Especial
HOMENAJE A JULIO MIRANDA
La muerte, entonces
¿se parece a esto?

(1945- 1998)
Foto: Esso Alvarez
Ocurrió el lunes pasado. A golpe de siete de la noche.
Fue mientras caminaba bajo la lluvia como llegó a presentirlo alguna vez. En Mérida, el único lugar donde podía vivir, respirar, a sus anchas morir. Julio Miranda partió tan ligero de equipaje como siempre lo vimos entre un país y otro, de aventura en aventura, pasión en pasión.
En las palabras encontró la herramienta del único trabajo que ofició sin solemnidad, al contrario con estallante lucidez: la escritura. La poesía, la narrativa, el minicuento,
la crítica y el ensayo literarios y cinematográficos,
la traducción literaria, la actividad editorial que ejerció
al frente de revistas como Solar, Zona Franca,
la colaboración periodística: en todos estos géneros se dijo en alta voz, con espectro de amplia resonancia.
Hoy reunimos a un grupo de sus incondicionales lectores para brindar homenaje al escritor, al amigo, al del discurso ardoroso que, inobjetablemente acudirá a nuestra memoria cargado de esa verdad a la que no le escatimó lugar. "Este es el mundo:/ implacable y perfecto", nos seguirá diciendo desde donde esté, a la par que fuma, tose
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