un país desconocido
cuyas flores nos interesan de manera frívola
y cuyas mujeres nos aman en alcobas de falsedad.
Producimos un fuego y su corazón azul
crepita con más fuerza que el nuestro
en tanto arden los leños a la manera de sangre.
Nos permitimos ser extraños. Falsos.
Llevar una emoción no sincera.
Mientras andamos, desterrados de nuestro cuerpo
en un interminable paseo.
De: Ramón
Palomares / "El reino"
***
Hecha
ya relación de pérdidas y ganancias y horriblemente
asordado por el tumulto, con hesitaciones novicias remonto
el alfabeto hasta la letra que muere entre pánicos
adolescentes, cachorro de tigre estremecido por truenos.
¡Oh danzas de los cuerpos en el encendimiento final!
Persiguiendo mis estribaciones elementales en el helor del
desamparo encontraré el cielo sin mirada.
Cabra
unicorne de mis sentidos, condúceme al lugar de los
ayuntamientos sagrados.
Los paraísos
que soñé están en algún recodo de la Vía
Láctea.
Después
de accesorias sustituciones que proclamaban
mi pericia, de inútiles sucedáneos que ceñían aún más
la soga, de inseguras suplantaciones, volví a la esfinge
nevada.
Ahora,
acompañado del pecado original y otros, levitando
entre fechas descarnadamente infeliz, levitando entre
mediodías sin peso, levitando entre melodías comunes o
infrecuentes, vivo en la dulzura de sus labios.
De: Rafael
Cadenas / "Los cuadernos del destierro"
N
8 Año V Caracas, sábado 24 de noviembre de 2001
Rafael
Cadenas, turbado, agradece a la Casa de la Poesía