JUAN CARLOS SUÑÉN PIENSA QUE PODRÍA ARRANCARSE
ESA MARCA DE CUAJO
Echar
la hueca palabra
Jean
Cocteau / Cara a Cara
Se ha propuesto el poeta español Juan Carlos Suñén "echar
la hueca palabra al ascua de otra rancia escritura", una escritura
que le encubra en el instante más suyo, el instante cuando se transmuta
en "ese pájaro chino / que sólo entiende su mundo". Mundo que no
quiere sino para encontrar "una casa entre la vida y la muerte".
Allí, en esa encrucijada, se ha dado cita con el lenguaje y se
ha batido, libro a libro, con las imposturas del decir, como
viene a insistir bajo el título, aún inédito, El viaje de todos
Mamá persigue,
es el juego.
Al final del corredor la pared nos detiene.
Se adelanta el instante desde lo asegurado:
llega el abrazo, mimoso.
La mano izquierda sobre su pecho firme, pequeño
bajo un pañuelo de pico.
Su cuello huele a árbol de té. Corre una gota
de sudor hacia el hombro
izquierdo. Se hace oscura
en el halo forzoso del padre; deja dicho
cuerpo ese día en los años
antes de marchitarse.
Tan pequeño,
ya sé que volverá.
La pared huele a hueso,
nunca se ha ido ese olor. ...
A veces pienso que podría arrancarme
esa marca de cuajo, echar la hueca
palabra al ascua de otra rancia escritura:
Paso junto a la piedra, como ese pájaro chino
que sólo entiende su mundo. En otro sueño
vienes a mí tocada únicamente
por una mano de loca.
Las estrellas brillaban como fulanas.
Si se cumpliera tu velo
encontraría una casa entre la vida y la muerte
La sucesión, tu lengua
sin motivo ni dulce. Lo aplacado
tan lejos ya de este techo
tenaz como un reloj.
Tu sacramento que hacía de lo incierto su oro
-en otro sueño. No caigo.
No es dolor. Es la música. No caigo. ...
Le pido al ángel que te traiga aquí a rastras.
Quemo esa vela virgen.
La noche flota fuera
floja como un enfermo.
Las chicharras alisan el reposo, parece
como si hubiera esperanza.
Salgo aunque no sé adonde.
Llevo la boca llena de letanías.
Algún rostro está a punto
de aparecerse en el aire. La nostalgia
trae viva la saliva y el estómago ciego.
Mis manos, perdonadas, preguntan por tu cintura.
La noche tiene ese hueco
...
Hasta el sólido banco de la paciencia los días
pasarán sus arrojos, y sus acatos las noches.
Sobre el último ay caerá el escombro del tiempo
y aún bailarás descalza entre mis huesos pelados.
Juan Carlos Suñén
N
11 Año V
Caracas, sábado
15 de diciembre
de 2001
Al
igual que los neoyorkinos frente al desastre del 11 de septiembre