INTERROGAR A LA POESÍA

Luis Muñoz, vocación de presente

"Mi poesía lo que tiene más es vocación de presente. Lo que procuro con mis poemas es que contengan las imágenes de mi tiempo, con las inquietudes de mi tiempo, con los conflictos de mi tiempo y con las soluciones afectivas de mi tiempo", avanza el escritor granadino, Luis Muñoz, reconocido tempranamente con importantes galardones, como el Premio Internacional de Poesía Generación del 27, y quien participara en la recién celebrada IX Edición de la Semana de la Poesía


Luis Muñoz: "Somos memoria, pero también somos olvido"
Foto Félix Gerardi

 

Luis Muñoz retrata "la poesía de su tiempo" en cada verso. Esas fotografías de la realidad actual son el resultado de una experiencia personal. Con tan sólo 35 años de edad, el poeta granadino ha publicado Calle del mar (1987), Septiembre (1991), Manzanas amarillas (1995), El apetito (1998) y Correspondencias, libro con el que obtuvo el Premio Internacional de Poesía Generación del 27 y el Premio Ojo Crítico. El escritor que ha dedicado parte de su tiempo a traducir obras de escritores, recientemente El cuaderno del viejo de Giuseppe Ungaretti, encuentra una reciprocidad entre la traducción y la creación propia: "traducir es una manera de leer; no he leído mejor a ningún poeta que a los que he traducido".

—¿Cuál fue el estímulo que recibió para convertirse en poeta?

—Creo que todo el mundo escribe porque ha leído, el primer estímulo para escribir es leer. Yo leí cuando era muy niño algunos poetas españoles que me conmovieron y me impresionaron mucho, como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, pero sobre todo Juan Ramón Jiménez. Al leer esos poemas tan extraordinarios, y ver el reflejo, por medio de las palabras, de una sensibilidad muy bien definida, muy bien delimitada como la de Juan Ramón Jiménez, y que tenía que ver conmigo, quizás yo podía intentar escribir poemas parecidos a los de él, poemas que imitaran a los de Juan Ramón Jiménez. Luego, como ocurre a todos los escritores, la sucesivas lecturas te van dando más pistas de cuál puede ser tu voz, de cuál puede ser tu camino y de qué tipo de cosas puedes aportar a la tradición de la poesía.

—¿Cuál ha sido el aporte de Luis Muñoz a la poesía?

—Yo creo que la poesía es una forma de mirar la realidad, y lo que un poeta ofrece al lector es una mirada particular sobre la realidad, es una propuesta que combina elementos de la realidad de los sentidos, de los sentimientos y de la ideas. La tarea, la responsabilidad de un poeta es ofrecer una mirada coherente sobre esos elementos. Una de las diferencias fundamentales entre la poesía y la filosofía, por ejemplo, es el conflicto y la solución, y, sin embargo, la poesía sólo presenta los conflictos y las contradicciones, las distintas maneras de ver el mundo. Lo que procuro hacer es proponer al lector mirar la realidad de una manera determinada, a través de los sentidos.

—¿La realidad actual es un tema recurrente en sus poemas, o más bien intenta retratar su propia vida?

—Mi poesía lo que tiene más es vocación de presente. Lo que procuro con mis poemas es que contengan las imágenes de mi tiempo, con las inquietudes de mi tiempo, con los conflictos de mi tiempo, con las soluciones afectivas de mi tiempo, y que además estén escritos con el lenguaje poético de mi tiempo, que es un lenguaje hecho con la propia lógica interna que la literatura lleva en su movimiento y con el lenguaje que hablamos todos. Yo quiero que mi poesía sea la poesía de mi tiempo, que viva en el presente y que sea leída como presente. Desde luego, hay algo de mi vida, pero la vida de uno es muchas cosas además de lo que uno vive. Hay muchas maneras de vivir tu propia vida: puedes vivir por medio de la literatura, por medio de historias de otros, de historias que te cuentan o que te afectan. La literatura es una manera de vivir otras vidas, de vivir la tuya, de un modo más intenso y más claro, pero también de vivir otra, en donde está la paradoja de que al vivir otra estás viviendo la tuya, porque la de uno es una composición de vidas posibles.

—Cuando obtuvo el Premio Internacional de Poesía Generación del 27 el jurado destacó que su libro Correspondencias frecuentaba una línea "poco usual" de la poesía española. ¿Podría definir esa línea "poco usual"?

—Eso habría que preguntárselo a ellos, que lo dijeron. Lo que sí puedo decir es que para mí es muy importante la sorpresa. No existe poesía sin sorpresa, sin ese zarpazo que te coge desprevenido. Yo procuro que mis poemas le lancen al lector ese tipo de zarpazo de sorpresa que me lanzan lo poemas que prefiero leer. Y quizás el jurado se refería a eso, a ese elemento sorprendente. Se trata de no saber lo que te espera al doblar la esquina de un verso.

—Aludiendo a un poema de su libro Correspondencias, ¿Luis Muñoz es "sencillo y complicado"?

—Bueno, sí, eso está muy bien visto, porque es verdad que todas las cosas sencillas son a la vez complicadas, todas las cosas importantes son sencillas y complicadas. Que algo sea sencillo puede ser dos cosas: fruto de una visión inmediata de algo o producto de un proceso de depuración, que te vuelve a llevar a los sentidos y a esas pequeñas cosas importantes. Esas pequeñas cosas a la vez son sencillas y complicadas, en el sentido de que pueden tener una lectura inmediata, pero el camino para llegar a ellas y para regresar a ellas es muy complicado. Ese golpe maestro e instantáneo es muy largo, y luego, a la vez, la poesía que prefiero tiene muchas lecturas, que pueden ser sencillas o complejas. Cuando alguien me pregunta cuánto tardo en escribir un poema le contesto que toda mi vida, porque es verdad: cada vez que escribes un poema has tardado toda tu vida en escribirlo.

—El hecho de que "nadie ofrece respuestas convincentes" ¿es un mal de nuestro siglo?

—Sí, yo creo que ese poema —"L’accélération de l’histoire" del libro Correspondencias— alude a que las grandes preguntas siguen sin respuesta, y que las respuestas no las tenemos acá. ¿Por qué? Porque son sencillas y complicadas también. La gran pregunta es imposible contestarla, la gran pregunta de ¿por qué estamos aquí?, una cosa tan sencilla y tan complicada como esa. De los intentos de proponer sistemas de convivencia para el mundo, de los cuales se pueden distinguir los mejores y los peores, no ha surgido una respuesta definitiva, porque no hay una respuesta definitiva para la gran pregunta.

—En el mundo de hoy ¿"la memoria respira como un mundo invisible" o se ve infectada por el virus de la fatalidad?

—Hay esa imagen de la memoria como un mundo invisible, esa idea de una vida paralela a la memoria, y que la memoria tuviera, como creo que tiene, su propia lógica, muchas veces, o casi siempre, ajena a nuestra voluntad. Somos memoria, pero también somos olvido, somos una sucesión de recuerdos, y de olvidos necesarios y de recuerdos necesarios para salir adelante, y creo que un poco la sabiduría debe ser eso, combinar memoria, olvido y felicidad.

—Si "el olvido no es la esponja en la pizarra de las horas; ni oruga en el recuerdo; ni es agua con lejía frotada en la escalera", ¿qué es entonces?

—Es un taller, el olvido es el motor de las cosas. El olvido no es pasivo es activo, no borra completamente las manchas, no es un limpiador muy eficaz. El olvido es como otro lenguaje sobre el de la memoria, que intenta sustituirlo, pero que convive con él.

 

 

Iralis Fragiel / Estudiante-Tesista Comunicación Social