Creación



ENRIQUE VILORIA ASUME EL DESCAMPADO Y LUEGO ESCRIBE

Mapas del camino inalcanzable


"Leamos, sin prejuicios, la cartografía que el sensible tránsito del poeta ha bosquejado entre 1992 y 2001", sugiere el escritor peruano Alfredo Pérez Alencart cuando aborda Mapas del camino, conjunto de poemas de Enrique Viloria antologados por Joaquín Marta Sosa y con epílogo de la ensayista Carmen Ruiz Barrionuevo. Dicho libro, editado por la Universidad de Salamanca y a ser presentado el 28 de este mes en la Biblioteca Nacional junto con otros dos títulos del autor, conduce a apuntar que la poesía de Viloria desborda silencios y extravíos'






Hacia los relumbres

Enrique Viloria Vera (Caracas, Venezuela, 1950)
sale buscando la senda que conduce a lo sagrado.
Y comienza a caminar hacia los relumbres, hacia
las esencias, hacia el temblor inmenso de las epifanías: "Catedral inaudita / rigurosa / despojada de pompas y solemnidades / flotas en espumas de humildad / elevando tu campanario de alegrías / a un cielo despojado de dudas y nubarrones // Campanario feliz / regocijado / anuncia sólo júbilos y contentos…". El poeta no ignora los límites, los matices, las raíces profundas. Por ello nos dice: "Desde más allá de ellos mismos / llega la mirada / los ojos no son ojos / son identidad profunda…". O también: "Transitamos mutuamente / una cuerda floja / que asumimos en descampado / sin redes, sin certezas / que amortiguaran la caída…". Hay que pegar el ojo a las palabras de Viloria: no es la suya una poesía ampulosa o abiertamente sonora. Su intensidad centrípeta está en la realidad interior de las imágenes que se deslizan desde la cumbre de sus silencios. Más de un crítico apegado a los formalismos y a las promociones poéticas puede desorientarse ante una palabra que enciende otras memorias, "…Letras / como un ejército temeroso / esperando / la batalla final…". Joaquín Marta Sosa ha metido en un caldero la vasta producción poética de Viloria y ahora nos entrega el peso prolongado de sus gozos particulares, la selección antológica que se apuntala en cuatro brasas instaladas en Mapas del camino. Leamos, sin prejuicios, la cartografía que el sensible tránsito del poeta ha bosquejado entre 1992 y 2001. Y que el hondón de los recuerdos nos tornen más próximas las distancias.

Alfredo Pérez Alencart
ESCRITOR Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

 



Escuque

Golpea con manoplas de luz
enceguece amorata
deslumbra desconcierta
sonámbulo desando
albas y crepúsculos
temeroso de que aparezca la noche
para retornar en pesadillas
a páramos y cafetos
donde se oculta un rostro
un linaje desconocido
que llevo colgado
en mi firma


XI

Borrachos de fe
islas e islotes
se acuestan
protegiéndote
del viento iracundo
de la ola sanguinaria
Totalmente yacentes
ebrios de devoción
permanecen en alta mar
anclados
aguardando una ordenación imposible
una imposición de manos
las sagradas órdenes
que tú
catedral de piedra
indiferente a diáconos y presbíteros
carente de obispos consagradores
te niegas a conferir

Megalópolis

Batracia milenaria
gata patas arriba
loba en celo
alimaña insana
desentierras
tus osamentas de misterio
desenredas
tus serpentinas de carnaval prescrito
desempolvas
tu barro artesano de mendicidades
entregas
calles avenidas autopistas
que transformo en confusión
en desencuentro
en extravío
en todo aquello
que más me acerca a la muerte

 

Epílogo y trazos

Han quedado trazados los mapas del camino, como una red demorada y enérgica sus escalas reducidas por ese espacio ceñido de palabra. Allá, en el primer otero, está la frontera de lo urbano, y junto a él, como cualquier alimaña, el maligno batracio milenario, que vigila osamentas derruidas, muerte y desencuentro, y más cerca, los olores prohibidos, pecados originales, el tabú o la santidad, que cobija un lindero de próceres ajenos. Es un ámbito, o más bien, un fragmento de mundo que alberga audacias constructivas, que gravita en una mirada soberana, propia y ajena. Porque la ciudad vive para sí misma, y ejerce su señorío implacable, parecido en tanto al sopor insidioso de la muerte.
Pero pronto el bestiario se despliega y el mapa da entrada a la miniatura, al caballo desbocado, al lagarto que ambiciona, al perro que subyuga, al potro brioso, o al zumbido innominado. Es así como ese espacio se yergue como un altar de retablos infinitos, que recoge personajes escrutadores, que apuestan a la vida en el seno de una catedral inaudita despojada de pompas y solemnidades. Cualquier vibración hace más catedral a la roca que la sostiene, porque el ámbito de lo urbano nos lleva al ámbito más reducido del ser. Por eso es catedral originaria, concebida sin planos, en la que se goza el matrimonio secreto entre el cielo y el infierno. También aquí el bestiario continúa, y el serpentario permanece, pero se transforma, lo habitan serpientes benévolas y generosas, fantasmas reconocibles, rasgos de la imaginación, peces y pájaros que se descuelgan, o un jabalí iracundo, sorpresa del bosque, fiesta de colmillo.
El mapa empieza ahora una casi imposible búsqueda, yo y los otros, yo y el otro; por eso ese yo es el perro guardián de sí mismo, insistente buscador que necesita apropiarse de la luz, protegerse con el lenguaje, y esconderse entre el sustantivo y lo que califica. Galerías interminables en las que el yo se pierde en la mímesis de su propio espejo, para pugnar por seguir siendo, en esos parajes subterráneos, lo que comunica el yo con el mismo yo. Y todo culmina en la invitación a la aventura del cuerpo, cuerpo y templo habitado y gozado, más allá de los labios, más allá de la piel. Para cumplir el mandamiento máximo y absorbente del amor.

Carmen Ruiz Barrionuevo
CATEDRÁTICA DE LITERATURA HISPANOAMERICANA
DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

 


 
 
N 21 Año V
Caracas, sábado
23 de febrero
de 2002
 
 
María Fernanda Palacios rastrea la mitología de Ifigenia, La doncella criolla

Frente al complejo de lo virginal

(Milagros Socorro)
 
 
Creación

Enrique Viloria asume el descampado y luego escribe

Mapas del camino inalcanzable

(Poesía)
 

Fotografía

Tatiana Parcero, Diana de
Solares e
Irene Torrebiarte

Tres miradas frente a la polisemia del cuerpo humano

(Valia Garzón Díaz)
 
 
Ultimo sábado

Los contrafuegos de Pierre Bourdieu

El aguafiestas radical

(Rafael Castillo Zapata
)
 
 
Apuntes

La universalidad del español

(María Ramírez Ribes)
 
 
Libros, Lecturas y Lectores

Ian McEwan y esos delirantes juegos especulares

(José Antonio Parra)