EDGAR BORGES VA TRAS "AQUILES"

Cuando la vida no era vida


 
"Frente al último acto que le ofrecía la memoria, Javier apretó el gatillo y con un salto fulminante se despidió de lo que siempre sospechó que no era vida". Con esta sentencia se inicia la condena de Aquiles. El último fugitivo de la globalización, el nuevo relato de Edgar Borges (Alfadil, 2001) que integra elementos como el comics, la fotografía y el cine para apuntar contra la globalización del olvido y de la indolencia.

Se habla mucho de la muerte de la literatura, pero no nos preguntamos por qué los propios autores contribuyen, a veces, a esta muerte escribiendo libros absolutamente aburridos, con páginas llenas de hormiguitas en blanco y negro en las que no hay ilustración y, ni siquiera, un refrescamiento temático; es decir, en el cual nos atrevamos a entrar en el mundo que nos rodea, a darnos una vuelta por nuestra cultura inmediata, por nuestras posibles realidades paralelas. En ese sentido, son pocos los escritores venezolanos que se ocupan de trabajar en los temas que sacuden al planeta. Mucho menos aún, se atreven a imaginar un mundo futuro. En el inicio del siglo XXI uno de los temas más debatidos es el referido a la globalización. Aquiles. El último fugitivo de la globalización es una ficción que asume el riesgo de discutir el presente y el futuro de la mundialización del olvido y de la indolencia.

El valor de Aquiles, el libro de Edgar Borges, está en que cometió la hazaña de sacudir el almidonamiento de cierta literatura que sigue como un chicle masticando los mismos temas. "El todo era el reto; las ausencias heredadas, los gemidos desencarnados y los estornudos enfermos ya no le bastaban. El suicidio sería el remedio más urgente para su crisis de inexistencia. Tal vez un disparo serviría como el juez definitivo que pudiera establecer algunas diferencias y contradicciones entre quienes viven sin vida y quienes mueren con muerte" (p. 27).

¿Cuál es la novedad del libro de Edgar Borges en la literatura venezolana? Por un lado, atreverse a ahondar sobre esa realidad que nos va aprisionando cada vez más, esa realidad mediática hasta el punto que podemos llegar a ser una simple visión virtual en una pantalla. Esa realidad que hace que las personas sean cada vez más solitarias y apegadas a una comunicación virtual que sólo les ofrece su monitor.

Borges se atreve a explorar la angustia que sobreviene cuando nuestra unión con la pantalla es definitiva, cuando nos aleja de nuestra madre, de la familia para entregarnos a una madre más posesiva que la natural, como lo es la "Madre Red". "Entonces el varón cerró y abrió los ojos con doliente ternura sin poder evitar que le encandilara la palidez de aquel rostro ausente. Entre ver y descubrir se le fue quebrando su inexistencia. Así resistió un anunciado estornudo y sonrió como si ardieran los labios; luego desvió la mirada y los pasos hacia la segunda habitación, su dormitorio. En cada una de las cuatro blancas paredes reinaba un afiche de The Man Gay; al lado de la cama permanecía encendida una computadora sobre una amplia mesa que alcanzaba para sostener una enorme botella de agua potable. Javier suspiró, quizás por haber encontrado desocupada su máquina. Entonces tomó asiento frente a ella, colocó sus manos sobre el teclado y envió un mensaje: -Mamá, necesito hablar contigo-…" (p. 22).

¿Hasta qué punto Internet no nos está metiendo en universos oscuros y sombríos de ficción y cuál es nuestra relación ante ella? ¿Cuál es el mundo que viviremos cuando no tengamos otro afecto, otra solidaridad, que la de una pantalla que pueda desconectarlo todo cuando le dé la gana? ¿Cómo será cuando, a través de una tecla del computador se pueda borrar nuestra existencia cuando se oprima la tecla adecuada o inadecuada? "En estos tiempos de Internet la calle es el desierto de los fantasmas. Usted decide, haga clic y conéctese a la vida en la comodidad de su hogar. Usted elige, penar o vivir, usted tiene la última palabra en su mano derecha… Mientras el mundo cada segundo se comunica más, usted yace en algún rincón de la ciudad, perdido, desconcertado, sin otra compañía que no sea la suya; enfrentado a usted mismo sin escapatoria posible. ¿Cuánto tiempo más podría resistir incomunicado…?" (pp. 105-106).

Estas son algunas de las angustias planteadas por Edgar Borges en su relato, narración muy mitológica. ¿Acaso Aquiles no tendrá su talón en la "Madre Red", no será el olvido el talón de una humanidad que dejó la memoria en algún perdido archivo del ciberespacio?

En Aquiles. El último fugitivo de la globalización el lector encontrará un libro lleno de sorpresas, de comics, de fotografías y de un extraordinario diseño gráfico.

 

Luis Britto García. Narrador y ensayista

 
N 15 Año V
Caracas, sábado
12 de enero
de 2002
 
 
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Hijo
salvaje de
Armenia

(María Fernanda Palacios)
 
 
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casa sola

(Poema)
 
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(Aquiles Esté)
 
 
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del fulgor


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(Luis Britto García)